Fallen Gods

CAPITULO #25 PARTE 2: 2 Herederos: Un Mismo Destino

Eirik y Adalsten se adentraban en el bosque con paso constante, dejando atrás el murmullo lejano de Ravnberg hasta quedar envueltos por el silencio propio de la espesura. La nieve cubría el suelo en una capa firme, marcando cada pisada con claridad, obligándolos a moverse con más cuidado de lo habitual.

Adalsten iba al frente, con el arco preparado y la mirada siempre en movimiento. No se limitaba a observar a la distancia; también revisaba el suelo, los arbustos, la disposición de las ramas, cualquier detalle que pudiera delatar el paso reciente de una presa. Su respiración era controlada, y cada movimiento parecía calculado para no romper la armonía del entorno.

Eirik lo seguía unos pasos atrás, adaptándose al ritmo. Su presencia era más pesada, más evidente, pero aun así hacía el esfuerzo por mantenerse en silencio, entendiendo que en ese terreno la fuerza no servía de nada si antes no encontraban a lo que buscaban.

El tiempo pasó sin que ninguno dijera una sola palabra. Solo el crujir leve de la nieve bajo sus botas rompía el silencio de vez en cuando, acompañado por el susurro ocasional del viento entre los árboles.

Fue entonces cuando Adalsten redujo la velocidad ligeramente, inclinando apenas la cabeza, atento a algo que había captado su atención. No se detuvo por completo, pero su postura cambió, volviéndose más tensa, más alerta.

Eirik lo notó de inmediato.

Algo había cambiado.

Y aunque aún no sabía qué era…

también pudo sentirlo

Avanzaron varios metros más entre los árboles, manteniendo el mismo cuidado en cada paso, hasta que finalmente algo rompió la monotonía del terreno. Adalsten se detuvo con firmeza y levantó ligeramente la mano, indicando a Eirik que hiciera lo mismo.

Su mirada descendió hacia la nieve.

Ahí estaban.

Huellas claras, recientes… de jabalí.

Pero no eran normales.

Adalsten se agachó con calma, observándolas de cerca, recorriendo con la mirada la profundidad y la separación entre cada pisada. Su expresión no cambió de inmediato, pero había una ligera tensión en su rostro, casi imperceptible.

Eirik se acercó un poco más, mirando también.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.

Adalsten no respondió de inmediato. Terminó de analizar el rastro antes de incorporarse lentamente.

—Por el tamaño de las huellas… —dijo finalmente— este jabalí no es como los demás.

Hizo una breve pausa, como si midiera sus propias palabras.

—Debe medir al menos cuatro metros de altura.

Eirik frunció el ceño, volviendo a mirar las marcas en la nieve.

—¿Un jabalí de ese tamaño? —dijo, incrédulo—. ¿Cómo se supone que algo así existe?

Adalsten se enderezó por completo, sin perder de vista el rastro que se extendía entre los árboles.

—No es la primera vez que veo animales más grandes de lo normal —respondió con calma—. Este bosque… puede ser extraño a su manera.

Su mirada se endureció ligeramente.

—Pero esto…

Negó apenas con la cabeza.

—Esto es inusualmente grande.

Eirik soltó una leve exhalación, aún sin apartar la vista de las huellas.

—Pues ojalá valga la pena —murmuró—. Porque si es real, ese animal podría alimentar a medio pueblo.

Adalsten permitió una leve mueca, casi una sonrisa contenida.

—Eso mismo pensaba.

Pero su tono cambió apenas en la siguiente frase.

—Aunque no debemos confiarnos.

Volvió a mirar el rastro, más serio ahora.

—Un jabalí de ese tamaño… no quiero imaginar la fuerza con la que puede golpear.

El silencio regresó entre ambos, más tenso que antes.

Y sin decir nada más…

continuaron siguiendo el rastro.

Eirik se inclinó ligeramente, observando las huellas con más atención, como si al mirarlas lo suficiente pudiera encontrar la respuesta por sí mismo. Frunció el ceño, claramente intrigado, antes de alzar la mirada hacia Adalsten.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó en voz baja, pero con genuina curiosidad—. Quiero decir… ¿cómo puedes intuir el tamaño de algo solo con ver sus huellas?

Adalsten no respondió de inmediato. Mantuvo la vista fija en el rastro unos segundos más, como si confirmara algo en silencio antes de incorporarse lentamente.

—No sabría decirte con exactitud —respondió al final, con calma—. Es… costumbre, supongo.

Se cruzó ligeramente de brazos, mirando nuevamente las marcas en la nieve.

—Un jabalí común no supera los noventa centímetros de altura —continuó—. Cuando ves algo que deja huellas como estas… lo notas. No encaja con lo que debería ser.

Eirik volvió a mirar el suelo, ahora con otra perspectiva, comparando mentalmente lo que conocía con lo que tenía enfrente.



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En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 02.08.2026

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