Felicidad Fingida

CAPÍTULO 29 LA FIESTA

En la casa no se hablaban. Joaquín y Julia se notaba la tensión. En la oficina era lo mismo, pero Julia avanzaba mucho. Ya dos meses. Ya sabía archivar, llevar documentación a los inversionistas y a los accionistas, ayudaba para las presentaciones junto con Sarita.

Mateo a veces salía en plan de amigos con Sarita o con Griselda. Sergio siempre estaba con Joaquín llevando la documentación y gráficas. Estaban más ocupados. Joaquín veía de lejos a Julia.

Por el interfón le dijo a Odilia, su secretaria, que llamara a su esposa y la hiciera pasar. Sergio se fue, pero antes de salir le dijo:

—No falles al contrato. No te enamores.

—¿Cómo crees que me voy a fijar en ella si está gorda, vieja y fea? —contestó Joaquín.

—Eso dices, pero ¿qué sientes? ¿Y qué hay de Ana? —dijo Sergio.

—Ana es aparte. Ya vete, ahí viene.

Sergio saludó a Julia con una sonrisa y se retiró. Entró a la oficina.

—¿Qué se te ofrece? Tengo mucho trabajo —le dijo Julia, firme y mirándolo a los ojos. Nunca lo había hecho. Él sintió que lo retaba.

Se sentó en su silla y se puso a jugar con una pelota chica.

—Nunca me habías hablado así. Te recuerdo que firmaste un contrato —dijo Joaquín.

—Y lo he seguido. Yo no me he enamorado. ¿Y tú? —contestó Julia.

—¡Ja! ¡No! —Se puso de pie y caminó hacia ella. Julia retrocedió hasta topar con la pared y ahí puso sus manos Joaquín en la pared.

Ella lo empujó, molesta.

—¿Qué te pasa, Joaquín? No quieras romper el contrato.

Joaquín se alejó.

—Pues sigue disimulando. Aún te faltan nueve meses para que el contrato se termine y vamos a ir a la fiesta de mi cuñado como un matrimonio feliz. Así que te vas a arreglar bien.

—Sí, gracias. ¿Es todo? —contestó Julia.

—No. Deja admirar a mi esposa que se ve bien así vestida.

—Eres un idiota —dijo Julia y se salió de la oficina.

Joaquín se sentó y dio un golpe en el escritorio.

La mamá de Julia había invitado a los padres de Ana y desde luego a Ana, así que Ana le habló por teléfono a Joaquín y lo citó para que se vieran. Joaquín le había dicho que no por un compromiso, pero insistió mucho y aceptó verla.

Llegó el día de la fiesta. Joaquín se había ido muy temprano y Julia no podía llegar sola, así que Mateo se ofreció a acompañarla. Julia aceptó, pero le marcaba a Joaquín. Ellos iban a ser padrinos de su prima y no podían fallarle. Subieron a la camioneta, el chofer Adrián los llevó a la iglesia de los XV años de su prima, pero Joaquín nunca llegó.

Todos felicitaban a su prima y a Manuelito, los dos festejados. Alquilaron carpas y sillas. En la iglesia presentó a Mateo como su cuñado, pero su madre preguntó por su esposo. Se suponía que iba a venir. Julia tuvo que mentir que se quedó con trabajo en la oficina, pero Mateo vino en su nombre. No le pareció eso a la madre de Julia.

Mateo vio a Manuelito y le dijo:

—No me conoces, pero soy hermano de Joaquín.

—¿No que era hijo único? —contestó Manuelito.

—Es mi primo, porque mis papás se fueron al cielo y me adoptaron mis tíos —le dio una patineta en caja envuelta.

—¡Gracias! Yo quería una así —se emocionó y se despidió de puño con Mateo.

Mateo le llevó su regalo a la quinceañera, prima de Julia, Lina. Le dio las gracias al igual que su tía. Le regaló una computadora portátil. Comieron mole con pollo, refrescos. Llegó el enorme pastel de la quinceañera y un súper pastel de un piso para Manuelito en forma de una patineta y arriba un caballo. Lo vieron y aplaudieron. Lo llevó Don Gonzalo que llegó con su esposa Doña Blanca. Abrazó a la mamá de Julia.

Don Gonzalo vio a Mateo y preguntó por su hermano, pero le dijo que no sabía, había salido desde la mañana.

—Ese hombre no tiene remedio —dijo Don Gonzalo.

Llegó el sonido y la música en vivo. Fueron padrinos de traje, se le dice así porque muchos conocidos de la tía de Julia y su mamá cooperaron. Julia y Joaquín supuestamente fueron padrinos de misa, pero el que quedó fue Mateo como padrino. El vestido unas amigas de la tía de Julia, de bebida fueron unos vecinos, las carpas fueron conocidos. Por eso se hizo el súper fiestón. La mamá de Julia puso la comida y los pasteles, fue Don Gonzalo y su esposa, por eso el pastel de la quinceañera era de 5 pisos con decoraciones acorde al color de su vestido, cada holán del vestido era una capa de pastel y arriba era la cara de una quinceañera de chocolate y merengue, era una obra de arte.

Llegó Sarita y los saludó de beso y se sentó con Mateo que la invitó, igual que a Doña Ruth con su hijo Sergio y Griselda que estaba muy emocionada de ver a Mateo. Comieron, platicaban y todo era risas, aunque Julia reía pero por dentro pensaba en Joaquín.

Empezó el baile, pero Griselda brincó que si quería bailar con ella Mateo, pero Mateo ya había extendido la mano a Sarita. Le dijo que sí, pero después de que bailara con Sara. Muchas de ahí veían súper guapo a Mateo y le pedían bailar.

Le pidió la mamá de Julia que como padrino de la quinceañera bailara el padrino con ella. Pasó Mateo y le extendió la mano a Lina. Abrieron pista y pusieron un vals, pero bailaba excelente como si flotara con ella. Todos aplaudieron. Manuelito fue empujado por su mamá para que sacara a su hermana Julia a bailar. La sacó a bailar el vals, giraron a las mujeres y Mateo le pasó a su prima a Manuelito para que siguiera bailando y Mateo con Julia. Terminó el vals y al girarla se las intercambiaron e hizo reverencia Mateo a la quinceañera. Todos aplaudieron. Mateo bailó con Griselda después con varias vecinas.

Mientras tanto, Joaquín se vio con Ana. Estaban en una habitación, era esa pasión desenfrenada con ella, pero Joaquín en la intensidad dijo:

—Julia.

Ana le soltó una cachetada y se bajó de la cama y se vistió. Le gritaba ella desde el baño que era un imbécil.

—¿Qué dije? —contestó Joaquín.

—¡Me llamaste Julia, idiota! ¿Y aún preguntas qué hiciste? —salió vestida—. ¿Estás enamorado de esa gorda?




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