Mason Heart
–El puente de la canción necesita entrar con más fuerza en el bajo, Mason. Si no, el coro del regreso se va a sentir plano– la voz de Alex sonaba monótona, como siempre que estaba sumergido en su libreta de partituras.
–Ajá– respondí, dándole un trago a mi café frío sin apartar la vista de la ventana del estudio.
Era viernes por la mañana.
Llevábamos casi una semana planificando los detalles del video musical para el nuevo sencillo, lo que significaba que llevaba cinco días seguidos viendo a Theo encontrar cualquier maldita excusa para estar cerca de Lía.
Que si le llevaba un bocadillo mientras ella editaba, que si se sentaba junto a ella en el comedor para “revisar comentarios”, que si le sonreía de esa forma estúpida y caballerosa que me revolvía el estómago.
Todavía tenía grabada en la mente la escena de ellos dos riendo en la cocina hace unos días, casi rozándose los dedos.
No es que me importara lo que Theo hiciera con su vida, por supuesto que no, es solo que me molestaba que distrajera a la estratega digital de la banda.
Si, eso era, solo preocupación profesional.
–No estás escuchando un carajo, ¿verdad?– Alex cerró su cuaderno con un golpe seco, sacándome de mis pensamientos mientras me miraba con los ojos entrecerrados– Llevas diez minutos mirando fijamente el árbol del jardín ¿Qué te pasa?
Suspiré, dejando el vaso sobre la mesa.
Con Alex las cosas eran directas, pero yo no estaba listo para ser directo conmigo mismo.
–Es sobre… la chica de TikTok– dije, rascándome la nuca, intentando sonar lo más desinteresado posible– No sé, siento que su presencia aquí está… alterando la dinámica. Theo está encima de ella todo el tiempo y ella parece demasiado cómoda con eso, es molesto. Es como si no perteneciera aquí y solo buscara atención.
Alex me estudió en silencio durante unos segundos.
Sus ojos, acostumbrados a leer entre líneas para componer las letras más sensibles de la banda, se entrecerraron aún más.
Por supuesto, mi orgullo me impedía admitir que lo que sentía eran, posibles, celos, así que mi tono debió sonar extrañamente hostil.
–Ya veo– concluyó Alex, asintiendo lentamente– No te cae bien.
–¿Qué? No, no es que no me caiga bien, es solo que… es rara.
–¿Rara?– levantó una ceja.
–No de una forma mala– cerré los ojos con fuerza.
–Interesante aclaración– por mi tranquilidad, ignoré el tono que usó en ese par de palabras.
–Simplemente… no actúa como esperaba.
–¿Y cómo esperabas que actuara?
Abrí la boca y casi enseguida la cerré, porque no tenía una respuesta clara.
No actuaba como ejecutiva ni como una fan, tampoco como alguien impresionado por nosotros, ella simplemente actuaba… normal.
Y resultaba sorprendentemente desconcertante.
–No lo sé.
Alex me observó durante unos segundos, en silencio, manteniendo su expresión seria de siempre pero con un brillo ligeramente diferente en su mirada.
–Te gusta molestarla.
–¿Qué?
–Te gusta molestarla.
–No.
–Si.
–No.
–Definitivamente si– una pequeña curva se forma en sus labios.
–Alex…
–Mason– asiente.
–Te odio– me tapo la cara con las manos, sintiendo el frio del metal en mis anillos.
–Mason, desde que llegó la has estado tratando como si fuera una intrusa– su voz calmada me pone la piel de gallina– Si te molesta tanto que esté aquí o que hable con Theo, tal vez deberías intentar conocerla antes de asumir que tiene malas intenciones; Lia ha hecho más por nosotros en dos semanas que la disquera en los ultimos ocho años… dale una oportunidad antes de cerrarte.
Bajé mis manos, tragándome mis palabras.
Alex pensaba que la odiaba, que gran broma, pero decidí dejar el tema por la paz antes de terminar cavando mi propia tumba.
🎤🎤🎤
El universo pareció tomarse el consejo de Alex muy en serio, porque justamente el fin de semana se encargó de encerrarnos a solas.
El sábado por la tarde, la casa se quedó completamente vacía.
Theo y Ryan tuvieron que ir a una reunión de vestuario de última hora en Nova Entertainment, Milo había salido a colapsar algún centro comercial con su energía hiperactiva, y Alex se encerró en el estudio de la empresa.
Yo me había quedado en mi búnker, asumiento que estaba solo, hasta que bajé a la cocina por comida y escuché un ruido en el cuarto de lavado.
Al asomarme, encontré a Lia peleándose a muerte con la enorme lavadora industrial de la casa.
Llevaba el cabello recogido de cualquier manera, aunque algunos mechones se habían escapado y caían alrededor de su rostro.