Fallen Gods

CAPITULO #27 PARTE 2: El Cazador que se Convierte en Presa

Adalsten respiraba con dificultad mientras avanzaba entre la espesura del bosque, obligándose a ignorar el intenso dolor que recorría su cuerpo. El brutal golpe que había recibido contra el árbol aún le pasaba factura; cada inspiración le hacía sentir como si sus costillas fueran a quebrarse de nuevo. Aun así, su mente permanecía fría. Sabía perfectamente que enfrentarse de frente a aquella criatura era un suicidio. La diferencia de fuerza entre ambos era abrumadora y un solo impacto más bastaría para dejarlo fuera de combate. Si quería sobrevivir, tendría que aprovechar aquello que siempre había sido su mayor virtud: la paciencia.

Tras recorrer unos metros, encontró un grupo de enormes troncos caídos que formaban un escondite natural. Se deslizó con cuidado bajo ellos, procurando no hacer el menor ruido. Desde allí tensó el arco lentamente y permaneció completamente inmóvil, conteniendo incluso la respiración. Su intención era sencilla: esperar a que la bestia pasara de largo y sorprenderla con un disparo preciso cuando bajara la guardia.

Sin embargo, los segundos comenzaron a transcurrir y la criatura nunca apareció frente a él.

El silencio del bosque se volvió inquietante.

Adalsten frunció el ceño. Algo no estaba bien.

De pronto, un pesado resoplido rompió el silencio, seguido por el inconfundible sonido de unas pisadas acercándose lentamente. No eran pasos erráticos. Eran firmes, seguros... como si la criatura supiera exactamente hacia dónde se dirigía.

Entonces lo comprendió.

No lo estaba buscando con la vista.

Lo estaba rastreando.

El olor de la sangre que brotaba de sus heridas había delatado su posición.

Antes de que pudiera reaccionar, un fuerte crujido resonó sobre su cabeza. La madera comenzó a estremecerse y un haz de luz atravesó la oscuridad de su escondite. Adalsten alzó lentamente la vista.

La criatura había sujetado el enorme tronco bajo el que se ocultaba y lo levantaba con una facilidad aterradora.

Durante un breve instante, ambos cruzaron la mirada.

Los ojos de la bestia permanecían fijos sobre él, inmóviles, como los de un depredador que por fin había encontrado a su presa.

Con un violento movimiento, arrojó el tronco a un lado como si no pesara nada. La madera se estrelló contra varios árboles, partiéndolos en pedazos, mientras la criatura inclinaba ligeramente la cabeza y dejaba escapar un rugido ensordecedor que hizo temblar todo el bosque. Adalsten comprendió en ese instante que ya no tenía dónde esconderse. La cacería había terminado. Ahora era él quien estaba frente a frente con el cazador.

El rugido de la criatura aún retumbaba entre los árboles cuando Adalsten comprendió que no podía seguir huyendo indefinidamente. Si quería salir con vida de aquel bosque, tarde o temprano tendría que hacerle daño. Esperó el instante preciso y, cuando la bestia volvió a lanzarse sobre él, desenvainó una pequeña cuchilla que llevaba oculta en el cinturón. Aprovechando el impulso del monstruo, se deslizó hacia un costado y descargó un rápido corte sobre una de sus piernas.

La hoja apenas logró penetrar la gruesa piel, pero fue suficiente para arrancarle un aullido de dolor. La criatura reaccionó con una velocidad aterradora. Sin darle tiempo de apartarse, descargó un brutal golpe con el dorso de la mano que impactó de lleno en el pecho de Adalsten. El arquero salió despedido varios metros y terminó estrellándose violentamente contra el suelo, sintiendo cómo el aire abandonaba sus pulmones de golpe.

Un dolor insoportable se extendió por todo su pecho. Intentó incorporarse, pero apenas logró levantar unos centímetros el torso antes de volver a caer. Respirar era una agonía y cada bocanada parecía clavarse como un cuchillo entre sus costillas. Durante un instante creyó que simplemente no podría volver a ponerse de pie.

Sin embargo, el pesado sonido de las pisadas acercándose le recordó que quedarse inmóvil significaba morir.

La enorme pata de la bestia descendió con la intención de aplastarlo. En un acto puramente instintivo, Adalsten reunió las pocas fuerzas que le quedaban y rodó sobre la nieve apenas un instante antes del impacto. El suelo tembló bajo el peso del monstruo, levantando una nube de tierra, hielo y astillas de madera donde segundos antes había estado su cuerpo.

Sin perder un solo segundo, se alejó todo lo que pudo, obligando a sus piernas a seguir moviéndose a pesar del dolor que amenazaba con hacerlas ceder. Comprendió que permanecer al nivel del suelo era condenarse. Aprovechando un breve espacio que consiguió abrir entre ambos, saltó hacia el tronco de un enorme árbol y comenzó a trepar con rapidez, apoyándose en cada rama hasta alcanzar una altura donde la criatura no pudiera alcanzarlo con facilidad.

Desde allí arriba recuperó el aliento mientras observaba a su enemigo recorrer el bosque con la mirada. La bestia era mucho más fuerte que él, pero también era enorme. Los árboles limitaban sus movimientos y la escasa luz que atravesaba el espeso follaje ofrecía numerosos rincones cubiertos por sombras.

Adalsten aferró con fuerza su arco mientras una idea comenzaba a tomar forma en su mente. Si conseguía desplazarse entre las copas sin ser visto, podría convertir aquella ventaja en su única oportunidad. No necesitaba derrotar a la criatura en un enfrentamiento directo; necesitaba desaparecer de su vista, esperar el momento exacto y lanzar un único disparo capaz de atravesar su cabeza antes de que el monstruo siquiera advirtiera de dónde había venido la flecha.



#4293 en Fantasía
#4501 en Otros
#572 en Aventura

En el texto hay: accion, mitología y leyendas, fantasía oscuro

Editado: 13.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.