Familia Armada

(2-Ahogado en tus penas)

Los niños tenían un plan: querían escapar y buscar una vida mejor, no llena de lujos, sino de tranquilidad.

En la escuela conocieron a tres chicos: Pablo, Carlos y Alberto. Se volvieron mejores amigos de Santiago, Isaí y Mario. con el tiempo, los seis cumplieron trece años y ya estaban en la secundaria.

Cada día regresaban a casa y veían a su papá sentado, sin ganas de hacer nada. John apenas hablaba. Solo bebía y miraba al vacío.

Ellos, en silencio, se iban a dormir.

Por las tardes salían a jugar fútbol para distraerse un poco.

Un día, mientras jugaban en la calle, Santiago gritó

—El que le de mas alto gana—

Primero tiró Isaí. Le pegó tan fuerte que la pelota golpeó un edificio cercano, justo en el tercer piso.

Luego fue Mario. Le dio con tanta potencia que el balón rebotó contra la pared… y salió disparado directo a la cara de Alberto.

Alberto cayó al suelo.

Se tuvo que ir porque le sangraba mares la nariz. Fue el turno de Santiago. Le pegó y se desvió, y le dio directo a la ventana de su casa, en la puerta a la que no entraban desde que murió Diana. El papá la cerró y no la volvió a abrir, y les prohibió a los niños entrar ahí.

Los niños vieron la oportunidad y, por andar de curiosos, hicieron una montañita y entraron. Ahí vieron cientos de paquetes de cannabis, muchas armas y las llaves de la camioneta del sótano.

—Con esto podemos conseguir dinero —exclamó Santiago.

—¿Están seguros? Si papá nos ve o nos encuentra, estamos jodidos —susurró Isaí.

—Tienes razón, tenemos que planear todo —susurró Mario en voz baja.

Los niños siguieron con sus estudios. Isaí era el más inteligente; sacaba nueve o más en sus calificaciones. Todavía no era el momento.

El frío entraba por esa ventana rota. Los niños hablaban en voz baja, imaginando sus vidas como narcos, hasta que Isaí dijo algo que despertó su lobo interior.

—Yo también… pero también para vengar a mamá —susurró Isaí con rabia.

—Tengo un plan —dijo Santiago.

—¿Cuál? Suelta todo —gritoneo Mario en voz baja.

—Vamos a investigar hasta qué calzones usa ese wey —susurró Santiago mientras se volteaba para dormir.

Todos se durmieron.A la mañana siguiente empezaron a investigar todo: su nombre, Flavio Sánchez Elario; su cartel y hasta su ubicación.

No era un juego. FIN



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En el texto hay: armas disparos, narcos

Editado: 18.02.2026

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