Julia descansó y se levantó muy temprano para ir a ver a su mamá. La recibió abrazándola y le llevó regalos para ella y para Manuelito. Ana se escondía, pero era a la que menos quería ver.
Julia le contó del viaje y le dio la noticia: estaba embarazada. Su mamá se asustó, le dijo que a sus 40 años tenía que cuidarse el doble. Le dio la bendición. Julia también le contó que había perdonado a Joaquín, pero que era un ultimátum, que no se lo iba a volver a perdonar.
Su madre la miró y le dijo que si lo amaba, luchara por su felicidad. Que ese angelito era una bendición para que Joaquín cambiara, pero que a ella le molestaba que hiciera llorar a Julia.
Mientras tanto, Mateo recibió una llamada de Pamela. Le contó todo lo de Diana y Joaquín, y lo del gran dinero que había pedido prestado hace años y que nunca había pagado.
Mateo no pudo decir nada. Tomó su moto, se colocó el casco y se fue a ver a Joaquín a la empresa. Subió corriendo, saludó a todos y al vigilante de la puerta, corrió al elevador y subió. Saludó a Odilia y le pidió que lo dejara pasar a ver a su hermano.
Así lo hizo. Joaquín se sorprendió al verlo, se puso de pie y lo abrazó.
— Gracias, no sé qué le dijiste a Julia, pero gracias, funcionó. La amo y quiero hacer bien las cosas.
— ¿Cuándo le vas a decir lo del desfalco de la empresa y de que te vas a casar con Diana? — soltó Mateo.
Joaquín se quedó helado.
— ¿Quién te lo dijo?
— ¿Tú no tuviste el valor de decirlo? ¿En qué te gastaste tanto dinero?
— Le compré casa a Ana y me fui de viaje con Diana y Pamela y con algunas amigas de paso...
— Te escucho y no te conozco — contestó Mateo —. ¿Cómo es posible? Tiraste tu futuro a la basura.
Se acomodó el suéter, no se sentó, se quedó de pie.
— No, no, no, no nada más tu futuro. Eres tan egocéntrico que solo pensaste en ti y tiraste mi futuro. Lo tiene que saber mi papá.
— ¡No, no, por favor, no se lo digas! — Rogo Joaquín
— Lo siento, pero si los accionistas se enteran antes, vas a ir a dar a la cárcel.
Mateo salió y detrás de él Joaquín. Entró sin pedir permiso a la oficina de Gonzalo y los vio: estaba Gonzalo con Wanda y con Diana.
Se despidieron y se fueron. Gonzalo los vio y los hizo sentarse.
— Quiero que me expliques esta situación — dijo Don Gonzalo —. Wanda y Dianita me acaban de comentar que te vas a divorciar de Julia y te vas a casar con Diana porque Julia es mucho más grande que tú y Diana es más joven. Yo les dije que yo no sabía de edades ni de estatus sociales, yo sé cuándo dos personas se aman.
— Yo amo a Julia y no voy a dejarla — dijo Joaquín.
— ¡Hijo, no me interrumpas! Si es cierto lo de Julia, entonces ¿por qué desfalcaste la empresa? La llevaste a la ruina. No era patrimonio ni mío ni de Mateo, sino tuyo y de los accionistas que han invertido para expandir. Tu plan, según Wanda, era un contrato por conveniencia para que yo te cediera la empresa y tú cubrir el desfalco cambiando números. ¿Qué pensaste, que yo era un imbécil, hijo? Dame crédito. Sergio será tu amigo, pero trabaja para mí. Yo le regalé la casa donde vive su madre para que tuviera una buena vida y dejara de planchar ajeno, era lo justo, y Sergio lo ha desquitado con trabajo. Eso es ser una persona agradecida, valorar lo que la vida te da. Pero tú, hijo, ¿qué has valorado? Al contrario, despilfarraste tu futuro y ni en esta vida vas a formar lo que formamos los cuatro.
Ahora te voy a preguntar algo: ¿qué vas a hacer tú? ¿Divorciarte de una buena mujer y casarte con alguien para no ir a la cárcel o ser hombre, dar la cara a los accionistas y atenerte a las consecuencias? Porque esta vez no te voy a ayudar, si no, nunca vas a valorar.
— Pero yo puedo remediarlo… —- contesto Joaquin
— Tú no tienes tiempo y yo solo te doy dos días. Me has decepcionado tanto, Joaquín. Y la presidencia, si un día la entrego, será para Mateo, nunca para ti. — pronunció Don Gonzalo
Joaquín golpeó el escritorio y salió azotando la puerta.
— ¿Qué hacemos? — dijo Mateo.
— Ya lo hiciste — contestó Gonzalo —. Con lo de los inversores de España, con su capital exportamos los pedidos, subimos la calidad y bajamos precios. ¿Por qué? Porque nuestros socios franceses nos van a prestar la mitad de la inversión y vamos a pagar en pagos.
— A ese paso, en un año... y si vendo la empresa de Francia...
— No sabía que tuvieras empresa, pero no voy a permitir que sacrifiques tu patrimonio por salvar a uno que no lo merece. Esa es la única manera y yo nunca te pediría, hijo, que pierdas.
— Lo haría con gusto, este es mi patrimonio — dijo Mateo tomándolo de las manos.
— Si vivieran tus padres, qué orgullosos estarían.
— Gracias, pero siempre ustedes cuidaron de mi bienestar y es lo menos que puedo hacer. — contestó Mateo
— No, y ya se terminó el asunto. No voy a sacrificar tu patrimonio. Y no le digamos a Joaquín, que sufra, a ver si así aprende un poco.
— ¿Crees que sea capaz de dejar a Julia por Diana?
— Ya no sé qué decir, es un tonto tu hermano. Esas son las consecuencias de sus actos.
— ¿Siempre supiste lo del contrato?
— Desde luego. Me lo dijo Sergio y el Licenciado Jiménez. Todavía estábamos en Francia contigo cuando me contaron lo del contrato por conveniencia, pero no sabía lo de Wanda, eso sí me tomó por sorpresa.
Joaquín entró a su oficina pateando todo. Wanda le quería arruinar la vida al lado de Julia. No sabía qué hacer, pero él no iba a ir a la cárcel. Así que tomó su teléfono.
Contestaron.
— Hola.
Y dijo Joaquín:
— Tú ganaste.
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Editado: 01.08.2026