Fan #1

Capitulo 2 "No actues como fan"

Lia Blake

La noche anterior a la reunión dormí exactamente tres horas y media.

No porque estuviera terminando una campaña o corrigiendo una presentación, ni siquiera porque estuviera preocupada por mi trabajo.

Mi cerebro había decido repasar cada momento vergonzoso de mi adolescencia relacionado con Midnight Records.

Todos, sin excepción.

A las dos de la mañana recordé aquella vez que defendí a Mason Heart en Twitter durante cuarenta y siete comentarios consecutivos.

A las dos y media recordé que escribí un fanfic de ciento veinte páginas donde él me invitaba a una gira mundial.

A las tres recordé que había llorado viendo un documental de la banda… dos veces.

A las tres y quince recordé que todavía existía evidencia fotográfica de mí usando una camiseta de Midnight Records tres días seguidos durante unas vacaciones familiares.

Vaya, la ansiedad era una experiencia maravillosa.

Cuando el reloj marcó las tres y media, me rendí.

Me levanté de la cama, caminé hasta el clóset y saqué la caja.

Había jurado que no lo haría.

Me dije a mí misma que era una profesional, una adulta con una cuenta bancaria (casi) funcional y un título colgado en la pared.

Pero ahí estaba yo, de rodillas frente a mi clóset, sacando la caja de zapatos que tenía más polvo que recuerdos.

Al abrirla, el olor a papel viejo y nostalgia me golpeó de frente.

Mis dedos rozaron los bordes desgastados de un póster que alguna vez fue el centro de mi universo, ahí estaban ellos, cinco chicos con peinados imposibles y sonrisas que prometían que el mundo siempre sería brillante.

En el centro, Mason Heart me miraba con esa intensidad que me hacía creer, a los quince años, que él sabía exactamente quién era yo.

–Mañana voy a verlos– susurré a la habitación vacía– No te desmayes, no llores y no les pidas que te firmen el brazo.

Cerré la caja con un golpe seco.

Mañana no sería la fan, sino que sería una compañera profesional… o al menos, eso intentaría fingir.

🎤🎤🎤

Nova Entertainment no era una oficina; era un templo al ego y al éxito.

Caminar por los pasillos de cristal me hacía sentir como si mi saco de segunda mano gritara “barato” en cada paso que daba.

Todo el mundo parecía estar en medio de una crisis creativa o cerrando un contrato millonario; me sentía diminuta, una mancha de color en un mundo de blanco y negro minimalista.

–Lia, qué bueno que llegas– la voz de Andrea Morales cortó mis pensamientos.

Andrea era el tipo de mujer que caminaba como si el suelo fuera una pasarela; no hablaba, sentenciaba.

Me llevó al área de ensayos, un laberinto de insonorización y cables.

–Están un poco inquietos– me advirtió Andrea mientras ponía su mano en el pomo de la puerta– Han pasado mucho tiempo lejos de los medios, no están acostumbrados a que alguien de fuera entre en su círculo, pero confío en tu instinto. No me hagas quedar mal.

Tragué saliva.

No me hagas quedar mal.

El PowerPoint de mi síndrome del impostor acababa de añadir una diapositiva de golpe.

Cuando la puerta se abrió, el sonido de un teclado eléctrico se detuvo de golpe.

–¡Es ella!– un chico rubio con una energía que solo puedo describir como “cachorro con sobredosis de azúcar” saltó del sofá verde en la sala.

Antes de que pudiera decir “hola”, me rodeó con sus brazos en un abrazo que me dejó sin aire… exactamente igual que como lo habría imaginado.

Porque algunas personas crecían, pero Milo Foster simplemente evolucionaba.

A los quince años estaba convencida de que sobreviviría al apocalipsis únicamente porque no se daría cuenta de que estaba ocurriendo.

Era el chico que se caía en los escenarios, quien olvidaba las letras e iniciaba guerras de almohadas durante entrevistas serias.

Y aparentemente, ocho años después, seguía abrazando a desconocidos como si fueran familiares perdidos.

–¡Hola! Soy Milo– sonríe ampliamente– ¡Qué alegria! Andrea dijo que eras una genia del internet ¿Eres una genia?… Por favor, dime que traes dulces.

–Milo, suéltala, la vas a asfixiar.

Un chico alto, con una presencia que irradiaba calma y autoridad, se acercó con una sonrisa amable. Era Theo, el “papá” del grupo.

Me tendió la mano con elegancia.

–Bienvenida, Lia– asiente– Ignora a Milo, su filtro social se rompió en 2018– sonrie de lado– Soy Theo, estamos realmente felices de tenerte aquí.

–Gracias, Theo– logré decir apenas, sintiendo como mi pulso se estabilizaba un poco gracias a su tono protector.

Durante años, Theo Carter había sido el integrante que todas las madres adoraban.




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