Faraón: muerte y obra

I: El Faraón

El ratón pigmeo chilló y huyó entre grimorios iluminados por velas seniles. Tras él, una sombra zigzagueaba tumbando artefactos mágicos que chisporroteaban en señal de protesta. El roedor saltó, se aferró a un fémur y escaló entre huesos que reposaban sobre un trono de ónix. Encontró refugio en una calavera ataviada con una corona de oro y lapislázuli.

Aguardó inmóvil. Su diminuto pecho palpitaba con violencia.

Desde la oscuridad emergieron unas fauces vastas y definitivas.

—¡Neith, no! —protestó el esqueleto, quitándose la gata negra del regazo.

Ladeó el cráneo y se dio palmaditas huecas en el pómulo. El ratón cayó por su cuenca ocular, rebotó sobre el trono y huyó hacia las sombras.

El esqueleto se enderezó la corona y volteó hacia la gata, que estaba agazapada con la vista fija en el rincón donde había desaparecido su presa.

—¿Te parece propio de una suma sacerdotisa perseguir ratones como un vulgar gato callejero?

Neith giró la cabeza de mala gana y lo miró con ojos como amuletos de oro.

—Pues te equivocas: el decoro debe conservarse aun en momentos de privacidad. Los muros tienen ojos, y no me refiero a los que flotan en aquellos frascos.

Con estudiada indiferencia, Neith extendió una pata trasera y se dio una lengüetada.

—Así te va —sentenció.

Tres golpes resonaron en la sala. El esqueleto se arrellanó en el trono, agitó un metacarpo, y un portón se elevó con el crujido sordo que produce el granito al ser movido mágicamente contra su voluntad.

Un funcionario vestido con una falda de lino blanco avanzó dubitativo hasta el centro del recinto y se dejó caer de rodillas exhibiendo un rollo de papiro en sus palmas extendidas.

Estaba pálido, y no sólo por las décadas de falta de sol. Su nariz era asediada por aromas que habrían despertado nostalgia en un sepulturero. Lo habían designado para aquella tarea como resultado de una apuesta con sus colegas, de esas que parecen divertidas hasta que se pierden.

—Este súbdito solicita audiencia ante Su Majestad el Faraón, Señor Supremo de la Magia, Rey y Dios de este mundo y del siguiente.

—Que hable —respondió el Faraón, en tono de que no lo hiciera. Su voz sonaba como guadañas rozadas por el viento.

El funcionario tragó saliva.

—Ha llegado un informe urgente del Sur —comenzó, desenrollando el papiro—, la hambruna…

—Que lo deje y desaparezca.

Perturbado por las diversas connotaciones de aquella última palabra, soltó el rollo como si quemara y retrocedió haciendo reverencias a intervalos irregulares. Apenas hubo atravesado el umbral, el portón cayó ante él como el mazo de un juez. Una semana más tarde, mientras contemplaba el amanecer desde la cubierta de un navío mercante, un marinero le preguntó si echaría de menos la vida de palacio. El ex funcionario negó gravemente con la cabeza, pero no dijo nada.

Neith olfateó el papiro y lo tocó suavemente con la pata. Como animado por un titiritero (que, técnicamente, era él mismo), el esqueleto se incorporó y lo desenrolló.

—«A su Majestad el Faraón, deseando que goce de buena salud» —lanzó una risa como una palada de tierra—. «Disturbios… Guardia sublevada… Orfanato en crisis… Estado de sitio…» Si no enviamos comida pronto, todos morirán —concluyó—. No podemos permitir eso, ¿o sí, tesoro? Después de todo, soy su dios, aunque se resistan a asumirlo. Habrá que notificar al intendente de almacenes: sin duda, un impacto enorme para el inventario anual…

Mientras meditaba, sus cuencas vacías se posaron en uno de los relojes que adornaban las paredes: un complejo mecanismo que representaba la trayectoria del sol alrededor del mundo, para escándalo de los astrónomos. Casi era medianoche: hora del almuerzo. Aquello le desenterró una idea.

—Pero antes, ¿no crees que debemos una visita a nuestro huésped?

Neith se relamió.



#4375 en Fantasía
#877 en Magia
#4591 en Otros
#888 en Humor

En el texto hay: accion, aventura, fantasy

Editado: 18.10.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.