Entre las sombras, ellos cazan lo que se oculta en los gritos del destino.
Nos detenemos enfrente de un antiguo almacén industrial, que se alza imponente, una sombra de su antigua gloria. Sus paredes de ladrillo están cubiertas de grafitis y manchas de humedad, con fragmentos de yeso desmoronados, dejándose al descubierto la estructura metálica. Grandes ventanales, rotos y sucios, que permiten la entrada de la luz de la luna, iluminando el interior, creando un ambiente sombrío.
Nuestros pasos hacen ecos por todo el almacén. Cuando pasamos la puerta principal, esta es una enorme hoja de metal oxidada, que cuelga de sus bisagras chirriantes que a Blaze le costó abrir.
La vegetación y enredaderas han reclamado el espacio, trepando por las paredes del lugar; el suelo del almacén está cubierto de escombros: fragmentos de madera, viejos pedazos de maquinaria y basura arrastrada por el viento. El aire está cargado con un olor acre del metal y el polvo, un recordatorio del pasado industrial del edificio. Las enormes columnas de concreto, desgastadas por el tiempo, se alzan como guardianes silenciosos entre las sombras.
Ambos caminamos entre los pilares; Blaze se acerca hasta una columna que yace en lo más profundo del edificio; detrás yace una puerta metálica oculta. La puerta es robusta, hecha de un acero resistente; a un lado, casi invisible a simple vista, un panel con un escáner; Blaze se acerca cautelosamente, observando el dispositivo. El escáner tiene una luz roja que parpadea, esperando una señal.
Con un movimiento decidido, Blaze levanta su brazo herido, acercándolo al escáner, a la vez que se sube la manga de la chaqueta, revelando un tatuaje en su muñeca; es el mismo sello de su chaqueta. Acerca el tatuaje al escáner y la luz roja cambia instantáneamente a un verde brillante.
Un pitido suave confirmó la autentificación; sin hacer ruido, la puerta metálica se desliza hacia un lado, revelando un pasadizo oscuro. Más allá, el aire que emana de su interior es frío y seco, cargado de una sensación de antigüedad y secreto.
—¿Me vas a asesinar? —exclamo, tomando despistado a Blaze, quien se voltea a verme con el ceño fruncido.
—¿Por qué lo haría luego de salvarte y arriesgar mi vida en el proceso? —cuestiona; me encojo de hombros.
Él ingresa al pasillo; antes de dar un paso al frente, doy una rápida mirada hacia atrás, una última vez antes de adentrarme al pasadizo, lista para descubrir lo que está sucediendo. La puerta se cierra nuevamente detrás de nosotros; inhalo y exhalo, armándome de valor a medida que lo voy siguiendo.
—¿Seguro que no vas a asesinarme? —interrogo nuevamente; él suelta una carcajada llena de humor, que hace eco por todo el pasillo.
—Jamás lo haría Hollis —admite.
—Qué bueno que lo dejas claro —comento con sarcasmo.
Al final del pasillo se puede apreciar una leve iluminación proveniente de una habitación, a medida en que nos vamos acercando la luz, se va volviendo más intensa. Al llegar hasta la habitación, puedo observar a detalle que es espaciosa y de techo alto; es iluminada por una combinación de luces fluorescentes y candelabros antiguos que penden del techo, creando un ambiente de contraste entre lo moderno y lo clásico.
Las paredes están recubiertas de estanterías llenas de libros y pergaminos con apariencia antigua, algunos encuadernados en cuero desgastado, otros envueltos en cintas de colores desvaídos. Entre los volúmenes se pueden detallar las reliquias y artefactos de todo tipo: dagas con inscripciones extrañas, frascos con sustancias misteriosas y máscaras con aspectos aterradores.
En el centro de la habitación yace una gran mesa de trabajo de madera cubierta de mapas, planos y dispositivos tecnológicos. Blaze se desplaza por el espacio con una tranquilidad en busca de algo; al mismo tiempo, yo sigo observando cada pequeño detalle de este sitio.
En la otra parte de la habitación puedo distinguir monitores mostrando feeds en vivo de cámaras de seguridad y pantallas con gráficos y datos de tiempo de red. La pared más cercana tiene un tablero de corcho lleno de fotos, notas y conexiones hechas con hilos de colores.
—¡Aquí estás! —exclama Blaze, tomando un botiquín de primeros auxilios; luego se acerca hasta un sofá y toma asiento, se quita la chaqueta dejando a la vista sus brazos tatuados.
Dirijo mi mirada hacia la esquina, en donde yace un arsenal de armas, puestas como una exhibición ordenada: Espadas, arcos, ballestas y todo tipo de armas que son desconocidas para mí, cada uno con su propio lugar perfectamente asignado.
El aire está impregnado de un ligero aroma, cuero y metal, con un toque de incienso quemado; queda una sensación mística. El ambiente es tanto acogedor como intimidante; escucho unas pisadas provenientes del lado contrario.
Desde las sombras de un pasillo estrecho, emerge Scar; al notar la presencia de Blaze cosiendo su herida, frunce el entrecejo. Sin poder evitarlo, estornudo, llamando su atención; al verme, su expresión se torna acentuada y su mirada se posa sobre mí, me hace encogerme en mi sitio, inclinándome hacia delante y agachando mi cabeza.
—¿Por qué ella está aquí? —exclama llamando la atención de Blaze.
—Fue atacada por las sombras errantes de Bloodrift —le informa Blaze, a la vez que termina de saturar su brazo.
—¿Y te enfrentaste tú solo contra ellos? —cuestiona; Scar camina con pasos decididos hacia Blaze—. ¿Cómo sabías que ella estaba en peligro? —me señala con su dedo índice, Blaze guarda silencio, Scar aprieta la mandíbula con tal intensidad que cada relieve de sus músculos se acentúa, esculpiendo la tensión en su rostro—. Dime que no lo hiciste.
Se gira en mi dirección, sus pasos son firmes; con una mirada decidida se va acercando, hasta detenerse enfrente de mí. Con un movimiento decidido me toma de las muñecas; intento deshacerme de su agarre, pero él ejerce más fuerza en mis muñecas, impidiendo que pueda soltarme.