Febrero cambia todo

Lo que Valen nunca dijo

Emma no dejó de pensar en las palabras de Alex durante todo el día.

"No es solo cosa nuestra."

La frase seguía repitiéndose en su cabeza como un eco imposible de apagar.

Las clases pasaron lentas. Demasiado lentas. Luna intentó distraerla hablando de cualquier cosa —series, profesores, incluso de la horrible comida de la cafetería—, pero Emma apenas podía concentrarse.

Porque cada vez que miraba hacia el fondo del aula… veía a Valen.

Serio.

Callado.

Distinto.

Y eso era raro.

Muy raro.

Cuando sonó la última campana, Emma guardó sus cosas rápido. Necesitaba respuestas. Necesitaba entender qué estaba pasando antes de que su mente imaginara cosas peores.

Salió al pasillo y encontró a Alex apoyado contra las taquillas, esperándola.

—¿Podemos hablar ahora? —preguntó Emma directamente.

Alex asintió, aunque parecía nervioso.

Caminaron hasta la parte trasera del instituto, donde casi nadie iba después de clases. El viento frío movía las hojas del suelo y el silencio entre ellos empezaba a pesar demasiado.

Emma fue la primera en romperlo.

—¿Qué tiene que ver Valen con nosotros?

Alex bajó la mirada unos segundos antes de responder.

—Porque… él sabe algo.

Emma sintió un vacío en el estómago.

—¿Qué cosa?

Alex respiró hondo.

—Hace tiempo, Valen me contó que Luna hablaba mucho de ti. De cómo eras, de cómo siempre intentabas ayudar a todos aunque estuvieras mal. Y… cuando te conocí, entendí por qué.

Emma no entendía hacia dónde iba esa conversación.

—Alex, no entiendo qué pasa.

Él levantó la mirada lentamente.

—Valen piensa que desde que apareciste… todo cambió.

Emma frunció el ceño.

—¿Eso es malo?

—No exactamente —respondió Alex—. Pero él cree que el grupo ya no es igual. Y quizá tiene miedo de quedarse atrás.

Emma guardó silencio.

Por primera vez, pensó en Valen de otra manera. Siempre lo había visto como alguien seguro, fuerte, imposible de afectar. Pero tal vez no era así.

Tal vez él también tenía miedo.

En ese momento, escucharon pasos acercándose.

Valen.

Venía con las manos en los bolsillos y una expresión difícil de leer.

—Genial —murmuró—. Ya hablaron de mí sin mí.

Emma suspiró.

—Valen, nadie está—

—No, da igual —la interrumpió—. Solo vine porque estoy cansado de esta situación.

Alex dio un paso adelante.

—No tienes que hacer esto.

Pero Valen negó con la cabeza.

—Sí tengo que hacerlo.

Por primera vez desde que Emma lo conocía, parecía completamente sincero.

—Desde que llegaste, Emma… todo cambió. Alex cambió. Luna cambió. El grupo cambió. Y supongo que yo también.

Emma no sabía qué decir.

Las palabras de Valen no sonaban a odio.

Sonaban a tristeza.

—No quería arruinar nada —dijo Emma en voz baja.

Valen soltó una pequeña risa sin humor.

—Ese es el problema. No hiciste nada malo.

El silencio cayó entre los tres.

El viento frío atravesó el patio vacío mientras Emma entendía algo importante:

Los cambios no solo afectan a quien cambia.

También transforman a todos los que están alrededor.

Valen levantó la mirada hacia ella.

—Solo prométeme algo.

—¿Qué cosa? —preguntó Emma.

—Que no vas a fingir ser alguien que no eres solo para que todo vuelva a ser como antes.

Emma sintió un nudo en la garganta.

Porque sabía que eso ya era imposible.

El “antes” había desaparecido.

Y aunque daba miedo… también significaba que estaban avanzando.

Incluso si todavía no sabían hacia dónde.




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