Citó a Diana en un restaurante. Llegó Joaquín y ella, alegre, lo besó.
— Ganaste, nos vamos a casar — le dijo Joaquín —. Pero antes te voy a decir algo.
— Dime qué pasa, amor, ¡estoy feliz!
— Déjame hablar — la miró serio mientras Diana sonreía —. Mi padre me quitó todo. Si nos casamos cubro lo que le debo a tu madre, pero no lo de los accionistas. Si de verdad me amas, te advierto que no tengo ni un peso en la bolsa. Me quitó las tarjetas, el departamento, los autos y las motos, todo era de él. Y sin contar que la presidencia se le quedó a Mateo, no tengo nada que ofrecerte. Nos iríamos a rentar. Quiero que conozcas dónde vamos a vivir.
Pagó el agua y el refresco y se fueron a un barrio. Diana se sorprendía a cada paso que daba, con cara de fuchi.
— Es aquí, aquí vamos a rentar — dijo Joaquín.
— ¿Es en serio? ¿En este barrio y en esta casa?
— No, en esta casa no. Solo en un cuarto.
Tocó y salió una señora sonriendo.
— Hola, buenas tardes, joven. ¿Viene a ver el cuarto de renta?
— Sí, traje a mi futura esposa, ven — la tomó de la mano.
Diana entró con cara de asco y se quitó los lentes oscuros. Subieron las escaleras de caracol hasta un cuarto sin ventanas, de tabique con láminas agujereadas.
— ¿Y el baño? — dijo Diana.
— Es compartido con los vecinos de ahí — dijo la señora.
— Pero no hay ventanas y están rotas las láminas.
Joaquín la abrazó.
— Pero amor, eso no importa. Con que nos amemos... diario en las noches dormimos aquí en el suelo, pones unas cobijas, pero seremos felices. Yo voy a trabajar ahí enfrente, en la vulcanizadora, de ayudante, y vas a tener que aprender a hacer de comer.
— ¿Estás bromeando? O sea, ¿yo voy a hacer de comer?
— Pues claro, y nada de estar allá con tu mamá. Seremos felices, amor. ¿Qué importa el dinero si unos frijoles con huevo son nuestro caviar? ¿Y acaso este galanazo no vale la pena sufrir? Me puedes presumir con las amigas que hagas aquí.
Diana se molestó y se bajó como pudo y subió al coche. Joaquín se quedó.
— Gracias — le dijo a la señora.
— Ya ve cómo es mi niño, tremendo. Si este cuarto lo vamos a tirar y usted asustándola, me saluda a mi hermana Chelo.
Joaquín besó a la señora en la frente y bajó. Se fue en el auto con Diana.
— No me pareció, como broma pasa — le dijo.
— No es broma, es real. Esta es nuestra nueva vida.
— ¡Yo no nací para ser pobretona! ¡Uy, no! Retiro la propuesta.
— ¿No que me querías?
— Sí, estás muy guapo y nos la pasamos bien, pero no pobretón y menos yo haciendo de comer. ¿Qué te pasa? ¡Llévame a casa, por favor!
La llevó Joaquín. Diana retiró la petición de matrimonio, pero eso no iba a detener a su madre para que le pagara ese dinero.
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Editado: 01.08.2026