Muy lejos del bosque donde Eirik y Adalsten libraban su propia batalla por sobrevivir, otro de los guerreros se encontraba sumido en un silencio completamente distinto. Tyr había perdido el conocimiento y, durante un tiempo que no podía medir, permaneció atrapado en una oscuridad profunda, sin saber si seguía con vida o si su cuerpo había sucumbido finalmente a las heridas y al agotamiento. Sin embargo, cuando sus ojos comenzaron a abrirse, descubrió que la muerte no era lo que lo esperaba. Había despertado en un lugar que no reconocía, un sitio extraño y opresivo donde el calor parecía surgir de todas partes y una tenue luz rojiza apenas lograba atravesar las sombras. No sabía dónde estaba, ni cómo había llegado allí, pero algo le decía que no estaba solo.
Tyr abrió los ojos lentamente. Durante unos segundos no pudo distinguir nada a su alrededor; una oscuridad casi absoluta lo envolvía, apenas interrumpida por una tenue luz rojiza que parecía filtrarse desde algún punto lejano. El calor era lo primero que podía sentir con claridad. Era sofocante, intenso, como si se encontrara en el interior de un lugar rodeado por fuego. Cada respiración le resultaba pesada mientras intentaba incorporarse y comprender dónde estaba.
Miró a su alrededor, pero no encontró nada que pudiera reconocer. No había cielo, ni árboles, ni paredes visibles. Solo aquella oscuridad interminable y el resplandor rojizo que hacía que las sombras parecieran moverse a su alrededor.
Tyr frunció el ceño.
—¿Dónde demonios estoy...?
Intentó ponerse de pie, pero sus piernas apenas respondieron. Se tambaleó y tuvo que apoyarse con una mano sobre el suelo para no caer.
Entonces escuchó una voz.
—Tyr...
El sonido surgió de la oscuridad.
Tyr se quedó completamente inmóvil.
Giró lentamente la cabeza hacia el lugar de donde provenía la voz, buscando cualquier movimiento entre las sombras.
—Tyr...
Esta vez la voz sonó más cerca.
El guerrero llevó instintivamente una mano hacia su arma, pero no encontró nada. Su respiración se volvió más pesada mientras intentaba distinguir la figura de quien le hablaba.
De pronto, la voz volvió a escucharse.
—Por fin despiertas.
Tyr retrocedió un paso y adoptó una posición defensiva.
—¿Quién eres?
No recibió respuesta inmediata.
Solo se escuchó el eco de una respiración tranquila en medio de aquella oscuridad.
Tyr apretó los dientes.
—¡¿QUIÉN ERES?!
Su grito resonó por aquel extraño lugar.
Durante unos segundos volvió a reinar el silencio.
Entonces, desde algún punto frente a él, una figura comenzó a emerger lentamente de las sombras. La tenue luz rojiza iluminó primero sus pies y después su silueta, aunque su rostro permanecía oculto.
La voz volvió a hablar.
—Eso... es precisamente lo que deberías preguntarte primero.
Tyr sintió que un escalofrío recorría su espalda.
Aquel lugar no era normal.
Y, por alguna razón, aquella presencia parecía conocerlo mucho mejor de lo que Tyr estaba dispuesto a admitir.
Tyr llevó instintivamente una mano hacia su espalda, buscando el mango de su hacha, pero sus dedos no encontraron nada. Miró rápidamente su cuerpo y descubrió que tampoco llevaba puesta su armadura. Aquello hizo que su desconcierto aumentara todavía más. No tenía armas, no tenía protección y ni siquiera sabía dónde se encontraba.
—¿Qué demonios está pasando...? —murmuró, mientras observaba la oscuridad que lo rodeaba.
La voz volvió a escucharse con una tranquilidad casi irritante.
—No tienes nada que temer. Y respecto a lo que acabas de preguntar... ya conoces la respuesta.
Tyr permaneció inmóvil durante unos segundos. Aquella voz era imposible de confundir. Había pasado demasiado tiempo intentando olvidar aquella presencia, pero la reconocería incluso después de tantos años.
Sus ojos se entrecerraron.
—Eres tú...
La figura permaneció oculta entre las sombras.
Tyr apretó los puños mientras la ira comenzaba a apoderarse de él.
—Eres ese maldito hijo de perra que tomó posesión de mi cuerpo cuando era niño.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Entonces la voz respondió, claramente indignada.
—¿"Hijo de perra"?
Tyr levantó ligeramente la mirada.
—Sí. Eso dije.
Un instante después, un dolor insoportable atravesó su cabeza.
—¡AAAGHHH!
Tyr cayó de rodillas y se llevó ambas manos a la cabeza. Sintió como si algo estuviera perforándole el cráneo desde dentro, una agonía tan intensa que apenas podía pensar. Sus dientes rechinaron mientras intentaba resistir, pero el dolor no cedía.