Fue el instante en que nuestras almas dejaron de adivinarse para reconocerse en un silencio absoluto, sellando con un roce el inicio de todo lo que creíamos imposible.
Salimos del refugio, nos adentramos al bosque esquivando árboles y raíces, hasta llegar a una puerta de metal con una superficie cubierta de una pátina verde grisáceo; esta está firmemente adherida a un marco de piedras rugosas y desiguales. El metal de la puerta está adornado con intrincados tallados que apenas se distinguen bajo la capa de óxido y corrosión que se ha acumulado con el tiempo; los remaches que aseguran el marco están desgastados.
Scar de su bolsillo saca una llave y la inserta en la cerradura; para abrir la puerta hay que jalar una pesada manilla de metal que cuelga del centro. Al tirar de la manilla, la puerta emite un chirrido agudo y prolongado, con el lamento de las bisagras oxidadas que no se han movido en mucho tiempo; el sonido reverbera por el bosque.
Al abrirse, la puerta revela una estrecha escalera de caracol que desciende hacia la oscuridad. Scar es el primero en descender; le doy una última mirada al exterior antes de entrar; las escaleras están oxidadas, con manchas que forman patrones irregulares en cada peldaño. La barandilla, aunque aún firme, muestra signos de deterioro, con fragmentos de metal faltantes y bordes filosos. El aire que emana desde el interior es húmedo y frío, transportando un ligero aroma a tierra y moho.
Cada paso que doy en la escalera produce un eco metálico; la luz del exterior lucha por penetrar la oscuridad, apenas iluminando los primeros peldaños antes de ser tragada por la oscuridad. Scar enciende la linterna de su celular iluminando nuestro camino. Llegamos hasta un suelo de rocas; al final del pasillo yace una puerta roja que Scar abre sin ninguna dificultad. Ambos nos adentramos; Scar mueve una gran palanca que descansa en la pared izquierda, haciendo que las luces se enciendan.
Frente a mí se extienden pasillos con unas estanterías altas que llegan casi al techo y pasillos estrechos llenos de libros antiguos; las filas polvorientas de estantes nos reciben en silencio.
—Nos dividiremos; si encuentras algo, házmelo saber, nos encontraremos aquí nuevamente —ordena Scar antes de desaparecer.
Me acerco a un alto estante lleno de libros que sobresalen de las repisas, abultándose; paso mis dedos por los lomos polvorientos y las encuadernaciones. Los laberintos de estanterías voluminosos me llevan a una pequeña mesa. Allí de pie frente a ella está Scar hojeando un libro que hay sobre ella; lo ignoro y continúo caminando, acercándome a otros estantes oscuros. Saco un par de libros y los hojeo, intentando encontrar algo importante; al no hacerlo, los coloco nuevamente en su lugar.
El olor a papel viejo es incomparable; me hace creer que hago un viaje corto en el tiempo hacia el pasado. Regreso nuevamente hacia Scar y me sitúo a su lado, observando cómo inspecciona las páginas del libro.
—Esta búsqueda está tomando más tiempo de lo esperado —murmuró; él continúa hojeando las páginas, ahora de otro libro.
—Encontré algo —informa—, pero…
—¿Pero?
—Hay un problema.
—¿Cuál?
—En este libro nombra un ritual acerca de la luna de sangre; por lo visto hay otro libro más detallado que es el que debemos encontrar.
—Seguiré buscando.
Caminó entre las estanterías, examinando una vez más las filas de libros. Una ligera brisa recorre la habitación, haciéndome estremecer del frío; ignoro la sensación y continúo mi camino deambulando por el espacio; un golpe sordo resuena cerca de mí.
—¿Scar? ¿Has hallado algo?
Alzó la voz; al no tener respuesta, empiezo a inquietarme. Trató de eliminar cualquier pensamiento intrusivo y mantener la compostura; solo hace que mi preocupación aumente. Cerca de donde escuché el sonido, yace un libro en el suelo abierto. Mi mirada recorre la estantería buscando una explicación. Me dirijo hacia allí, me agacho para tomar el libro; antes de que tan siquiera pueda tocarlo, una sombra oscura con forma de lobo y ojos rojos se visualiza frente a mí, soltando gruñidos.
Me levanto de inmediato y corro como puedo; escucho sus pisadas viniendo detrás de mí, jadeo, mi corazón late frenéticamente contra mi pecho. El aire frío que entra a mis pulmones me quema la garganta; mis pisadas hacen eco por toda la biblioteca. La sombra con forma de lobo me persigue, intentando alcanzarme. A lo lejos vuelvo a ver la mesa, me agacho e instintivamente salto sobre la mesa deslizándome en dirección opuesta, intentando dejar la criatura atrás. Los interminables estantes pasan por mi lado a la vez que grito llamando a Scar. Un sonido resuena a mi lado y una mano se extiende hacia mí, tomándome del antebrazo, haciéndome que me golpee contra su pecho.
—Guarda silencio —me ordena.
—¿Qué es eso?
—Es una sombra errante; suelen aparecer en sitios abandonados.
—¿Qué haremos?
—Estoy pensando, ninguna de mis armas le hace daño.
—¿Y mi grito?
—Quizás.
—Pues hagámoslo.
Salimos de nuestro escondite; cerca de unos estantes está de pie la sombra. Antes de que note nuestra presencia, grito con todas mis fuerzas, haciendo que todos los estantes cercanos tiemblen; algunos libros caen al suelo, otros libros explotan, soltando las páginas en el aire, la sombra explota en una especie de gas oscuro, las páginas sueltas de los libros flotan a nuestro alrededor, Scar se acerca hacia mí.