El cielo estaba gris, cubriendo la ciudad con una manta de nubes densas y pesadas. Emma caminaba bajo la lluvia ligera, sintiendo cómo cada gota la empapaba lentamente, pero extrañamente, no le molestaba. Era como si el mundo estuviera esperando a que ella hiciera algo. Algo importante.
Luna trotaba a su lado, intentando no resbalar con el agua que acumulaba en los charcos. Su cabello rizado estaba pegado a la cara, y sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y preocupación.
—Emma....—dijo Luna, rompiendo el silencio—. ¿Estás segura de que quieres hacer esto?
Emma miró al frente, respirando profundo. Tenía que enfrentar lo que sentía, aunque le diera miedo. La rutina, los miedos y los días iguales habían terminado. Ahora todo estaba caminando.
—si— respondió, con una firmeza que ella misma no sabía que tenía—. Ya no puedo esperar. No puedo seguir escondiéndome de lo que siento ni de lo que necesito hacer.
A lo lejos, bajo el porche de la vieja biblioteca, Alex la esperaba. Su cabello oscuro se veía más intenso con la lluvia y su mirada era tranquila, como siempre, pero esa tranquilidad escondía una energía que Emma podía sentir en su pecho.
— Hola — dijo él suavemente cuando Emma y Luna llegaron —. Me alegra que hayas venido.
— No podía quedarme quieta — dijo Emma —. Hay cosas que necesito decir, Alex. Y no quiero que sean a medias.
Alex asintió, inclinando ligeramente la cabeza. Luna los miró, sonriendo con complicidad. Sabía que ese momento era importante, que algo grande estaba por suceder.
—Entonces, hablemos — dijo Alex, abriendo el paraguas que sostenía—. No hay prisa. Sólo quiero escucharte.
Emma inhaló profundamente. La lluvia caía sobre ellos, pero parecía un telón protector, aislándolos del mundo. Y ese instante, el mundo de Emma cambió.
—Alex...—comenzo, con vos temblorosa—. Todo esto, estos sentimientos... Me han hecho entender algo. No puedo seguir escondiéndome. No quiero esconderme de mi misma.. ni de lo que siento por ti.
Alex se acercó un poco más, su mirada suave y paciente.
—Emma...yo— comenzó pero ella le interrumpió, porqué necesitaba terminar lo que llevaba dentro.
— Y no solo es eso— continuó —. También quiero ser valiente. No quiero que el miedo controle mis decisiones ni mi vida. Este cambio, aunque pequeño, es enorme para mí. Es la fuerza que necesito para seguir adelante, para ser yo misma y enfrentar todo lo que venga.
Luna observaba con los ojos húmedos, feliz de ver a su amiga descubrir su propia fuerza. Tomás y Valen aparecieron al final del pasillo, habiendo seguido a Emma por costumbre, y se quedaron en silencio, comprendiendo que este momento era solo de ellos 3.
Alex tomó su mano con suavidad. —Emma, no tienes que tener miedo. Estoy aquí, y no voy a irme. Vamos a descubrir juntos este cambio, paso a paso.
Emma sintió un calor en el pecho, una certeza que nunca había sentido antes. La lluvia ya no era fría. Cada gota que caía parecía recordarle que el mundo puede girar incluso con los cambios más pequeños, y que cada decisión, cada palabra y cada gesto tiene un poder inmenso.
—Entonces...empecemos— dijo Emma con una sonrisa que iluminaba su rostro, dejando atrás cualquier sombra de duda.
Y así, bajo la lluvia, en un mundo que parecía igual pero que ahora era completamente nuevo, Emma comprendío la fuerza del cambio: pequeña en apariencia, pero capaz de transformar todo a su alrededor.
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Editado: 15.01.2026