La noche dio paso a un amanecer gris sobre Villa Aragón. La policía ya había acordonado el perímetro, pero el eco del escándalo ya resonaba por toda la ciudad. Mientras los últimos invitados se retiraban, algunos con expresiones de genuina conmoción, otros con la excitación morbosa de haber presenciado un evento que pasaría a la historia, Maura Silva se negó a abandonar la escena.
Su primera prioridad era el cuadro robado: "La Mirada de Medusa". Era una pieza central, no solo por su valor monetario, sino por el simbolismo que representaba para la subasta y para la propia familia Aragón.
—Ramos, necesito que contactes a la Dra. Elena Ríos. Es mi referente en arte. Quiero su opinión sobre "La Mirada de Medusa" —ordenó Maura.
—¿Cree que el robo del cuadro está directamente relacionado con el asesinato? —preguntó Ramos, con el ceño fruncido mientras revisaba el inventario de la mansión.
—Podría ser el móvil principal o una elaborada distracción —contestó Maura, observando el pedestal vacío donde el cuadro había estado—. Pero lo que sí es seguro es que no fue un hurto oportunista. Fue planificado.
Horas después, la Dra. Elena Ríos, una mujer de cincuenta y tantos años con gafas apoyadas en la punta de su nariz y una mente enciclopédica sobre el arte, llegó a la mansión. Su rostro se ensombreció al ver la escena del crimen. Maura la condujo hasta el pedestal vacío.
—"La Mirada de Medusa" —dijo la Dra. Ríos, con un suspiro—. Una pieza fascinante y problemática. Su valor es incalculable, pero no solo por su autoría. Se rumorea que podría ser el eslabón perdido de una serie de obras que desaparecieron hace siglos. Otros, sin embargo, susurran que es una de las falsificaciones más brillantes de la historia.
—¿Una falsificación? —preguntó Maura, la palabra resonando con un nuevo significado.
—Sí, detective. Una que engañó a los mayores expertos durante décadas. Aunque Ademir siempre insistió en su autenticidad. Era su fetiche, su orgullo y, para algunos, su mayor enigma. Si es falsa, su valor caería a cero. Si es auténtica, supera los millones.
La información de la Dra. Ríos sembró una semilla de duda en la mente de Maura. Un cuadro que podía ser una obra maestra o una burla... el doble juego de Ademir empezaba a hacerse evidente.
Mientras tanto, el equipo forense seguía trabajando en el estudio. No encontraron huellas dactilares claras en el abrecartas, el mango de plata estaba demasiado grabado. Pero descubrieron pequeñas fibras de un tejido inusual, de un tipo de lana fina que no parecía pertenecer al mobiliario del estudio.
Maura se reunió con Ramos, quien traía noticias de su investigación sobre las finanzas de Ademir.
—Los primeros informes de contabilidad son... interesantes, detective. Ademir Aragón era un hombre inmensamente rico. Pero en los últimos seis meses, realizó varias retiradas de efectivo bastante significativas de sus cuentas personales. Cantidades que no se corresponden con ningún pago a proveedores o inversiones conocidas.
—¿Cuánto dinero? —preguntó Maura.
—Más de doscientos mil dólares en total, retirados en diferentes transacciones. Y no hay registro de a dónde fueron.
La imagen de Ademir como un hombre de negocios impecable se desdibujaba. Retiradas de efectivo inexplicables, rumores de un cuadro que podría ser una falsificación... el patriarca parecía tener más secretos de los que aparentaba.
Maura se sumergió en el informe de los alibis de los familiares, que Ramos le entregó.
• Ana Luisa: Afirmó estar en la galería, hablando con invitados importantes. Varios pudieron confirmarlo, pero no de forma continua durante toda la ventana de la muerte.
• Eugenio: Argumentó estar con inversores alemanes en la sala VIP. Los inversores corroboraron su presencia, pero admitieron que Eugenio se ausentó un par de veces para hacer llamadas o buscar bebidas.
• Faustino: Declaró estar en la bodega de vinos de la mansión, eligiendo un Grand Cru para una cena. Sin testigos que pudieran confirmar su permanencia durante todo el período.
• Bernardo y Susana: Los nietos afirmaron estar con amigos, dispersos por la fiesta. Sus alibis eran los más endebles.
• Céline Duarte: La esposa de Eugenio, afirmaba estar con su esposo, pero también admitió haberse alejado de vez en cuando.
• Matías Aragón: El nieto artista, hijo de Ana Luisa, dijo que estaba en el jardín, dibujando, alejado del bullicio. Nadie lo vio.
• Clotilde Ayala: La mejor amiga de Ademir, afirmó estar en la galería, conversando con otros amigos de Ademir.
Todos tenían un alibi, pero ninguno era lo suficientemente sólido como para exculparlos. Cualquiera pudo haber aprovechado el caos de la subasta para deslizarse hasta el estudio.
Maura examinó de nuevo el gemelo de platino y zafiro.
—Ramos, el gemelo. La joyería confirmó que fue comprado con la cuenta corporativa de los Aragón. Eso significa que cualquier miembro de la familia pudo haber tenido acceso a él. Incluyendo a Faustino.
Faustino, el hermano amargado de Ademir, cuya voz resonaba con "deudas del pasado" y "errores que Ademir pensó que podía enterrar". Y el gemelo, un obsequio que podría ser una marca de la víctima, o del asesino. La trama se tensaba, y Maura Silva sabía que el cuadro de la Familia Aragón estaba lejos de estar terminado...