Falsa Ilusión

CAPÍTULO 25

-¡Lo que nos faltaba!- clama Mara enseñando su celular.

-Pero ni nos afecta, nosotros ni salimos a esa horas, nos dará igual.-le responde Jim.

-Y si un día queremos hacerlo, ahora ya no podremos, porque habrá toque de queda.

-Tranquilízate chillona, que duran muy poco, a veces solo es por protocolo-es ahora Alec quien le responde.

-¡Ash! Porque se fue Luann y no tú.-Mara se queja sarcásticamente.

-Porque uno de los dos debía sacrificarse y quedarse con los niños.

-Somos más maduros que tú.

-¿Quién le pregunto?.-Alec nos mira a Jim y a mi.-¿Cómo la aguantaste tanto tiempo?-le dice a Jim.

Este solo alza los hombros en forma de respuesta.

-¿Dónde está Luann?.-le pregunto a Jim mientras esos dos continúan discutiendo.

-Como integra el club estudiantil, es la primera referencia que tiene los superiores cuando requiere asistencia.-intercambiamos mirada.- ósea cuando quiere un secretario o simplemente una carga maletas.

-¿Pero entonces esta?-preguntaba referiendome al lugar.

-Ni idea, es supersecreto, somos agentes nunca decimos a donde vamos ni…

-En la central....es más que seguro-lo interrumpe Mara

-Ni yo sé cómo la aguanto tanto tiempo-le dice Jim a Alec respondiéndole a su pregunta anterior.

Dejo de escuchar a esos tres en cuando el elevador se detiene y entra esa figura que conozco tan bien.

-Aurora-saluda.

-Jace.-respondo.

Saluda al resto pero estos poca atención le prestan pues continúan molestándose entre sí.

El piso de Mara está en la tercera planta, el Jim y su hermana en la quinta, y mi piso está en el octavo.

-Ya que sé que van para el mismo lugar, no te molestaría que esta vez pase de ti, ¿verdad?-dice Alec, pues aunque vive en el edificio de alado, por cortesía nos acompaña al nuestro.

-Para nada.

-Bien chicos, no se peleen-nos hace una seña de “ los vigilo”- sean roomies ejemplares.

Los mejores, responde mi conciencia.

-¿Qué tal?-me pregunta Jace

-Bien, y ¿tú qué tal?

-Super – dice y sin esperarlo me da un beso en la mejilla.

Cuando quiero reaccionar, ya ha escapado del elevador y está entrando al piso.

Sonrió viendo el reflejó de mi rostro sonrojado por su acción.

-¿Tu sabías que tenemos toque de queda?-digo caminando a la cocina.

Un bombo siempre se lava las manos.

Al fin tienes razón en algo, le digo a mi conciencia.

-Ah si, lo dijeron por las bocinas en el almuerzo

-¿Enserio?- asiente- no las escuche.

-Bueno… quizás estabas distraída pensando en alguna cosa.

-Quizás

-O en algún muchacho.

-¿Muchacho?-pregunto fingiendo incomprensión.

-Si, algún afortunado en ocupar un espacio en tus pensamiento.

Camino hacia él. Está sentado en el único sofá, concentrado en lo que tiene dentro de unas bolsas.

-¿Alguna idea de quien podría ser ?

Ahogo un chillido cuando mi cuerpo pierde el equilibrio. Al abrir los ojos, descubro que estoy sentada en sus piernas. Por inercia, uno de mis brazos pasa sobre sus hombros.

-Probablemente seria yo.

Sonrió sin evitarlo, es que es muy difícil concentrarse así.

-Eres un egocéntrico Jace Bane.-le respondo sin dejar de sonreír.

-¿Qué?

-Que eres un- me beso callándome.

-¿Decías?-dice al separarse.

-Eres un

Volvió a besarme.

-¿Qué?

El tercero seria mío.

-Egocéntrico- dije a milímetros de sus labios, y continue el beso.

Los besos empezaron a ser dulces, suaves, delicados como siempre lo habían sido, con esa fragilidad que me hacía sentir cada latido de nuestros corazones, pero esta vez algo cambio.

Las caricias de mis manos en su nuca, sus dedos en mi mejillas, algo de eso, invoco la lujuria.

El beso era más profundo, con más fuerza, con más ganas, era como si lo único que ahora importara fuera besarnos.

Su manos descendieron hasta apoyarse en mi cadera, un trazo eléctrico sobre toda mi espalda. Sin pensarlo, solo dejándome llevar por la decisión de mi cuerpo, me moví, acomódame sobre él, mis piernas estaban a cada lado de su cintura.

Lo necesita cerca. Más cerca

Y lo entendió.

Me atrajo con más fuerza hacia él, pegando por completo su cuerpo contra el mí. Lo sentí caliente, fuerte, firme…. vibrante. Nuestros pechos subían y bajaban chocándose ligeramente con cada respiración. Sus manos ascendieron lentamente por mi espalda causando que aquellos débiles espasmos eléctricos aumentaron con más fervor.

Sus labios me reclamaban cada vez con más urgencia. Mis dedos subieron su nuca abriendo camino entre sus cabellos, atrayéndolo más a mí. Quería sentir su boca, sus manos, todo de él sobre mi cuerpo.

No tenía idea de cuando había guardado tanto deseo por Jace, solo quería ya no ocultarlo.

Los jadeos se liberaron, sus labios bajaron a mi mandíbula luego a mi garganta, y sus manos regresaron a mi cadera. Me arqueé ante las fuertes sensaciones que desprendían el peso de su boca en mí.

La lujuria nos habia envuelto , apagando mundo real, anulando el exterior.

Pero la pasión no puede silenciarlo todo.

Una vibración perteneciente de su pantalón me hizo reaccionar.

Jace parecía muy sumido en recorrerme. Eso hizo aún más difícil apartarme de él… pero difícilmente lo hice.

El movimiento fue tan brusco que ambos terminamos deteniéndonos.

Me deslicé de vuelta a mi lugar, aún temblado. Los dos echamos la cabeza hacia atrás, jadeando por lo acabamos de contener.

De reojo, lo vi sacar el celular de su bolsillo. Miró la pantalla por unos segundos.

-No me tardo. -murmuró, mientras se levantaba para desaparecer por la puerta.

Mis latidos regresaron a la normalidad, el calor se esfumaba, me levante escabulléndome en el baño.

Choque con mi reflejo en el espejo, sorprendiéndome por completo de esta imagen que traía.

En lo primero que me fije fue en mis labios, sentía un leve ardor, y miraban un poco hinchados, que más señal que afirmaran lo rosa que habían tornado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.