Lia Blake
Si me hubieran dicho a los quince años que terminaría perdiendo una partida de Mario Kart contra Milo de Midnight Records mientras él intentaba robarme papas fritas del plato, probablemente habría pensado que era el argumento de uno de mis propios fanfics.
Pero la realidad de los veintitrés años era extraña, ruidosa y, gracias a Milo, mucho menos solitaria de lo que esperaba.
Después del colapso mental que sufrí en el cuarto de lavado con Mason, mi plan maestro era encerrarme en mi habitación y no salir hasta el comeback en seis meses, pero Milo tenía otros planes.
Con su cabello rubio perpetuamente revuelto, sus ojos azules brillantes y esa energía inagotable que lo caracteriza, ignoró olímpicamente mis intentos de mantener una distancia profesional.
Milo me adoptó, asi… sin pedir permiso.
Por ejemplo, el martes.
🎤🎤🎤
“–¡Lía! Si no sales a comer ahora mismo, le diré a Andrea que estás boicoteando nuestra nutrición– gritó afuera de mi habitación, tocando la puerta al ritmo de una melodía que solo él podía escuchar.
–No tengo hambre– abrí, encontrandome con su sonrisa ancha y los hoyuelos a sus costados que a mas de una volvieron loca durante los conciertos.
–Mentira.
–Milo.
–Mentira profesional.
–Milo.
–Mentira corporativa.
–Milo.
–Mentira con Powerpoint.– fruncí el ceño en su dirección.
–¿Cómo sabías siquiera que seguía aquí?
–Porque llevas cuatro horas sin salir– se encoge de hombros.
–¿Qué?
–Llevo monitoreándote desde el sábado– asiente con orgullo.
–Eso sonó muy perturbador– fruncí los labios, aunque él no parece notarlo.
–Gracias.
–No era un cumplido.
–Lo sé– me tomó de la muñeca– Vamos.
–Puedo bajar sola.
–No confío en ti– ladea el rostro un segundo, dejando que su cabello se deslizara ligeramente en su frente y mostrara sus cejas fruncidas.
–¿Por qué?
–Porque si te dejo sola vas a volver a convertirte en un hongo de oficina.
–Los hongos son importantes para el ecosistema.
–Y tú eres importante para el almuerzo– dijo, sacandome de mi habitación en un parpadeo”
🎤🎤🎤
Terminó obligándome a bajar y a sentarme en la mesa junto a todos ellos.
Al principio, me limitaba a comer en silencio, observando las interacciones con mi libreta digital a mano; pero Milo se encargaba de romper el hielo a base de chistes malos y dinámicas absurdas.
También me arrastró a la sala a jugar videojuegos, usándome como escudo humado contra los implacables ataques de Alex, y me prohibió volver a mi oficina improvisada durante las tardes.
El jueves me arrastró a la sala de ensayos.
🎤🎤🎤
“–Tu oficina ahora es ese sillón. Necesitamos que la jefa dé el visto bueno a los nuevos arreglos.
El ensayo llevaba casi dos horas y nadie parecia estar de buen humor.
Alex estaba frustrado, Theo lucía agotado, Ryan había tocado el mismo fragmento seis veces y Mason parecía dispuesto a declarar la guerra mundial en cualquier momento.
–No funciona– Mason fue el primero en rendirse.
–Si funciona– Theo respondió suspirando, realmente parecía que estaba cansandose de la actitud de Mason.
–No.
–Si.
–No.
–Mason…
–Theo…
–Chicos– intervino Ryan, acercandose un poco a ellos e intentando colocarse en medio.
–No te metas– Mason lo miró fastidiado.
–No me estoy metiendo.
–Te estás metiendo.
–Estoy respirando– incluso yo elevé una ceja con ese comentario de Ryan.
–Respiras muy fuerte.
–¿Qué?
Y entonces Milo apareció en medio de todos, se puso de pie sobre una silla mientras levantaba su mano hecha puño simulando tener un microfono y anunció:
–Bienvenidos a la primera edición de Midnight Records contra sus propios problemas emocionales.
Alex dejó escapar una risa, Ryan se dobló de la cintura e incluso Theo terminó sonriendo.
Cinco minutos después todos estaban de mejor humor y yo no entendía cómo lo hacía Milo… pero lo hacía.”