Lara
Mientras miraba mi reflejo en el espejo ya no me devolvía a Lara.
La mujer que me observaba tenía la espalda recta, la mirada firme y un brillo distinto en los ojos. No era solo el rostro —la piel perfecta, los labios definidos, los rasgos armoniosos—, era la forma en la que respiraba. Como si el aire, por primera vez, no pesara.
—Recuerda —dijo Clara mientras ajustaba el último botón de mi blusa—: no camines como si pidieras permiso. Este mundo no se apiada de las que dudan.
Asentí.
El nombre resonó en mi mente como un mantra.
Lina.
No Lara.
Lina no se disculpa por existir.
Lina no baja la mirada.
—Ten cuidado amiga te ves genial —dijo—. Y recuerda quién eres, aunque el mundo intente confundirte.
Salí de la casa con el corazón acelerado. Cada paso hacia la parada del autobús era una mezcla de miedo y euforia. Sentía la advertencia de la ninfa flotando en algún rincón de mi conciencia, pero la empujé lejos.
Soy hermosa.
Soy fuerte.
Todo va a salir bien.
El edificio de D’ALESSIO COSMETICS se alzaba como un templo moderno de vidrio y acero. Imponente. Elegante. Intimidante. El tipo de lugar donde antes jamás me habría atrevido a entrar.
Hasta hoy.
Al cruzar las puertas giratorias, sentí las miradas. No de desprecio. De curiosidad. De interés. Algunas mujeres me evaluaron con rapidez. Algunos hombres se giraron más de una vez.
No era invisible.
Clara tenía razón.
Mientras me dirigía a recepción, una presencia cambió el aire. No supe cómo explicarlo… solo lo sentí. Como si el espacio se tensara.
Levanté la vista.
Un hombre avanzaba por el vestíbulo con paso seguro. Alto. Elegante. Traje oscuro impecable. El rostro era peligrosamente atractivo, con facciones marcadas y una mirada intensa que parecía observarlo todo sin esfuerzo.
Nuestros ojos se encontraron.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente para que algo dentro de mí se estremeciera.
Él frunció levemente el ceño, como si intentara recordar algo imposible… y luego siguió caminando, rodeado de asistentes que murmuraban su nombre con respeto.
—Marco D’Alessio… —susurró la recepcionista, casi sin darse cuenta.
Mi corazón golpeó con fuerza.
Respiré hondo y sonreí.
—Buenos días —dije con voz firme—. Mi nombre es Lina . Vengo por la entrevista.
Y así, sin saberlo, di el primer paso hacia un juego donde la belleza, el poder y la verdad jamás juegan limpio.
***
La sala de entrevistas era demasiado blanca. Demasiado pulcra. Como si no permitiera errores… ni personas imperfectas.
Me senté con las manos entrelazadas sobre mi regazo, recordando cada palabra que Clara me había repetido esa mañana. Respira. Sonríe. No te minimices.
La puerta se abrió.
Tres personas entraron.
Dos mujeres con trajes sobrios y miradas afiladas, y un hombre mayor con gafas finas que no sonreía. Se sentaron frente a mí sin presentarse de inmediato, hojeando mi currículum como si buscaran una falla.
—¿Lina…? —dijo finalmente una de ellas, sin levantar la vista—. ¿Apellido?
El instante duró una eternidad.
—Lina Solís —respondí, con voz clara.
No era mentira.
Solo… incompleta.
—Interesante —murmuró el hombre—. No veo experiencia laboral en empresas de alto nivel.
Ahí estaba. El primer golpe.
—No —admití—. Pero tengo formación en cosmetología, química aplicada y formulación artesanal. Mi especialidad son los activos naturales y la regeneración dérmica.
Una de las mujeres arqueó una ceja.
—Eso lo dicen muchos. Aquí trabajamos con estándares internacionales, no con remedios caseros.
La humillación llegó envuelta en seda.
Sentí el viejo impulso de encogerme, de disculparme por existir… pero lo aplasté.
Soy Lina.
—Con todo respeto —dije—, los principios activos más efectivos nacen de la naturaleza. La diferencia está en quién sabe extraerlos y potenciarlos sin destruirlos.
Silencio.
El hombre me observó por primera vez con verdadero interés.
—¿Y usted cree saber hacerlo mejor que nuestros laboratorios?
—Creo que puedo aportar algo que aún no han probado —respondí—. Y que podría marcar una diferencia.
La segunda mujer cerró el currículum con un chasquido seco.
—¿Sabe cuántas chicas hermosas como usted llegan aquí creyendo que una buena presencia abre puertas?