“Cuando el manto se desgarra, el cielo se tiñe de sangre y la luna reclama su trono. ”
Camino por los pasillos de la escuela; he llegado más temprano de lo habitual porque no quiero verles el rostro a mis compañeros de clases. Empujo la puerta del salón, pero al entrar noto que ya no me encuentro en la escuela; todo a mi alrededor yace en penumbras, giro sobre mi eje intentando encontrar una salida.
Mi cuerpo es envuelto por una sensación de pánico y agobio; empiezo a caminar sintiendo cómo mi corazón late contra mi pecho, a lo lejos observo como aparece una puerta roja que sobresalta entre toda la oscuridad que me rodea. El lugar es frío y mis huesos duelen; continúo caminando con pasos apresurados hasta llegar a la puerta, para luego abrirla con un fuerte empujón.
Al hacerlo unos gritos de lucha resuenan en mis oídos, la escena cambia de inmediato frente a mis ojos, el suelo está cubierto de sangre, por instinto llevo ambas manos para cubrir mis oídos intentando apaciguar los gritos. La habitación se inunda de humo, envolviéndome con ella; entre el humo puedo observar como el fuego devora una estructura como un almacén.
Las llamas rugen y crepitan con fuerza, mezclados con el grito desgarrador de alguien en la distancia; la temperatura a mi alrededor desciende, envolviéndome en una ola de calor, como si yo me encontrara ahí adentro junto al fuego. Todo es caótico y me lleva a la desesperación, con pasos presurosos, intento encontrar la salida de ese sitio, justo cuando la intensidad de la habitación alcanza su punto máximo. Soy de vuelta a la realidad, me encuentro frente a la fuente de agua que está en el centro del patio de la secundaria, estoy en la orilla a punto de perder el equilibrio, alguien me tiene sostenida del brazo izquierdo y tira suavemente hacia atrás con fuerza.
La persona sostiene mi brazo con firmeza, evita que caiga al suelo; pestañeo un par de veces intentando descifrar qué es lo que acaba de suceder. En mi campo de visión aparece Selena; es la persona que evito que hiciera una tontería, me observa con el ceño fruncido; en su mirada está plasmada la confusión, mi corazón late con fuerza.
—¿Te encuentras bien? —pregunta con duda en su voz, lo único que logro hacer es asentir.
Noto que hay un grupo de estudiantes a nuestro alrededor observándonos con curiosidad.
—¿Por qué todos nos observan? —mi voz sale entrecortada, Selena gira su cabeza para mirar nuestro alrededor y luego volver a mirarme.
—Quizás porque estuviste caminando como un zombi y estar a punto de caer dentro de la fuente —explica con tedio en su voz, mi rostro se calienta por la vergüenza.
—¡Oh, por Dios! —cubro mi rostro con las palmas de mis manos.
—¿Qué no tienen algo más que hacer? —grita Selena, entreabro mis dedos, para ver que sucede.
Selena está mirando a todos como si los estuviera retando, los estudiantes se observan entre sí y comienzan a dispersarse a nuestro alrededor.
—Aquí todos son unos imbéciles —suelta un suspiro.
—¡Gracias! —retiró mis manos de mi rostro, ella se encoge de hombros.
—Me puedes decir, ¿cuál es el salón de lengua y literatura? —se rasca el cuello.
—Te llevaré hasta allí.
Ambas caminamos en silencio por los pasillos, hasta llegar al salón que Selena está buscando, nos detenemos frente a la puerta, en todo el recorrido hasta aquí pude sentir su pesada mirada puesta en mí.
—¡Bien! —aplaudo, aprieto mis labios—, Y hemos llegado.
—Gracias, Hollis —me regala una sonrisa cerrada, pasa por mi lado y entra a clases. Entonces recuerdo que estoy llegando tarde a educación física.
—¡Carajos!
Corro por los pasillos hasta llegar a los locker rooms; al entrar, me recibe el área de los casilleros, llego hasta mi casillero e introduzco el código en el candado; al abrirse, saco mi ropa de educación física, me visto con prisa, tomo asiento en el banco de madera que está frente a mi casillero para colocarme los zapatos. Al finalizar, me dirijo hasta el lavamanos para recogerme el cabello y retocar mi maquillaje en el espejo.
Salgo de allí y en la cancha ya se encuentra el profesor Storne, un hombre alto, de ceño fruncido y de mal gusto por la moda.
—Señorita Evans, me extraña verla llegar tarde a clases —comenta con seriedad.
—Disculpe profesor, tuve un inconveniente.
—¡Claro! Si caminar como una loca cuenta —murmura alguien entre el grupo de estudiantes, todos comienzan a reír.
—¡Silencio! —exclama el profesor—. Escucho otro comentario estúpido y los pondré a hacer cinco vueltas por la cancha —todos comienzan a quejarse, me mantengo en silencio—, Los quiero trotando, ¡Ya! —sopla su silbato.
Todos se preparan para correr por toda la cancha; la brisa desordena mi cabello, trayendo consigo el aroma a tierra mojada, un olor único en todo este pueblo rodeado de bosques; lagos, ríos y montañas. Mi vista se dirige al bosque, entre los árboles, en las sombras, ahí, envuelto en una sotana negra y con ojos rojos resplandecientes, me observa la misma figura que vi cuando toqué el cadáver del venado.
Me detengo abruptamente, sin poder controlar mi miedo que me envuelve por completo, mi corazón se aceleró con más fuerza, puedo sentir los latidos en mis oídos y una gota de sudor frío resbalar por toda mi espalda al verlo sonreír dejando a la vista sus afilados colmillos.
Algo me empuja, desde adentro de mi ser, una leve ansiedad, que aprieta mis entrañas en un nudo, que me aprieta con cada nuevo aliento causándome dolor. Siento un fuerte tirón en mi hombro izquierdo, que me obliga a girarme hacia esa persona.
—¿Señorita Evans se encuentra bien? —pregunta el profesor Storne, con su silbato en mano, dirijo mi mirada nuevamente hacia donde vi la persona, pero ya no se encuentra nadie.
—¿Puedo retirarme, no me siento bien?
No tengo la intención de conversar con nadie, el profesor me da el permiso y me retiro de allí tomando mis pertenecientes. Entro de nuevo a la secundaria, camino por los pasillos y por instinto llevo mi mano hasta el dije, intento transmitirle mis emociones y la necesidad de ver a Scar.