Falltown

Capítulo Cinco: Niebla

Se mueve entre la niebla alimentándose de tus peores pesadillas.

La puerta de la habitación se abre lentamente y entra mi padre con mi mochila colgada del hombro y dos bolsas de comida china en la mano.

—Aquí traje ropa limpia para que te des una ducha y la cena —coloca las bolsas sobre una pequeña mesa que está en la habitación, saca los envases de comida y me entrega una.

—¡Gracias!

Ambos comemos en silencio por un largo tiempo, al terminar decidí darme una ducha. Al ingresar al baño, me quito la bata de hospital que llevo puesta, abro la llave de la regadera, el agua fría comienza a caer sobre mí en forma de cascada. Decido sentarme en la bañera y cierro los ojos, tratando de relajarme.

A la vez que el agua me envuelve, enjuago mi cabello, disfrutando del momento. De repente, me sobresalto al oír gritos y disparos resonando a lo lejos.
Abro los ojos de golpe, pero al mirar a mi alrededor, todo parece estar igual, como si nada hubiera sucedido. No hay rastro del caos que momentáneamente interrumpió mi calma.

Entonces, con un suspiro, vuelvo a cerrar los ojos, intentando sumergirme nuevamente en mi pequeño refugio de tranquilidad.

—¡Hollis! —la voz de mi madre hace eco en la habitación.

Abro los ojos de inmediato, experimentando una mezcla de sorpresa y preocupación. Con un gesto apresurado, me incorporo y desplazo la cortina de manera abrupta, esperando encontrar a alguien del otro lado. Sin embargo, me encuentro con un vacío total; no hay absolutamente nadie. Un nudo se forma en mi garganta, dificultando mi respiración, trago en seco.

A pesar de la inquietud que me invade, reúno el valor necesario para cerrar los ojos una vez más.

—Tienes que ayudarlos —esta vez su voz suena lejos, casi fantasmal.

—¿A quiénes? —murmuro.

—Eres igual que yo, estamos conectadas con la muerte —murmullan a mi izquierda.

—¿Qué? —es lo único que puedo pronunciar.

—Ayúdalos Hollis, ellos te necesitan —vuelve a musitar.

Un par de golpes provenientes del otro lado de la puerta interrumpen mi trance.

—¿Quién?

—Chispita, ¿ya vas a salir? —pregunta mi padre desde el otro lado de la puerta—. Tienes una hora allí dentro. ¿Sucede algo?

—Estoy bien, ya salgo —confieso.

Anoche me quedé reflexionando sobre lo ocurrido. La verdad es que no puede conciliar el sueño; desde que falleció Mysie, mis noches se han vuelto un verdadero tormento y no puedo descansar adecuadamente. Esta mañana me hicieron los exámenes necesarios y tras revisar los resultados el médico me informó que podía regresar a casa, aunque me recomendó descansar y cuidarme.

Al llegar a casa, no pierdo el tiempo y me dirijo directamente a mi habitación. Extraño mucho mi cama y mis rutinas diarias. Espero de verdad no tener que volver a ingresar en un hospital; la experiencia fue agotadora y angustiosa.

Sin embargo, en mi mente, la palabra «alemán» resuena una y otra vez. Impulsada por una extraña necesidad, decido subir al desván con la intención de buscar algunas pertenencias de mi madre. Es un impulso que no puedo ignorar; tengo la sensación de que hay algo allí arriba que necesito encontrar.

El desván está cubierto de telarañas que cuelgan como cortinas polvorientas en los rincones, una paca de polvo parece haberse asentado sobre todas las cajas. Cada rincón está lleno de cajas apiladas una encima de otra, creando la impresión de un laberinto caótico.

Registro meticulosamente entre estos objetos viejos en busca de algo que me pueda resultar útil, recuerdo que mi padre nunca quiso deshacerse de las pertenencias de mi madre; cada caja parece contener una historia y un recuerdo.

Una de las cajas se desploma, y de ella se escapa una bola de estambre rojo que, tras caer al suelo, comienza a rodar descontroladamente, serpenteando entre las cajas hasta que finalmente se oculta detrás de un montón de ellas.

A su paso, dejando una tira de hilo, continúo mi búsqueda, moviendo objetos y abriendo cajas, pero el ambiente cambia repentinamente. Un susurro lejano, como voces etéreas compartieran secretos, me hace detenerme en seco.

Esa sensación de inquietud apenas se ha asentado cuando un golpe inesperado me obliga a cambiar de dirección, volteando hacia el origen del sonido, que proviene de las cajas en las que estoy sumergida. ¿Qué o quién ha provocado ese ruido?
Las voces continúan susurrándome.

—¡El estambre! —exclama una voz fantasmal—. Síguelo.

Entonces comienzo a actuar en automático, el miedo que me envolvía desapareció, no experimentaba nada, solo un vacío que no logro describir.

Me acuclillo en el suelo y gateo hasta tomar el inicio del estambre, al tocarlo presto atención a un sonido que parece emanar de él, como si varias cuerdas estuvieran tensándose, acerco aún más llevando mi oído hacia el estambre, donde me sumerjo en una melodía familiar, en ese instante la escucho: es la voz de mi madre, resonando con dulzura y calidez.

—Bloodrift nos lleva la delantera, no sé cómo detenerlo —exclamo con cansancio—, Tenemos que hacer algo. Sigo teniendo las mismas visiones; no sé cuándo sucederá, pero Koen, algo malo va a suceder.

No sé qué sucede, pero solo puedo escuchar la voz de la otra persona, pero tengo el presentimiento de que la conversación es seria y muy importante.

—Moriré en sus manos, no podrás salvarme —su voz se quiebra al finalizar la frase—. Tienes que detenerlo, antes de que Hollis desarrolle su poder, él la querrá de su lado.

Una vez más, las voces se hacen presentes junto con un sonido de estática que hace que mis oídos zumben. Se hace más fuerte a medida que las voces hablan, llegando a un punto en que comienzan a gritar.

—Sigue el estambre y descubre la verdad —grita una voz distorsionada.

Suelto el estambre y me alejo de él, un escalofrío me envuelve de pies a cabeza. A pesar de eso, me arrastro hacia las cajas y las hago a un lado; detrás de ellas hay un tablero de corcho cubierto de polvo, todavía adornado con chinchetas. A mi izquierda hay una caja cubierta de moho y, a su lado, el ovillo de lana.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.