Abrí un ojo con una nota mental que decía: "No volver a beber Brugal con piña a menos que mañana sea lunes y me hayan dado un premio Nobel por aguantar la resaca". Miro hacia abajo. Estoy en BRAGAS. Y SUJETADOR. Color rojo pasión. ¿Eso es mío? NO. ¿Lo he visto antes? NUNCA EN MI VIDA. ¿Me lo puse anoche? DIOS MÍO, ¿qué hice?
Me tapé con la sábana como si fuera mi último escudo contra la vergüenza y grité:
—¡¿QUÉ ES ESTO?! ¡¿DÓNDE ESTOY?! ¡¿QUIÉN ME ROBÓ LA DIGNIDAD?!
Una de las risotadas más escandalosas que oí en mi vida retumbó en mis tímpanos. Una risa que solo podía pertenecer a una persona: la dueña de este cuarto, de este sujetador, y probablemente, de mi alma después de anoche.
—Tranquila, mami —dice ella—. No pasó nada que tú no quisieras... bueno sí, pero todas legales.
Pestañeo. Y creo que tengo moco en las pestañas. ¡Por Dios! ¡Es ELLA! La del Instagram. La que tiene un millón de seguidores y un cuerpo que viola varias leyes de la física. Empezando por la gravedad. Si la temperatura sube, ella no le baja.
—¿Ehh...Chelo?
—La misma que viste y calza —sonríe, mostrando sus dientes que deberían estar asegurados—. Bueno, ahora mismo visto. Tú, en cambio...
Me quedé mirando el sujetador como prueba judicial.
—¿Y esto?
—Ah, eso. —Chelo tomó un sorbo de su café con una sonrisa pícara—. Tú llegaste anoche, borracha como una cubana en Carnaval, llorando porque tu ex es un come-mierda de categoría mundial. Vomitaste en mis tacones de diseñador —¡mis favoritos!—, y cuando te iba a cambiar, me dijiste: "Ponme algo que mi ex nunca me vio puesto". Yo, como buena samaritana y mejor amiga que te acabas de ganar, te presté mi ropa interior más pecaminosa. —Hizo una pausa dramática—. Y mira el resultado: te queda mejor a ti que a mí.
Dudé. —¿Yo dije eso?
—Palabra por palabra, mami. —creo que acabo de descubrir que tengo doble personalidad— Luego lloraste media hora escuchando bachata, te comiste un plátano con sal que encontraste en mi bolso, y te dormiste abrazada a mi perro.
—¿¡TIENES PERRO!? —pregunté, recordando de golpe mi fobia a esos animales peludos. Busqué en el suelo y allí estaba: un perro salchicha con cara de "yo también soy víctima de esto".
—Se llaman Brugal. Como el ron. Porque solo el ron me hizo pensar que era buena idea tenerlo —explicó Chelo, mientras el susodicho Brugal me olfateaba los pies con un interés que no me gustó nada.
—¡¿AAAHHHH?! —me arrastré fuera de la cama, tapándome con la sábana de pies a cabeza, aunque (seamos sinceros) ya lo vio todo. Literalmente.
Chelo me llevó hasta el espejo del baño, —lejos de Brugal— pero en lugar de mostrarme mi reflejo —que, por cierto, parecía el de un mapache arrollado—, me señaló su teléfono.
—¿No recuerdas nada? ¿Ni un poquito?
—No, —hipeé— nada.
Chelo soltó una carcajada que hizo temblar las paredes.
—Pero sí eras fuego en esa tarima.—empujó su celular bajo mi nariz. En la pantalla, un video de YouTube titulado: "🔥 ¡DOMINICANA ROMPIENDO EL TUBO EN "LA GUARIDA"! (PERREO MORTAL)". Vistas: 512k+. —. ¡Virallll!
Me acerqué disimuladamente, como quien no quiere arroz con habichuela. Luces de neón, bajando por el tubo como si fuera entrenada por Daddy Yankee. Una girl con flow. Con actitud. Y con la falda rota (¿cuándo pasó eso?), el pelo suelto y el sudor brillando más que los efectos de Instagram.
Sentí un escalofrío que me recorrió desde el cuero cabelludo hasta el juanete del pie derecho.
Por favor, que no sea yo. Por favor, que no sea yo.
¡Yo! ¡ERA YO! ¡La perreadora en cuestión!
Pero lo peor no era eso.
Lo peor era ÉL.
Myke Towers. El Myke Towers. El reguetonero boricua de voz suave y letras que, —según palabras textuales de Chelo—, derriten ropa interior. Él me mira. Yo lo miro. La química es tan tangible que hasta el que grabó el video le dio zoom a nuestras caras.
—¡Candela, Mandy! —gritó Chelo, saltando como si acabara de ganar la lotería—. ¡Le diste más que fogón en Nochebuena!
—Oh, Dios mío… ¿Todo el mundo lo vio?
—Bueno, no todo el mundo —dijo Chelo, como si eso me hiciera sentir mejor—. Pero aquí, por lo menos cinco mil gente piensan que tú deberías montar una academia de reguetón.
—¡Pero si yo no sé bailar así! —balbuceé—. ¡Yo soy abogada! ¡Me paso los fines de semana leyendo el Código Civil! ¡La última vez que bailé fue en 2015 en la fiesta de la universidad y me salió una contractura!
Me río. Me duele la cabeza. Me río más fuerte. Me duele más la cabeza.
Los comentarios pasan volando:
“¿Quién es esa diosa?”
"Myke le está echando los perros"
“Así se baila el despecho. ¡Tómate otra por mí!”
"¡QUIERO SER SU TUBO!" 🥵
"Alguien sabe su IG?"💸
"Seguro es fea por eso no muestra cara" 😏
"Necesito saber quién es ella para casarme HOY"
"Quién es esa vieja?"
“Alguien dígale que abra un OnlyFans. ¡Yo pago lo que sea!
"Myke puede tener cualquiera y elige eso"
Y ahí… el comentario maldito:
—¡FEÍTA! —gritó Chelo, señalando su teléfono—. ¡Ya eres trending topic! ¡La gente está editando videos tuyos con todas las canciones de Myke!
Es cierto. Hay un video abajo donde yo bailo y la letra dice:
"Me enamoré cuando con ella bailé".
Otro:
"Era mi reina, ahora es mi diosa".
Y el más cruel de todos:
"Por la forma en que me miras, me incita pecar".
—¡Pero si yo no pequé con nadie! —grito y me duele más la vergüenza que la garganta—. ¡Yo solo bailé!
—Mami, —dijo Chelo, con una seriedad que no le había visto antes— tú en ese video pecaste 47 veces. Confesaste, te dieron la comunión y volviste a pecar.
Me levanto de un salto (mal movimiento). El mundo gira como si estuviera en un tiovivo. Brugal me ladra, diciendo "siéntate, mujer, que tú no estás pa' esos trotes".