Joaquín se duchó en el baño del hotel. Sentado en la cama se preguntaba qué le sucedió con Ana, dónde quedó esa necesidad, esa enfermedad que le quemaba los huesos. ¿Será por lo que le dijo? Él siempre pensó que Julia y Ana se habían unido para dañarlo, pero solo era Ana la que siempre jugó con él desde que la conoció en la escuela. Nunca le hizo caso y se quedó con Mateo.
Se puso de pie y se miró arreglándose el cuello de la camisa y pensó: Mateo es galán, pero nunca tuvo novias como yo, yo soy más atractivo, más galán, ¿por qué las mujeres complican las cosas? Si solo facilitaran sería más sencillo, como Diana y Pamela, son hermanas y no se rivalizan por andar conmigo, pero Julia es fea, gorda, está vieja, ¿y por qué me molesta que esté con Mateo?
Aún hay tiempo de sorprender a su familia en la fiesta, después de que no funcionó esto con Ana, a ver si puedo arreglar algo.
Miró su celular que estaba en el bolsillo derecho del pantalón y vio todas las llamadas de Julia que le hizo en la tarde. Se le olvidó que iban a ser padrinos de Lina, la prima política, y los mensajes de Manuelito: “¿Qué onda? ¿Sí vas a venir? Te quiero presentar a mi novia, mi hermana Julia ya la conoció”. Otro mensaje: “¿Vas a venir o no? Mi hermana Julia está bailando con tu hermano, se ve chido, pero me caes mejor tú”. Sonrió Joaquín.
Salió de la habitación y subió al auto. Tenía llamadas de Sergio. Le marcó y contestó:
—¿Dónde te metiste? Tus padres están muy molestos —dijo Sergio.
—Ya voy para allá —dijo Joaquín colocándose el auricular y colgó.
Nunca le había marcado a Julia, pero lo hizo. Contestó Julia:
—¿Hola? ¿Qué quieres?
—Yo voy para allá —dijo Joaquín.
—No te molestes, ya acabó la fiesta. Tienes razón, Joaquín, esto es un contrato y siempre me lo has dejado claro, que ni como amigos podemos serlo —y colgó.
Gritó Joaquín: “¡Perdón! ¡Diablos!”. Aventó el auricular y golpeó el volante.
Llegó a la fiesta, gente brindando, bailando, comiendo. Vio a Manuelito y le cubrió el paso Mateo.
—¿Por qué hiciste esto, Joaquín? Julia contaba con esto, es su familia —dijo Mateo.
—Lo sé y lo siento —contestó Joaquín.
—Estuviste con Ana, ¿verdad? Ya supérala, no pierdas algo bueno que es Julia por una persona como Ana —dijo Mateo.
Queriendo esquivar a Mateo, pero Mateo lo sujetó de un brazo.
—No sé qué me pasa —dijo Joaquín.
—Estás enamorado de Julia —dijo Mateo.
Molesto se jaló Joaquín para que lo soltara.
—¡No! ¿Cómo crees? ¡Ella no me interesa! Pero tenemos un contrato y vine para dar una buena imagen —contestó Joaquín.
—No seas idiota, no soy tu enemigo…
—Entonces no lo seas y no te metas en mi matrimonio —dijo Joaquín. Pasó junto a Mateo y entró a la fiesta.
Llegó gritando con un hermoso ramo de flores para Julia y para su cuñado una bicicleta. Les dieron las gracias y a su ahijada le compró unos boletos para ella y su mamá a Cancún, todo pagado. Le dieron las gracias, Lina no se la creía. Julia solo lo miraba enojada y decepcionada. Recibió el ramo y lo iba a poner en la mesa cuando Joaquín, muy arrebatado, la jaló y la besó en la boca muy apasionado. Ella lo retiró. Los invitados aplaudían y comentaban: qué bonita pareja, muy enamorados, qué lindos. Se separaron y Julia se salió de la carpa mientras Joaquín iba atrás de ella, pero lo detuvo la mamá de Julia. Lo saludó, pero lo tomó del brazo su padre y lo sacó de ahí. Don Gonzalo le pidió a la mamá de Julia que los disculpara.
Lo sacó.
—¿Qué haces aquí? —dijo Gonzalo.
—Vine a la fiesta —contestó Joaquín.
—¡No seas cínico! ¡Tu esposa lloró y la tuvo que acompañar Mateo! ¡No es la esposa de él, sino tuya! —dijo Don Gonzalo.
—Pues yo lo veo muy a gusto tomando mi lugar —contestó Joaquín cruzándose de brazos con ironía.
—No es eso, pero tú desde que te casaste la has ignorado. ¿Por qué te casaste con ella si no la quieres? —dijo Gonzalo.
Pasó saliva tratando de pasar el nudo en la garganta.
—Sí la quiero, solo que tratamos de adaptarnos, estamos juntos, es una fase. Como ustedes, ¿apoco ustedes no tuvieron fases? —dijo Joaquín.
—No hablamos de nosotros, sino de ustedes. No quiero que se repita de nuevo esto y dale su lugar —dijo Gonzalo.
Julia lloraba y fue Mateo a hablar con ella para que se tranquilizara.
—Ya estoy cansada, apenas dos meses de esto, él me lo dijo claro, que ni como amigos íbamos a ser, esto no va a avanzar —dijo Julia limpiándose los ojos.
La abrazó Mateo y estuvo llorando. Se separaron y la besó Mateo y los vio Joaquín. Al ver esa escena cerró su mano haciendo un puño y mejor se fue. Tomó su auto deportivo. Estuvo tomando en su casa, pero estaba desesperado y agarró las llaves del coche compacto y llamó a Diana y Pamela, con otras amigas se iban de reventón a una discoteca.
Julia se había alejado de Mateo, le dijo que estaba confundida pero amaba a Joaquín, ella sabía que en el fondo era bueno.
—Era afortunado su hermano, aunque no la mereciera —contestó Mateo.
Gritaban que ya iban a partir los pasteles. Después de partir el pastel se fueron. La mamá de Julia le dio la bendición y se despidió de su hermano, que cuidara a mamá. Llegaron a la residencia, se despidieron, se desearon una linda noche, la señora Blanca a Mateo y a Julia les dio un beso en la mejilla y se retiraron. Mateo le dio un beso en la mejilla a Julia y la dejó descansar.
Julia en su habitación y en su cama empezó a llorar por Joaquín, que lo amaba, pero él nunca la iba a amar. Se durmió, mientras en la discoteca no fue lo mismo, ya no se sintió lleno, pensó en Ana y en Julia.
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Editado: 01.08.2026