Familia Armada

(1-El inicio)

Era un día nublado. Las gotas caían sobre el techo de la casa. Diana, la mamá, preparaba la cena mientras los chicos —Santiago, Isaí y Mario— jugaban Street Fighter.

Santiago siempre ganaba porque era demasiado bueno en los videojuegos, especialmente en los de disparos. A Isaí no tanto; a él le gustaban más los juegos de aventuras y de pelea. De hecho, Santiago e Isaí habían estado cuatro años en karate. A Mario no le gustaba mucho, y en cambio tomó cuatro meses de clases de manejo. Es una bestia manejando, y eso que solo tiene once años.

El papá, John, salió de la casa

con la mirada en el suelo. Llevaba una chaqueta negra de cuero, un sombrero elegante y su mítica Desert Eagle dorada personalizada. Nunca la llevaba por esos rumbos.

John se subió a su camioneta y condujo hacia un lugar oscuro y desagradable. Se estacionó, bajó del vehículo y entró con

Con el arma en mano, ahí lo esperaba Hawke, su mejor amigo. Lo había conocido en el cartel de Félix 609; desde entonces se hicieron amigos del alma.

—Estás en graves problemas, carnal —dijo hawke con la voz gruesa y seria

—Es que no tengo los quinientos mil pesos, no puedo pagar —gritó John mientras tiraba la mesa y disparaba el arma al cielo, lleno de rabia y miedo.

—Cálmate, amigo. Todo va a estar bien —respondió Hawke con preocupación.

—Oigan, ¿y esas camionetas? —dijo Santiago con curiosidad—¡Woow! Es una Ford F-150 —exclamó Mario.

—Esperen, no tiene placas. No se confíen mucho —dijo Isaí, desconfiado y con los ojos entrecerrados.

Los niños se escondieron porque vieron a uno con un arma.

—¿Qué arma es? ¡Rápido! —dijo Mario mientras se tapaba con un cojín.—

—Es una Uzi. Son rápidas y letales —exclamó Santiago mientras se cubría con una cobija. Sentía cómo su estómago parecía explotar del miedo.

—Les dije que no eran amigables. Iré a avisarle a mamá —susurró Isaí, asustado.

Isaí corrió hacia la cocina.

—Mamá, tengo que decirte algo —confesó mientras se acercaba apresurado.

—¿Qué pasó, hijo? —preguntó Diana, tranquila y amorosa.

—Pues que me maten, no tengo el dinero —lamentó John mientras se tomaba una cerveza.

—Es que no van a matarte a ti —confesó Hawke con poca tristeza.

—Explícame, Hawke. No te entiendo —preguntó John con intriga.

—Va-van por tu familia —tartamudeó Hawke.

—¿Qué te pasa, idiota? ¿Por qué no me dijiste? —gritó John mientras salía corriendo.

Se subió a su camioneta y condujo a toda velocidad hacia su casa, pero era demasiado tarde

—¡Mamá, están entrando! ¿Qué hago? —gritó Isaí mientras le jalaba la mano a Diana.

—Vengan, vamos a escapar —ordenó Diana mientras corría hacia la ventana

Mario salió primero. Luego Isaí. Cuando Diana estaba por salir, Santiago estiró el brazo para ayudarla.

De pronto, la puerta salió volando de una patada.

Flavio, el jefe del cartel, entró furioso. Jaló la pierna de Diana y la tiró al suelo.

Santiago logró salir de la casa junto con los demás.

Diana le rogó a Flavio

Flavio no escuchó las súplicas de Diana.

Afuera, los chicos oyeron tres disparos que rompieron el silencio de la noche. Después de unos segundos que parecieron eternos, las camionetas arrancaron y los hombres se fueron.

Tres minutos más tarde llegó John.

Los niños corrieron hacia él y lo abrazaron con fuerza, temblando.

—Papá… —susurró Santiago.

John entró a la casa con el corazón acelerado Entonces la vio Diana estaba en el suelo, inmóvil. Tres disparos habían acabado con todo Dos en el pecho. Uno en la pierna. El mundo de John se vino abajo en ese instante.

Tres horas después, John estaba sentado en el sofá mientras la funeraria se llevaba el cuerpo de Diana. Tomaba cervezas una tras otra, sin detenerse, mientras de fondo sonaba “Te vas, ángel mío”.

Su mirada estaba vacía.

El dolor comenzó a transformarse en algo más oscuro. Hubo momentos en los que, sin razón, descargó su rabia contra los niños. No entendía lo que hacía; estaba perdido.

En el funeral, John disparó al aire mientras lloraba y bebía tequila. Su grito se mezclaba con el llanto de sus hijos.

Santiago, Isaí y Mario se abrazaban entre ellos. Ya no solo habían perdido a su mamá… también estaban perdiendo a su papá.

Cuando regresaban a casa, lo veían sentado, tomando en silencio, hundido en su culpa.

Pero los niños tenían un plan.

FIN…



#731 en Thriller
#315 en Misterio
#2049 en Otros
#374 en Acción

En el texto hay: armas disparos, narcos

Editado: 18.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.