Febrero cambia todo

La decisión de Emma

El aire de febrero era frío, pero esa mañana Emma sentía algo diferente. Caminaba hacia el instituto con Luna, como todos los días, pero dentro de ella había una mezcla de nervios y emoción que no sabía explicar del todo.

— Te noto rara — dijo Luna mientras ajustaba su mochila—. No rara mala...es como si estuvieras pensando en algo importante.

Emma suspiró ligeramente.

—Tal vez lo estoy.

Desde que había sentido aquella pequeña chispa que parecía cambiarlo todo, no podía dejar de pensar en lo que estaba pasando. Las cosas ya no se sentían simples. Cada conversación, cada mirada, cada decisión parecía tener más peso que antes.

Cuando llegaron al instituto, los pasillos estaban llenos de estudiantes hablando, riendo y caminando de un lado a otro. Emma miró alrededor y se dio cuenta de que, aunque todo parecía igual que siempre, para ella algo había cambiado.

Cerca de las taquillas estaba Alex.

Hablaba con Tomás, pero cuando levantó la mirada y vio a Emma, su expresión cambió ligeramente. Sonrió con esa calma que siempre parecía tener.

— Buenos días — dijo Alex cuando Emma y Luna se acercaron.

— Hola — respondió Emma, intentando ser natural, aunque su corazón latía más de lo normal.

Tomás saludó también, siempre con su actitud relajada.

—Hoy parece que alguien viene con energía nueva —comentó mirando a Emma.

Emma se encogió de hombros, pero Luna soltó una pequeña risa.

—Porque la tiene.

Valen apareció en ese momento, apoyándose contra una de las taquillas. Su mirada recorrió la escena con cierta curiosidad.

—¿Me perdí de algo? —preguntó con una sonrisa un poco irónica.

Emma sintió ese viejo impulso de incomodidad, pero esta vez no apartó la mirada. Algo dentro de ella había cambiado.

—No —respondió con tranquilidad—. Solo estamos hablando.

Valen levantó las cejas, sorprendido por el tono seguro de Emma.

La campana sonó, rompiendo el momento.

Durante la clase, Emma apenas pudo concentrarse. Miraba por la ventana, pensando en todo lo que había pasado en los últimos días. Los cambios no eran enormes, pero estaban ahí: en cómo hablaba, en cómo se sentía, en cómo se veía a sí misma.

En el recreo, Luna y Emma volvieron a su banco habitual en el patio.

—Entonces —dijo Luna—. ¿Cuál es la decisión?

Emma frunció el ceño.

—¿Qué decisión?

Luna sonrió.

—La que llevas pensando toda la mañana.

Emma se quedó en silencio unos segundos. Sabía que Luna tenía razón. Había llegado el momento de elegir cómo quería vivir todo esto.

—Quiero dejar de tener miedo —dijo finalmente.

Luna la miró con orgullo.

—Eso suena a una gran decisión.

Emma respiró profundo.

No sabía exactamente qué pasaría después. No sabía si todo saldría bien o si las cosas se complicarían. Pero por primera vez en mucho tiempo, estaba segura de algo:

Quería avanzar.

aunque ese paso fuera pequeño, sería suyo.

Mientras el sol de la tarde comenzaba a asomarse entre las nubes de febrero, Emma comprendió que los cambios verdaderos no llegan de golpe.

Empiezan con una decisión.

Y ella acababa de tomar la suya.




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