Falltown

Capítulo Quince: Las trampas.

En los momentos de tensión es cuando los verdaderos sentimientos salen a la superficie.

Llegamos al refugio; está cubierto de vegetación y, a simple vista, parece una edificación más en ruinas.

—Pasamos por todo eso para llegar a esta basura —se queja Selena.

—Aquellos que conocen su historia, saben que este lugar fue un bastión de nosotros —responde con odio Blaze; Selena rueda los ojos.

La entrada está oculta detrás de un muro de piedra con runas. Blaze traza una línea con su dedo sobre las runas en una secuencia específica; las runas empiezan a brillar y se escucha un suave clic. Luego Scar de su bolsillo saca un anillo que lo inserta como una llave en un nicho oculto; se escucha el sonido de algo moviéndose hasta que una puerta oculta en la pared de piedra tiene una runa, revelando un panel con palancas. Al accionarlas en orden correcto, se vuelve a escuchar otro clic; Scar la empuja y una nube de vapor nos envuelve.

Ingresamos a la cámara principal, donde se encuentra una amplia estancia central con una mesa repleta de mapas, papeles llenos de polvo, una estantería de libros repleta de telaraña, cuadros y retratos que adornan las paredes y un reloj de péndulo con intrincados grabados y runas que marcan el paso del tiempo del refugio; el sonido rítmico del péndulo añade una sensación de orden y disciplina al ambiente.

—Iremos por la llave, así que quédense aquí —nos ordena Scar, para luego marcharse junto a Blaze.

—¿Te encuentras bien? —Selena me observa fijamente, dio un pequeño asentimiento.

—¿Y tú?

—Bien; sé que no debo preguntar, pero ¿tú y Blaze qué son? —ella suelta una risa.

—Soy un licántropo antiguo, como te comenté, tengo la apariencia de una adolescente —camina hacia mi dirección—. Blaze se enamoró de mí y yo de él; nuestras familias no estaban de acuerdo con esa relación, así que tuvimos que alejarnos. —Se encoge de hombros.

—¿Aún lo amas? —cierra los ojos por un instante.

—Sí.

—Entiendo —observo los mapas que yacen sobre la mesa.

—Conocí a tu madre. —Alzó la mirada—. Ella era una gran mujer; ella quería detener a Bloodrift.

—¿Sabes quién es?

—Sí, pero es mejor que no lo busques.

—Él quiere algo de mí y tengo miedo de saber el porqué.

Posa ambas manos sobre mis hombros, suelta un suspiro antes de hablar.

—Sea lo que sea, él nunca hace nada bueno —admite—, pero los chicos y yo no vamos a permitir que te suceda nada malo.

—Algo dentro de mí me susurra que estoy relacionada con el ritual de la luna roja.

—Cuando la luna de sangre está en su punto más alto, las banshee son fuertes para conectarse con el limbo.

Las pisadas de los chicos hacen eco por toda la estancia; Blaze es el primero en aparecer.

—Tenemos que irnos, ya tenemos la llave —comenta Scar.

—Espero que tengan una salida de emergencia, porque no pienso volver a recorrer todo el maldito pueblo —se queja Selena.

—En realidad sí la hay, los túneles subterráneos del refugio —añade Scar.

Blaze se acerca hasta una pintura, que muestra una escena de una batalla gloriosa de los cazadores, con colores desvaídos por el tiempo, aunque aún son vibrantes en su narrativa. Blaze la desliza hacia un lado, revelando la entrada del túnel; Blaze se hace a un lado.

—Las damas primero —se burla, observa fijamente a Selena; ella es la primera en caminar hacia la entrada del túnel. Al pasar por el lado de Blaze, le hace la puñeta, para luego adentrarse a los túneles.

Las paredes son de piedra, con moho y humedad que muestran la antigüedad del refugio. Hay antorchas colocadas en intervalos que, a medida que vamos avanzando, estas encienden mágicamente, emitiendo una luz tenue, revelando inscripciones antiguas y marcas de batallas.

—Tengan mucho cuidado por donde caminan —informa Scar—, los cazadores instalaron diversas trampas para proteger el túnel.

—¿Cómo sabremos cuáles son las trampas? —cuestiono.

—Según lo que me contó mi padre, hay dardos envenenados y puertas de piedra que se cierran —narra Blaze.

—Genial, si no morimos a manos de un centauro, lo haremos aquí —bufa Selena.

A medida que caminamos, nuestros pasos hacen eco por todo el túnel. No sé cuánto tiempo llevamos caminando; yo ya me encuentro cansada. Blaze y Selena van delante de Scar y de mí, susurrándose entre ellos. Avanzo con cautela, intentando escuchar la conversación de ellos; mi pie derecho se hunde en una losa del suelo.

—¡Cuidado! —grita Scar con una mezcla de urgencia y preocupación en su mirada.

Antes de que pueda reaccionar, Scar, con reflejos ágiles, me toma fuertemente por mi antebrazo derecho, haciéndome girar hacia él. Nuestros cuerpos chocan entre sí; el calor de su pecho lo podía sentir contra el mío. Nuestras respiraciones se entrelazaron; al levantar la mirada, sus ojos se encontraron con los míos, con nuestros rostros a escasos centímetros. El tiempo pareció detenerse por un momento; el peligro quedó en segundo plano.




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