Falltown

Capítulo Diecisiete: Evander.

Frecuentemente, somos tan ciegos que no logramos reconocer las señales que nos muestran las personas que son capaces de hacer por amor.

Eamon Hawthorne.

—¿Cuándo le dirás que el que la está persiguiendo es tu hermano? —me riñe Blaze.

—Cuando esté preparado para decirle —confieso—. Por el momento debemos pensar cómo detenerlo.

—Sabes que la única manera de hacerlo es que él muera —me recuerda.

—Eso lo sé, Blaze, solo que estoy pensando en cómo hacerlo; cada vez que lo intento, alguien más muere y no quiero que se repita. —Me siento a su lado, mi celular suena y un número desconocido aparece en la pantalla.

—Esto no me da buena pinta —murmura Blaze al ver el número de teléfono; atiendo la llamada en altavoz.

—Hola, Eamon. —Su voz burlona se escucha al otro lado de la línea.

—¿Qué quieres?

—Junto a mí, tengo a Fresita; te envía saludos —se burla, dirijo mi mirada hacia Blaze—. Dile hola… Hola —murmura ella.

—Evander, te juro que si le haces algo, te asesinaré a sangre fría —le advierto; él suelta una carcajada.

—Me divertiré mucho con ella.

—Hijo de…

—No insultes a nuestra madre —se burla—. Hagamos un trato: tú me dejas terminar el ritual y yo te entrego en una sola pieza a tu pequeña fresa —tararea.

—No.

—Es una lástima —corta la llamada.

—¡Carajo! —me levanto con furia.

—La salvaremos, la traeremos sana y salva.

—Eso espero, no quiero perderla por esta estúpida guerra que tiene contra mí.

—Tenemos que hacer un plan, lo más pronto posible.

—¿Y si la pierdo? ¿Y si hace lo mismo que le hizo a Mirian?

—Hollis es importante para su ritual, así que la necesita con vida; Hollis no es Mirian, recuerda eso.

—Ya no sé qué esperar de él; además, no sabemos en dónde la tiene —suelto un suspiro.

—Yo me encargo de eso; tú encárgate de hacer el plan. Nos vemos aquí en una hora —ordena Blaze, antes de irse.

Me acerco hasta el archivador, abro una de sus gavetas y saco un sobre blanco, abro otra gaveta y saco una hoja en blanco, me dirijo hacia la mesa, tomo un lapicero y comienzo a escribir; al finalizar, doblo la hoja y la guardo en el sobre. Coloco su nombre y lo guardo en un sitio seguro.

***

Los días pasaron con rapidez y el tiempo corre; la luna de sangre será dentro de unas horas y Blaze y yo no hemos encontrado ningún rastro de Evander. Selena, al enterarse de lo sucedido, casi nos asesina; sabe que necesitamos estar juntos para detener a Evander y poder rescatar a Hollis.

—Su padre está como un loco buscándola por todas partes; Evander le dejó una nota como si ella hubiese huido del pueblo —informa Selena con enojo.

—Opino que deberíamos dejarlo hacer el ritual; quizás podamos encontrarlo y detenerlo —murmura Blaze.

—¡Estás demente! —grita Selena—. No sabemos qué quiere hacer.

—Quiere revivir a alguien —se queja Blaze—. Necesita a Hollis con vida para hacerlo.

—¿Pero a quién quiere traer de vuelta?

—La pregunta, Selena, sería: ¿a quiénes quieren traer? —murmuró pensativo.

—Tú sabes algo, ¿no? —me observa fijamente Selena.

—Algo me dice que quiere traer a mis padres a la vida.

—Esto está mal; si lo hace, lo más seguro es que algo salga mal —admite Selena.

—Cuando se trae a alguien de la muerte, siempre tienen problemas secundarios —informa Blaze.

—Esto no me gusta —se queja por quinta vez Selena.

—Tenemos que esperar, para así poder actuar —comentó.

—Scar, si a ella le pasa algo, yo misma asesinaré a tu hermano y luego iré por ti —me amenaza Selena.

—Hazlo, no te tengo miedo.

—Pueden tranquilizarse, necesitamos pensar con la cabeza fría para crear un plan y así salvar a Hollis de Evander —intervine Blaze.

—Yo opino que hay que matar al maldito —alza la mano Selena.

—Ese no sería un plan, sería un suicidio —murmu­ró—. Creo que deberíamos derribarlo; cada uno hará una parte.

—¿Tú crees que yo haré lo que tú me digas? —me enfrenta Selena.

—No, pero por Hollis sí —murmuró con cansancio; ella gruñe.

—Esto es su culpa, por meterla en toda esta mierda —declara Selena.

—Ya no nos digas cosas que ya sabemos —bufó.

—Te sientes mal, que todo tu plan se haya ido a la mierda —se burla ella de mí—. Siempre has sido un controlador y, cuando tus planes se van al carajo, entras en modo de ira.

—¡Selena! —le riñe Blaze.

—¿Qué? —se hace la tonta—. No es mi culpa que el imbécil se haya enamorado y que todo se repita nuevamente.




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