"El perro es el único ser en el mundo que te ama más a ti de lo que se ama a sí mismo". — Josh Billings”
Acepta mi distancia como un acto de amparo y mi eterno perdón como el reflejo de tu amor sin rencores
Fue en el año 2016. En ese momento yo ya tenía dos perros de tres años en casa, cuando de pronto me marcó mi tía para darme una noticia preocupante: en la parte de atrás de la vivienda habían dejado a tres cachorros abandonados. Lamentablemente, uno de ellos ya había fallecido, pero los otros dos seguían llorando con desesperación.
Así que, con apenas doce años y el corazón en la mano, fui a la parte trasera, tomé a uno de ellos en mis brazos y me lo llevé directo a la casa. Ese cachorro fuiste tú. Recuerdo que mi madre me estaba buscando precisamente para evitar que hiciera eso, pero en cuanto te vio, no pudo decir nada; simplemente negó con la cabeza y se retiró. En ese primer instante te dejé separado de mis otros dos perros porque tenía que salir a hacer unos pendientes, pero cuando volví, descubrí que ya te habían juntado con ellos. En cuanto me viste, corriste hacia mí y me llenaste de lamidas. Cuando te llevamos al veterinario, nos confirmó que tenías apenas dos meses de nacido. Te conseguí un collar y me volví loca de alegría saliendo a jugar contigo a cada momento.
Sin embargo, las cosas se complicaron. Tu relación con uno de los perros grandes se volvió tensa y empezaron a pelear por todo; él te atacaba a cada rato y ya no sabíamos qué hacer. Un día, mientras estaba afuera jugando contigo, él se lanzó a morderte. Por instinto y reflejo, lo jalé para separarlo, lo que provocó que me mordiera a mí también. Entramos corriendo a la casa; recuerdo perfectamente la cara de mi mamá, quien no sabía si la sangre que veía era tuya o mía. Al final resultó ser tuya. Te curamos la herida y, con el tiempo, saliste de nuevo con ellos.
Pero el miedo a que volviera a ocurrir una tragedia se quedó grabado en mí. Sabiendo que aquel ataque había sido provocado por celos, tomé la dolorosa decisión de tomar distancia de ti para evitar que te lastimaran. Dejé de salir a jugar contigo como antes y solo salía ocasionalmente a verlos, mientras tú también empezabas a crecer y a defender tu propio territorio.
A pesar de ese tiempo de distancia, tú me diste la lección más grande de todas. Eres el perro más leal que he conocido en mi vida; tu cariño hacia nosotras nunca cambió ni un solo milímetro. No importa quién de nosotras salga al patio, siempre nos recibes con el mismo amor desbordante y puro.
Sé que lo hice por protegerte, pero siempre te pediré perdón por haberme alejado durante ese tiempo. Gracias por enseñarme que el verdadero amor no guarda rencores y por ser, en toda la extensión de la palabra, mi felicidad.