Felicidad Fingida

CAPÍTULO 36 LA HERMOSA ESPAÑA

Mateo la llevó a Madrid. Tomaron su coche hasta el apartamento que tenía en la ciudad. Todo era precioso y, por muy triste que estuviera, Julia no podía dejar de mirar por la ventana.

— Mira, ahí está El Retiro — le dijo Mateo mientras conducía —. Es el parque más bonito de Madrid. Un día te traigo, ya verás.

La miró sonreír.

— Tienes una sonrisa preciosa. Y esos labios... — se cortó un segundo —. Julia, yo te quiero desde el primer día que te vi en las escaleras del edificio. Pero sé respetar a mi hermano y sé que le quieres. Jamás me metería en medio de vosotros.

Julia rompió a llorar.

— Perdóname, Mateo... yo quiero a Joaquín.

— Lo sé — le contestó él —. Y no te pido que le olvides, ni que le dejes. Solo quería que supieras lo que siento, que es honesto.

Se hizo un silencio incómodo.

— Venga, después de la reunión te compro ropa y te invito a un cocido madrileño de los buenos. ¿Vale, tía?

Julia se rió entre lágrimas por cómo lo dijo.

— Así me gusta verte, riendo y no llorando.

Le entró una llamada de Olga, su asistente en España. Ya tenía tres mudas para la señora Lerman y la junta iba a empezar.

— Ya estamos, que acabamos de aparcar — contestó Mateo.

Subieron por el ascensor. En la planta todos les saludaron, abrazaron a Mateo y dieron la bienvenida a Julia como su cuñada. La junta fue un éxito: 5 de 10 inversores aceptaron, que era un número buenísimo.

Al terminar, se fueron a comer.

— El cocido son tres vuelcos en uno — le explicaba Mateo mientras la camarera tomaba nota —. Primero la sopa con fideos, luego los garbanzos con la verdura y al final la carne, el chorizo y el tocino.

Julia estaba más animada, aunque miraba el móvil. Tenía 100 mensajes y llamadas de Joaquín al día. Le cambiaba la cara, pero no contestaba. No estaba lista.

— Es Joaquín, ¿verdad? — le dijo Mateo.

— Sí.

— No estés triste. Tarde o temprano vas a tener que hablar con mi hermano.

El fin de semana fue para ellos. Mateo la llevó de tiendas con Olga, su asistente. Una chica muy guapa, hija de españoles, jovencísima pero muy capaz y eficiente, a la que había contratado Don Gonzalo.

Mateo le compró de todo a Julia: maletas de ropa, bolsos, perfumes... Salió con un conjunto nuevo puesto. Pagó todo él. Lo que nadie sabía, ni siquiera su tío Gonzalo, es que en los dos años que estuvo en Francia levantó su propia empresa por Internet y cada semana cobraba como accionista. Por eso tenía pisos en Francia y en España.

Le dio todas las bolsas a Olga.

— Llama a un taxi y que lo lleve todo al piso, porfa — le pidió.

Olga llamó al taxi y se despidió gritando:

— ¡No os preocupéis, tened cuidado! ¡Venga, hasta luego!

Se fueron en coche a El Retiro. Allí le compró un helado.

El heladero les dijo: — Perdona, majo, ¿el helado es para tu mujer o para tu novia?

— Es mi amiga — contestó Mateo.

Y el tío va y le suelta a Julia:

— ¡Joder, chavala! Esos ojos de gitana que tienes me tienen pillao.

— Gracias — dijo Julia, roja.

— ¡Venga, va! Estos os invito yo, que me habéis alegrado el día. ¡Que os vaya bonito, pareja!

— ¿Qué me ha dicho? — preguntó Julia.

— Que eres preciosa — se rió Mateo —. Venga, vamos a las barquitas.

Remaba Mateo y le salpicó agua a Julia. Ella, vengándose, le puso el helado en la nariz. Se partían de risa.

Después fueron al Paseo del Prado, al Triángulo del Arte. Mateo la llevaba de la mano de museo en museo. Para Julia fue una experiencia única, todo era hermoso, palaciego, como de otra época. Nada que ver con México, que también es precioso por su gastronomía y su gente, pero esto era distinto.

Por la noche hicieron videollamada con Don Gonzalo y Doña Blanca. Les contaron que la ronda con los inversores había sido un éxito y solo faltaban algunas firmas.

Pero todas las noches Julia lloraba en su habitación. Hablaba con su madre y su hermano. Joaquín le escribía a diario y ella le dejaba en visto.

En España empezó a encontrarse mal. Mareos, vómitos... La señora que limpiaba el piso le dijo:

— Niña, tú vas a estar embarazada.

Llevaba casi dos meses allí. Se hizo la prueba y se quedó helada al ver el resultado.




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