Joaquín intentó cambiar. De verdad lo intentó.
Fue con Julia a ver a su madre y a su hermano. La madre de Julia no sabía cómo atenderlo, se desvivía. Le daba las gracias una y otra vez por todo lo que hacía por ellos.
Mientras tanto, Mateo fue a ver a sus padres.
Su madre, Doña Blanca, lloró de alegría al verlo. Lo abrazó y lo besó sin soltarlo. Vio a Chelo y también la abrazó. Todas las sirvientas estaban emocionadas, cuchicheando lo guapo que se había puesto Mateo. Él las saludó a todas de beso, como siempre, sencillo.
Don Gonzalo, su padre, lo recibió con un abrazo fuerte.
—Tanto tiempo sin verte, hijo —le dijo.
Le hicieron una gran comida. Después subieron sus maletas.
—Llegué antes y fui a mi departamento —les comentó Mateo—. Descubrí que Joaquín se casó y ni me invitó. Conocí a su esposa.
—¿Y te cautivó? —preguntó Don Gonzalo, sonriendo.
—¿A qué te refieres? —dijo Mateo.
—A todos nos cautivó esa mujer —respondió Don Gonzalo—. Aunque es más grande que tu hermano, ella lo va a hacer cambiar. Tengo esa corazonada.
—De hecho, cuando la conocí, hijo, no me agradó —intervino Doña Blanca—. Pero empezaron Diana y Pamela a atacarla y no iba a permitir que lo hicieran.
Mateo besó la mano de su madre.
—No podía esperar menos de la mujer que me enseñó valores, educación y convicciones.
Ella sonrió orgullosa.
Se pasaron dos días. Joaquín con Julia y su familia. Habían llegado con regalos y los llevó a pasear fuera de la ciudad, a unas cabañas donde había chimenea. Unas personas hicieron una fogata grande. Salieron muchas familias y parejas a quemar malvaviscos y a platicar.
Joaquín abrazó a Julia. Los dos cubiertos con chamarras y bufandas, viendo el fuego.
La madre de Julia se despidió y se fue a dormir, jalando a Manuelito. En la cabaña de al lado se quedaron Julia y Joaquín.
Él le dio la cama.
—Ponte tu pijama —le dijo Joaquín, mirándola.
—¡Ay, no! —dijo él al verla—. ¿Es en serio, Julia? ¿Tu pijama de osos con regalos y mariposas?
—Sí —contestó ella, apenada.
—Duerme en la cama y abrígate bien. Va a hacer mucho frío por los árboles. Yo voy a dormir en el sofá.
Durmieron, pero Joaquín se moría de frío en el sofá. Julia se despertó al oírlo incómodo.
—¿Estás despierto? —susurró.
—Sí —contestó él, temblando.
—¿No puedes dormir?
—Sí, pero te escuché incómodo.
—Estoy bien —mintió Joaquín, castañeando los dientes—. Temblando de frío, pero estoy bien.
Julia dudó un segundo e hizo una pared de almohadas en medio de la cama.
—Si quieres dormir en la cama... —dijo bajito.
—La verdad te lo agradezco porque me voy a enfermar, pero solo vamos a dormir —dijo él, subiendo—. No te quieras propasar conmigo —bromeó—. Soy más chico que tú y puedo gritar, puedo poner resistencia.
—¡Ya cállate y duerme! —contestó Julia, roja.
Ya adormilada, con los ojos cerrados, Joaquín le habló.
—Julia, ¿ya te dormiste?
—Ummm, no —murmuró ella.
—¿Segura?
Tardó en contestar, ya estaba más dormida que despierta.
—¿Qué? —dijo ella.
—Que si te quedarías conmigo, Julia.
Julia ya no contestó. Estaba profundamente dormida.
Al día siguiente, muy temprano, se oía ruido de gente, motonetas y caballos.
Tocó la mamá de Julia con su hermanito.
—¡Ya es hora de ir a montar a caballo, se los prometieron!
Despertó Joaquín abrazando a Julia. La soltó muy rápido y se levantó, nervioso. Abrió la puerta, cubierto con una cobija.
—Vayan a la fonda, coman lo que quieran, yo pago mientras nos alistamos —les dijo.
Se fueron.
Se metió al baño a refrescarse y le gritaba a Julia que no se quería levantar.
—¡Ya levántate, mueble viejo y feo! —le gritó.
Él le aventó una almohada en la cara y se levantó de golpe.
—¿Qué pasó? —dijo Julia, asustada.
—Ya levántate, vino tu mamá y tu hermanito. Los mandé a la fonda. Nos alcanzas, no puedo dejarlos solos, es una grosería.
—Sí, yo los alcanzo —dijo ella.
Se fue Joaquín.
Ella se quedó sola, sin saber qué ponerse, sintiéndose gorda frente al espejo. De pronto, al tender su cama, tomó la almohada donde había dormido Joaquín.
Olía a él. Ese aroma suave de su loción se había quedado impregnado.
Abrazó la almohada, la besó sin pensarlo y se dijo en voz bajita, para ella sola:
—Te amo, Joaquín.
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Editado: 01.08.2026