Faltante

Sin Nombre

La noche ha sido maravillosa.

La tenue luz en los faros ilumina nuestro camino de manera suficiente para ir a nuestro destino: el tren ligero de la ciudad.

Una suave capa de lluvia compaña el ligero viento frio de la hora nocturna, siendo avistada por todos gracias a las luces de los autos que transitan por debajo de nuestro transporte «aéreo», pues la línea está construida por encima de las grandes avenidas, sostenida por gruesos pilares que se distinguen a la distancia.

Todos salimos del cine, felices por la divertida película que habíamos presenciado, jugueteando, platicando y emocionados por todo lo antes presenciado. En verdad me llegó al alma el largometraje, cálidas gotas saladas nacieron en mis ojos y recorrieron mis mejillas hasta mi cuello.

Pero de todo lo que pasó en esta velado, lo mejor es el tiempo que pasé con mis amigos, la dicha de tener personas tan buenas y amables en mi vida hicieron de este corto tiempo uno bastante bello. No cambiaría por nada la amistad qué tengo con estas increíbles personas, son ellos los que hacen que mi día a día sea importante, que haya luz en la oscura senda que recorro solo.

El clima es hostil, todos intentan acurrucarse los unos con los otros; pero yo no necesito de eso, amo el frío, sentirlo en mi piel me hace sentir vivo, me genera una fascinante sensación por todo el cuerpo. No entiendo por qué a mis amigos les cuesta tanto trabajo soportarlo, si es lo mejor que puede existir en el mundo.

Aunque saben que me gusta este clima, uno de ellos, que se preocupa mucho por mí, se la pasa ofreciéndome una de sus chamarras. La he negado, pero éste me la regresó molesto, pidiéndome que me la ponga a la fuerza. Otro de ellos sólo me vio a los ojos y me sonrió, dándome a entender que sabe que nuestro amigo sólo se preocupa por mí. Luego, me dio un pequeño abrazo y me dijo que no quería que me enfermase, pues pronto nos reuniríamos nuevamente.

Regresé ese abrazo con cariño, por supuesto que yo también quería verlos nuevamente, siempre deseo hacerlo. Son mi vida y no deseo soltarla.

Al subir las escaleras hacia el tren ligero, mi amigo, con quien juego por medio de la computadora en la noche, me citó para comenzar una partida más de rato. Por supuesto que no me negué, ese tiempo que pasamos juntos me causa mucha felicidad y emoción. Jugar junto con él en las noches es tan divertido que, a veces, sin decírselo, estoy muriendo de sueño y dejo de hacer otras cosas sólo para acompañarlo.

Compramos los boletos para poder pasar hacia el andén del lugar, despidiendo con un abrazo muy fuerte a mi linda amiga, y ella a cambio me apretó mucho, pues así demuestra su cariño. Me fascina platicar con ella y nos cuesta mucho despedirnos. Aunque nos veamos poco, sabemos muy bien que siempre deseamos volvernos a encontrar.

Luego, me despedí de mi otra amiga, pidiéndole no «desaparecer», ya qué no se reúne tanto con la «pandilla» y en verdad me gusta platicar con ella, compartir cosas y pasarla juntos. Es muy divertida y su sonrisa deshace todo lo malo que me rodea.

Después, le di un gran abrazo a mi amigo, para luego confirmar nuestra cita con los videojuegos. El obviamente declaró que estaría esperándome en la noche, listo para patear tantos traseros como podamos.

Seguido, ofrecí el mismo afecto a el chico que se preocupa por mi salud, a quien aprecio demasiado y confió todo lo que siento sin dudar. Lo levanté un poco en el aire al sujetarlo, pues en verdad me encanta platicar y compartir cosas con él. Hace poco nos conocimos, mas el tiempo no define lo mucho que nos queremos.

Por último, me despedí de quien me ofreció su chaqueta. Me acerque a él para juntar nuestras mejillas, pero éste rechazó ese pequeño afecto, moviendo su rostro, no devolviéndome la demostración de afecto con poco ánimo. Sentí algo extraño, un pequeño pinchazo en el pecho, un extraño vacío en mi mente. ¿Por qué?

No lo sé, no debo de darle importancia a cosas pequeñas como esas.

¿O sí?

Todos iban en dirección contraria a mi destino; por lo cual, tuvimos que separarnos al subir hasta donde el tren ligero puede recogernos. Yo vi cómo todos llegaron al lado opuesto, algunos se despidieron de mí moviendo sus manos, sólo dos no lo hicieron: mi amiga que se desaparece y el chico que no se despidió de mí como esperaba.

A todos los quiero mucho, en verdad. Siento un afecto muy especial por cada uno; pero él fue a quien conocí primero, con quien tuve la dicha de poder mostrarme como soy y de poner mi corazón en sus manos. No importa qué pase, me es imposible enojarme de verdad con él, lo quiero muchísimo. Aunque no sea reciproco el sentimiento.

El transporte los recogió rápido, sólo alcancé a ver cómo éste se llevaba a mis amigos, quedando yo ahí solo.

Recorrí el andén hacia la orilla, dejando que la lluvia tocara mi cuerpo, pensando en todo lo que ha pasado en mi vida.

La oscura noche cubrió mis ojos de oscuridad, un terrible hueco se sintió en mi corazón y las perlas que están detrás de mis labios alcanzaron a ver un delgado rayo de débil luz.

Nada queda ya por decir, sólo que, sin pensar, sin vacilar, vi los fuertes haces de luz venir hacia mí.

No puedo describir qué se sintió percibir cómo aquel mar de sentimientos inundó mi mente hasta ahogarla en un congelante sentimiento iracundo.

Cómo aquel golpe contra mi alma fue incluso más fuerte que el del tren ligero que rápido azotó mi cuerpo hasta hacerlo pedazos, acabando con todo lo que había por delante de mí.

Fue una noche maravillosa.

La brillante luz ilumina cada rincón del lugar, junto a la ligera capa de lluvia que cae por doquier, combinándose con las largas líneas de sangre que cubren las frías vías, siendo oprimido cualquier sonido por los horridos gritos de aquellos que presenciaron el acto.



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En el texto hay: misterio, intriga, terror

Editado: 28.10.2020

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