El café se enfrió hace diez minutos pero ninguna de las dos ha tomado un solo sorbo. El silencio entre Alejandra y yo es de esos momentos tensos y desesperantes. Quiero salir huyendo y no tener esta plática incómoda pero las pláticas incómodas a veces son sumamente necesarias.
Miro mi taza que parece más interesante y luego la miro a ella. Alejandra, al igual que yo evita hacer contacto visual, está demasiado ocupada revisando algo en su teléfono como si estar sentada frente a mí le pesara y lo entiendo, yo también estoy incómoda.
Tengo la espalda recta y la expresión neutra, con facciones de una mujer que tiene todo bajo control, la que nada le afecta, aunque por dentro me estoy desbordando.
— Bueno Alejandra, te cite porque no entiendo qué pasa — dije tratando de mantener la compostura mientras juego la asa de la taza para aligerar mi ansiedad — Siento que me estás excluyendo del grupo y no sé por qué.
Alejandra era una de mis mejores amigas y digo era porque ahora no sé en qué términos estamos. Últimamente me siento fuera del grupo que teníamos con Edith y Miranda. Me duele aceptar que hicieron un grupo de WhatsApp nuevo sin mí y también me duele haber visto sus historias todo el verano pasándola bien mientras yo me hundía en la nostalgia por mi mamá.
Lo discutí con ellas porque siempre suelo hablar de lo que siento, mientras que Edith y Miranda mostraron un cambio y se disculparon, Alejandra siempre parece a la defensiva conmigo. En las fotos ya no me incluye y en nuestras salidas parece que solo le habla a Edith y Miranda. Cada vez que intento hablar, noto su molestia, aunque ella insiste en que no pasa nada, es evidente que sí. Sentir esa exclusión de alguien a quien consideraba una amiga me duele profundamente.
—No sé, Eva. Simplemente siento que ya no encajamos — se encogió de hombros, mirando hacia la calle y evitando mi mirada — Siempre quieres salir de fiesta o pasar tiempo con Diego. A veces estás molesta y es algo de lo que no necesito ahora.
Sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Me doy cuenta de que he estado más absorta en mi nostalgia, añorando mucho a mi mamá, lo que me ha alejado de ellas.
Pero ¿Cómo podía Alejandra decir eso? ¿No se daba cuenta de que estaba pasando por un momento complicado?
——¿Molesta? — repito, guardándome mi enojo — Estoy olvidando como Luce mi mamá. Estoy tratando de entender está parte del duelo que no sabía que podía suceder, no es fácil... y ¿a qué te refieres con solo salir de fiesta? Las invite a decorar mi altar, a hacer picnics, pijamadas y nunca pueden... conmigo nunca pueden.
—Lo siento, Eva. Pero yo necesito rodearme de gente positiva, no de alguien que últimamente se la vive enojada.
Mis ojos se agrandan y se abren más de lo normal. La miro fijamente, tratando de procesar sus palabras. Sentía que me estaban rompiendo el corazón pero no iba a llorar. No aquí.
Me siento herida que piense eso de mí, no sabía que mi actitud le molestaba tanto pero ¿no podía tener un poco de tacto? ¿Cómo puede ser tan insensible?
Parece que ya se le olvidó cuando su papá murió hace apenas cinco meses. Ella llegaba al trabajo molesta, triste o simplemente no hablaba con nadie y yo jamás la juzgué. Al contrario, la sostuve porque sé perfectamente lo que se siente perder a un padre de golpe.
Siempre he estado ahí para ella y ¿esto es lo que recibo a cambio?
— Estoy intentando entender mis emociones, discúlpame si en algún momento te incomode o sentiste que cada que nos veíamos yo no tenía la mejor disposición. Solo necesito a mi amiga en este momento, no que me excluya.
Alejandra se cruzó de brazos, sin mostrar empatía.
— Después de lo de mi papá necesito rodearme de energía positiva, no de ... esto — me señala.
Miro a mi amiga, está ahí frente a mí pero se siente distante. Ahí fue cuando lo entendí todo.
La decepción entra de golpe y me doy cuenta de que no estoy hablando con una amiga sino con alguien que ya no me encuentra útil.
Es decir, me duele darme cuenta de que mis actitudes la alejaron y aunque me sirve saberlo para mejorar, no quita que me sienta usada.
Cuando recién pasó lo de su papá, era la única que ella buscaba en el grupo. Me quería ver diario, no se despegaba de mí porque según ella yo era la única que la entendía o en pocas palabras "yo sabía de muertos". Fui su guía, su paño de lágrimas y la que le sostenía mientras ella se hundía. En ese momento mi "negatividad" no le importaba porque yo le ayudaba a cargar la suya pero ahora que ya sanó y yo necesito dé alguien, mi "vibra" le estorba.
—Ya, entiendo —dije con una calma que me costó mantener. Quiero llorar pero me contengo — Fui muy útil para ti cuando no sabías qué hacer con tu luto ¿verdad? Pero ahora que soy yo la que necesita apoyo resulta que soy un estorbo ahora que estás ... bien.
—No es así, Eva. Simplemente el grupo tiene otro ritmo ahora.
— Yo todavía quiero que nuestra amistad mejore... Podemos intentarlo... — susurré, esforzándome por que mi voz no se quiebre — Podemos hacer que nuestra amistad funcione. Las dos podemos cambiar, poner de nuestra parte... Yo no te quiero perder, Alejandra. Te extraño.
Me sentí fatal al decirlo, como si hubiera comido vidrio. Odio ser migajera en las amistades. Odio ser la que suplica en una amistad pero todavía tengo esperanzas en salvar lo que queda.
Me siento culpable, quizá sí tengo una actitud nefasta y estoy "vibrando bajo" pero puedo cambiar mi actitud para encajar otra vez. Cuando quieres a alguien, haces lo que sea por no perder el vínculo pero me di cuenta tarde que ella no quiere; solo me mira con una mezcla de fastidio y superioridad.
No queda ni rastro de la amiga que yo conocí.
— La verdad, no entiendo por qué te pones así. Yo no te excluyo, es que tu actitud cansa... pero bueno — alza sus hombros restándole toda la importancia del mundo — Tengo trabajo y debo irme. Te veo luego.
#1031 en Joven Adulto
#7321 en Novela romántica
capricho obsesión juego amor, pasion loca deseo fantasía, filofobia miedo cartas radio drama
Editado: 26.02.2026