Fan #1

Capitulo 5 "Favorito"

Mason Heart

–Tres, dos, uno… publicado– anunció Lia, levantando un dedo en el aire como si acabara de lanzar un mísil de Nova Entertainment.

Estábamos los cinco reunidos alrededor de la mesa de la cocina.

En la pantalla de su tableta, el primer video de nuestra cuenta oficial de TikTok acababa de subirse; era simple, directo, letal: una transición fluida que empezaba con nuestra fotografía original del callejón en 2015 y, con un efecto de parpadeo idéntico al de los edits que nos enseñó antes, se transfomaba en la recreación exacta que nos tomó hace unos días.

El audio de fondo era un fragmento de apenas cinco segundos del coro de “Golden Lights” remasterizado.

Durante los primeros treinta segundos, nadie respiró.

–No está pasando nada– reprochó Ryan, acomodándose la sudadera y mirando el contador en ceros– ¿Segura que no lo pusiste en privado, Lía?

–Dale un segundo, Ryan. El internet tiene que procesar el colapso– respondió ella, sin quitar la vista de las métricas.

Y entonces, la pantalla se volvió loca.

El contador de reproducciones no subía de uno en uno, sino que saltaba de mil en mil.

Las notificaciones de comentarios empezaron a deslizarse tan rápido que era imposible leerlas.

–¡Dios mío, está funcionando!

Milo saltó del banco de la cocina, derramando un poco de cereal en el proceso, y comenzó a bailar alrededor de Alex, quien por primera vez tenía una sonrisa gigantesca que no intentaba ocultar.

–¡Mira eso! ¡Cincuenta mil vistas en dos minutos!

Theo soltó un suspiro largo, apoyando las manos en la barra de la cocina; parecía que le hubieran quitado un saco de cemento de la espalda.

–Lee los comentarios, Lía– pidió Theo, con la voz un poco rota.

Lía deslizó el dedo por la pantalla y empezó a leer en voz alta algunos de los mensajes que se fijaban en el inicio.

“¡NO PUEDE SER! Las mismas posiciones, la misma ropa… Estoy llorando en mi oficina, mis niños volvieron”.

“¿Ocho años esperando esto? Valió cada maldito segundo. Llorando con Golden Lights en pleno 2016".

“El que tuvo la idea de recrear esta foto merece un aumento, es un abrazo directo a la nostalgia de las fans originales”.

Me mantuve un paso atrás, con los brazos cruzados y la espalda apoyada contra el refrigerador, fingiendo mi habitual papel de “esto no me importa”, pero por dentro, mi maldito muro de contención se agrietó.

Ver el nombre de la banda en tendencia global en cuestión de minutos, leer a la gente decir que seguíamos importando después de la forma tan horrible en que nos desvanecimos… fue demasiado.

No recordaba la última vez que había visto a Theo sonreír así, sin preocupaciones ni necesidad de fingir, solo estaba feliz.

Milo seguía dando vueltas por la cocina como si acabara de ganar la lotería.

Ryan había tomado el teléfono de Lia para leer los comentarios por su cuenta.

Incluso Alex… estaba sonriendo y eso era tan raro que probablemente merecía documentación científica.

Durante años habíamos hablado del comeback como una posibilidad, se mantenía en una idea o un plan lejano, pero viendo aquellas cifras subir en tiempo real… por primera vez se sintió real.

La gente seguía ahí, despues de todo este tiempo, continuaban recordando.

Esperando.

Escuchando.

Algo se movió dentro de mi pecho, una sensación peligrosa: esperanza. No me gustó, porque la esperanza era precisamente lo que más dolía cuando desaparecía.

Por un segundo, dejé de estar alerta.

Olvidé el cinismo, olvidé los contratos y el miedo; sentí un nudo real en la garganta y una oleada de gratitud tan grande que me obligó a mirar a Lía.

Ella no estaba celebrando de forma ruidosa como Milo, solo miraba la pantalla con una sonrisa suave, satisfecha.

Ella lo hizo.

Ella entendía a nuestra gente mejor que la disquera entera. Quise acercarme y decírselo, admitir que su idea del callejón había sido brillante.

Pero cuanto más observaba a Lía, menos sentido tenía, porque ella no actuaba como una fan aunque tampoco actuaba como una ejecutiva.

Cuando Milo hablaba durante veinte minutos sin respirar, ella lo escuchaba… de verdad.

Cuando Ryan hacía un comentario estúpido, ella se reía, no porque fuera “Ryan Monroe” sino porque genuinamente le parecía gracioso.

Con Theo discutía estrategias como si fueran colegas.

Y con Alex … era diferente.

Había notado algo extraño la otra noche, donde Alex había salido de la cocina con una taza de té y una expresión sospechosamente tranquila, como si hubiera tenido una interacción humana positiva.

Un acontecimiento que probablemente ocurría una vez cada eclipse solar.




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