Lia Blake
15 años.
Hay personas que pueden recordar exactamente dónde estaban cuando ocurrió un evento histórico y yo puedo recordar exactamente dónde estaba cuando Mason Heart me sonrió.
Y sí.
Sé como suena eso.
Pero si hubieras sido fan de Midnight Records en 2014, me entenderías.
Mi habitación parecía una sucursal no autorizada del fandom.
Había posters en las paredes, en la puerta, detrás de la puerta y un póster tan grande de Mason encima de mi escritorio que mi mamá lo llamaba “el sexto miembro de la familia”.
Tenía fotografías impresas pegadas alrededor del espejo, recortes de revistas, entradas de conciertos a los que nunca pude asistir pero que una chica de Argentina me había regalado por correo porque sabía cuánto amaba la banda.
Pulseras de tela y de plástico, las compraba por internet jurando que algún día serían piezas históricas.
Mi corcho estaba lleno de fotos de Midnight Records, mi fondo de pantalla era Midnight Records, mi protector de celular era Midnight Records y si alguien revisaba mis carpetas de la computadora, descubriría que probablemente tenía más fotografías de ellos que de mi propia familia.
Lo cual no era preocupante… probablemente.
Miré el reloj.
7:58 p.m.
Faltaban dos minutos para el livestream, solo dos minutos.
Mi portatil estaba abierta frente a mí, tenía Twitter en una pestaña, el livestream en otra y… bueno, tambien un fanfic que no pienso discutir.
Estaba usando mi camiseta favorita de Midnight Records, la de color negro que pertenece a la gira Midnight Songs Tour. La había comprado con los ahorros de casi tres meses y todavía me parecía una de las mejores inversiones de mi vida.
Mi celular vibró, la notificación del grupo “Midnight Girls” apareció en la pantalla.
Mariana: “CHICAS FALTAN DOS MINUTOS”.
Sofia: “SI MASON TRAE GORRO ME MUERO”.
Valentina: “RYAN SUBIÓ UNA FOTO HACE DIEZ MINUTOS”.
Yo: “ESTOY TEMBLANDO”.
Mariana: “Lia, llevas temblando desde ayer”.
Vale, eso era injusto, porque era verdad.
Conocía a esas chicas desde casi dos años y nunca las había visto en persona; una vivía en Colombia, otra en Chile, otra en Perú… pero sabía sus cumpleaños, sus canciones favoritas, los nombres de sus mascotas, los chicos que les gustaban y los horarios en los que se conectaban cuando estaban tristes.
Mis mejores amigas estaban dispersas por todo el continente, todas unidas por una conexión a internet mediocre y cinco chicos que jamás habían oído hablar de nosotras.
Y aun así, se sentían más cerca que muchas personas de mi escuela.
La cuenta regresiva apareció en pantalla.
Sesenta segundos y mi corazón comenzó a golpearme las costillas.
Cincuenta.
Cuarenta.
Treinta.
Veinte.
Diez.
–Vamos, vamos, vamos…
Cinco.
Cuatro.
Tres.
Dos.
Uno.
–¡YA EMPEZÓ!
El mensaje de Mariana apareció en el grupo exactamente al mismo tiempo que el livestream cargó por completo y mi corazón dio un salto.
–Dios mío, Dios mío…Lia debes comportarte– me dije en voz baja.
Claramente no me hice caso.
La pantalla mostró primero el logo de Midnight Records, una luna menguante abrazando cuatro estrellas pequeñas, y el chat explotó.
Literalmente.
Miles de mensajes comenzaron a aparecer tan rápido que era imposible leerlos.
“MASON TE AMO”.
“RYAN CASATE CONMIGO”.
“ALEX RESPONDE MIS MENSAJES”.
“MILO, ERES MI HIJO”.
“THEO PARA PRESIDENTE”.
Yo estaba bastante segura de que internet estaba colapsando colectivamente… y entonces aparecieron ellos.
Theo fue el primero en entrar en cámara, por supuesto, siempre parecía preparado para cualquier cosa. Llevaba una camisa oscura arremangada hasta los codos y sonreía como si hubiera nacido para ser entrevistado.
–Hola, chicos. Gracias por conectarse esta noche.
Claramente el chat perdió completamente la cabeza.
Sofia: “THEO SE VE INCREIBLE”.
Mariana: “THEO SIEMPRE SE VE INCREIBLE”.
Justo cuando Theo intentaba continuar hablando, alguien se lanzó sobre él desde fuera de cámara.