Felicidad Fingida

CAPÍTULO 25 CARRERAS Y EL GOLF

Fueron Joaquín y Julia a las carreras de caballos.

Joaquín compró dos asientos en la zona VIP, le aventó unos binoculares a Julia y le dijo sin mirarla:

—Toma, para que veas algo, aunque no entiendas nada.

Julia se sentó obediente. Se puso los binoculares y trató de ver. Todo era ruido, gente gritando, caballos hermosos que no entendía. Se sentía fuera de lugar con su vestido elegante que él mismo le había escogido.

De pronto, en la mesa de al lado, vio a Pamela con Diana. Las dos guapísimas como siempre, con el cabello perfecto, maquillaje impecable, riéndose con unas copas con piña. Unos amigos de Joaquín los vieron y les gritaron.

—¡Joaquín! ¡Vente para acá, hermano!

Joaquín se levantó de inmediato, feliz de ver a sus amigos. Se fue a la mesa con ellos y dejó a Julia sola, sentada como tonta en medio de toda la gente.

Julia lo vio con los binoculares, alejándose sin siquiera presentarla. Sintió la grosería quemándole el pecho, pero apretó los labios y no quiso llorar. Se obligó a ver la carrera que no entendía.

De pronto sintió que le tocaban la espalda suavemente.

—¿Apostamos tú y yo, Julia? — dijo una voz conocida — Es pista plana, Espuela Veloz y Victoria.

Julia volteó emocionada, bajó los binoculares y lo vio. Se le congeló la tristeza y le nació una sonrisa de verdad.

Era Mateo.

—¿Mateo? — dijo sorprendida y feliz.

—Hola — contestó él sonriendo — ¿Qué opinas? Son pura sangre. ¿Te puedo acompañar a sentarme contigo a ver las carreras?

—Claro que sí — dijo Julia aliviada — Aunque no entiendo nada.

Mateo se sentó a su lado. Se veía guapísimo con su camisa clara y su sonrisa noble.

—Tampoco yo entiendo mucho, pero al que le gusta esto es a Joaquín — explicó — Esta carrera es de línea recta, el jockey debe mantener su carril. El jockey es el jinete. Yo aposté a tu nombre y al mío, a ver si ganamos. Aposté a Victoria por ti y a Espuela Veloz por mí.

En ese momento gritaron por la bocina: ¡ARRANQUE!

Todos gritaron y se pusieron de pie. Julia también, nerviosa, con los binoculares.

El narrador gritaba por la bocina: ¡Espuela Veloz va a la delantera! ¡Va ganando Espuela Veloz! ¡Pero de pronto es rebasado! ¡Victoria, Victoria lo rebasa por dentro! ¡Y gana Victoria! ¡Gana Victoria!

Julia gritó sin querer.

—¡Ganamos!

Mateo se rió a carcajadas, feliz de verla así.

—Ni modo, yo no gané, pero tú sí, Julia — le dijo.

—¿Y ahora qué hago? ¿Dónde voy? — preguntó ella sin saber.

—Yo te acompaño a cobrar — dijo él caballeroso, ofreciéndole la mano para bajar las escaleras.

Subían las escaleras hacia la taquilla para cobrar. Desde la mesa de sus amigos, Joaquín los veía. No quiso admitirlo, pero sintió algo raro en el estómago, una molestia fea al verlos juntos, riendo. Pero él mismo se tranquilizó rápido.

_Si no siento nada por Julia, está horrible, ¿qué me importa?_ pensó.

En la mesa, Diana, tomando un sorbo de su bebida con piña, le dijo a Joaquín, sorprendida:

—Acaso... ¿no es tu esposa? ¿Y con Mateo?

Pamela también los vio.

—Hola, Joaquín, ¿cuándo regresó Mateo? — preguntó.

—Hace un par de días — contestó Joaquín seco.

—Está más guapo de como se fue — dijo Pamela sin disimular — Aunque, ¿qué hace con esa gorda? ¿Por qué la trajiste, Joaquín? Es un castigo estar con ella, piénsalo.

Joaquín tomó su copa de coñac y dio un trago largo.

—Solo por un año — contestó con desdén — Y no es tan malo. Tiene su habitación y voy a hacer todo lo posible por no verla. Eso es solo un contrato.

—¿Y entonces cuándo salimos? — preguntó Diana coqueta.

—Por el momento no puedo — dijo Joaquín serio — Mi padre me está dejando a cargo de la compañía y no puedo fallar.

En la taquilla, Julia cobró y no podía creer que ganó. Pero no había apostado con su dinero, así que no quiso aceptarlo.

—No, Mateo, no es mío — dijo — Será mío cuando yo lo gane con mi dinero.

—Es un regalo, Julia — contestó Mateo, tomándole la mano con delicadeza y cerrándosela con el dinero dentro de su mano —. Tú lo ganaste. Victoria ganó por ti.

Así los vio Pamela, que se había acercado.

—¡Hola, Mateo! ¿Es en serio? — lo saludó de beso en la mejilla, muy pegada — ¿Cuándo volviste?

—Hola, Pamela, ¿cómo estás? Estás guapísima — contestó Mateo amable, pero dando un paso atrás.

—Gracias, tú igual y aún mucho más guapo que la última vez que te vi. Deberíamos salir — dijo ella coqueta.

—Sí, un día yo te aviso, ya estamos en la compañía — contestó Mateo cortante y educado.

Se despidieron. Mateo y Julia fueron a ver a Joaquín para decirle que si ya se iban.

A Joaquín no le pareció porque se la estaba pasando bien con sus amigos y ni siquiera la presentó. Solo se despidió de ellos con la mano y se fueron los tres.

En el auto, iban los tres. Joaquín manejando, Mateo adelante y Julia atrás.

Mateo no se aguantó y le dijo a Joaquín, serio:

—¿Por qué la tratas así? Si no la querías, ¿por qué te casaste con ella? ¿Por qué la tratas así frente a todos?

Joaquín apretó el volante.

—Yo tengo un contrato y hasta que se termine la voy a dejar — contestó frío — Y además, a ti qué te importa, Mateo. Mi tío no va a tardar en darte la compañía por escrito a ti, ¿verdad? Por eso la defiendes.

Mateo se quedó callado, dolido por su primo.

Regresó Julia, porque había ido al sanitario del club de golf. Habían llegado al campo de golf. Rentaron el equipo.

Empezó Joaquín. Un palo en el tee de salida.

—Jugamos Match play — dijo Joaquín.

—Sí, de hecho ya no me acuerdo bien del juego — dijo Mateo tranquilo.

Joaquín se rió burlón.

—Te ganaré fácil — dijo y le pidió al Cadi — Un Driver.

—Gracias — lo recibió, puso la pelota, se puso en posición y pensaba y pensaba, de pronto aventó la pelota con fuerza. Julia no vio dónde quedó la pelotita.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.