Corro por el bosque esquivando los árboles; aún puedo escuchar las sirenas de las ambulancias, de los bomberos y patrullas. Corro con todo el dolor del mundo; debo alejarme de Hollis y de su mundo, tengo que protegerla y, si para hacerlo debo irme, lo haré; es lo mejor para todos.
Salgo hasta la autopista, veo cómo se acerca un vehículo, me coloco en medio de la autopista; el conductor frena bruscamente.
—¡¿Qué carajos te pasa?! —grita el hombre, bajándose del auto. Saco mi arma y le disparo en la pierna.
El hombre aúlla de dolor, su grito desgarrador resuena en mis oídos; subo al coche rápidamente. Arranqué el motor con un rugido y giré bruscamente para salir del pueblo de Falltown, con la firme determinación de alejarme de ese lugar lo más pronto posible. Tengo una misión clara: debo protegerla a toda costa, sin importar el sacrificio que ello implique.
Mis manos, empapadas en sangre, manchan el volante con cada movimiento que hago. El vehículo responde a mi aceleración, avanzando con una velocidad que parece no tener límites. La rabia, el rencor y el enojo se apoderan de mí, envolviéndome en una oscura nube de recuerdos que no consigo evitar. Una y otra vez, la trágica muerte de Blaze se repite en mi mente, como un eco implacable que no me da tregua. Cada imagen de su pérdida incrementa el fuego de mi ira, impulsándome a seguir adelante en esta espiral de acción y desesperación.
Mantengo mi mente enfocada en encontrar a mi hermano y acabarlo; tengo que acabar con él y ponerle fin a todos sus malditos planes de venganza. Piso el acelerador al ver el letrero de Falltown; mi vista se vuelve borrosa por las lágrimas que retengo.
—Todo lo que hago es para protegerte —susurro al aire; veo como poco a poco el letrero desaparece—. La maldición de los cazadores siempre será dejar el amor de tu vida para protegerla del mundo de mierda.
Mi mente se inunda con la imagen de todos esos momentos que compartí junto a Hollis y Blaze. La culpa y el dolor me abrazan con fuerza, llevándome a un estado de angustia total y avivando aún más la llama de mi deseo de venganza. Estacioné el vehículo en un aparcamiento desierto, a varios kilómetros del pueblo, y me dirigí hacia otro de los refugios de los cazadores, que en esta ocasión es una estación de gasolina. Con calma, ingresé a la tienda, sabiendo que el personal que labora allí mantiene nuestro secreto a salvo. Avancé hasta llegar a una máquina expendedora, presioné las teclas introduciendo la clave; la máquina emite un sonido característico. Luego, se aparta un poco a un lado, permitiéndome ver la entrada libre y despejada. Aprovecho esa oportunidad y entro.
Seis años después:
Permanezco sentado en la banca del bar absorto en mi bebida; el vaso de whisky está medio lleno y brilla bajo la tenue luz mortecina del bar. Es una noche tranquila con el suave murmullo de conversaciones y el tintineo ocasional de vasos y botellas en el fondo; observé a la barman, una joven chica de ojos claros y cabello rubio, que no ha dejado de echarme miradas desde que llegué. La puerta del bar vuelve a abrirse; el tintineo de la campana lo anuncia, los pasos del recién llegado resuenan en el suelo de madera, cada uno más pesado que el anterior. Toma asiento a mi lado; lo reconozco al instante, me tenso y estrecho mis ojos; la tensión palpita en el aire.
—Preciosa, ¿podrías darme un trago de ron? —pide una bebida; sin poder evitarlo, recuerdo todos los años de traición y conflicto que él ha tirado a mi vida—. Hola, hermano —finalmente rompe el silencio.
—¿Qué haces aquí? —la joven le entrega un vaso con su bebida.
—Algo malo está por pasar —su voz está cargada de un peso inquietante—. Y necesito tu ayuda —comenta meneando su vaso; no respondo de inmediato; en cambio, endurezco aún más mi mirada; los recuerdos de antiguas heridas arremolinan en mi mente.
El bar parece más oscuro y silencioso, como si el mundo estuviera conteniendo la respiración, esperando una respuesta de mi parte.
—¿Entonces qué dices, hermano?
—Habla, no tengo tiempo para ti, así que sé rápido y específico con lo que vayas a decir.
—Eamon, una guerra se aproxima y es mejor que escojas el bando ganador.
—¿Por qué estás tan seguro de eso?
—Ven conmigo, debes verlo con tus propios ojos y lo entenderás.
—Si esto es una trampa, te asesinaré.
—Lo sé, pero no lo es, tenemos los meses contados antes de que comience —murmura.