Es increíble cómo te puedes acostumbrar a una persona y que de la nada, se vuelva un extraño. Me tomó varios días y muchas lágrimas entender que Alejandra no me quería cerca pero aceptarlo dolió más que cualquier ruptura amorosa, porque si, nadie te dice qué hacer cuando una amiga te desecha como si fueras basura después de años de estar para ella.
A veces te aferras tanto a una amistad que no te das cuenta de cuándo empezaste a cambiar por tratar de encajar. Con Alejandra me pasó así; yo juraba que éramos inseparables, hasta que me di cuenta de que ella ya tenía un plan en el que yo no figuraba, entonces quise encajar con tal de que no me dejara.
Ahora estoy aquí, en el jardín de mi casa tratando de sacarme ese sabor amargo mientras le cuento todo a Melissa.
— Me sentí rara con mi actitud — ella me ve atentamente porque no sabe mi versión y yo pacientemente le cuento — ¡Le lloré! Y ¡Le rogué! — alce las manos y grité con exageración porque aún sigo sin entender que tan migajera y débil me vi — Le dije que salvaramos nuestra amistad porque genuinamente quería recuperarla pero ella no tenía la misma disposición y está bien, lo respeto. Lo que no entiendo es la actitud que tomó.
— Me gusta pensar que es por el duelo de su papá….
Susurra Melissa.
— Si, lo sé. Pero eso no justifica que tenga que portarse grosera y hacer a un lado a los demás….
— Cómo si ya no te necesitara y te desechará — terminó por mi.
Ambas asentimos con la cabeza y tomamos una papa frita para llevarnosla a la boca.
—Bueno, algo que nos cuesta entender a todos es que no podemos obligar a alguien a estar con nosotros — dijo, con una suavidad que me hizo sentir aún más vulnerable— Tal vez ella ya no vibraba de la misma manera que tú y no por eso significa que sea mala persona.
La miré desconcertada sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban en mis ojos. Sus palabras me dolieron porque es una verdad que no quería admitir.
— A veces debemos aprender a dejar ir — continua — y yo sé que con ese corazón de pollo que te cargas es bien difícil porque tú lo das todo pero ella, tal vez… ya no quiere que seas parte de su vida. Y eso no está mal, lo que si no justifico es su manera de decir las cosas.
La realidad de sus palabras me remueven porque duele perder una amistad y sobre todo un vínculo que no estaba lista para dejar ir. Yo con Alejandra esperaba crecer una a lado de la otra pero qué difícil es entender cuando no se puede y sobre todo cuando la otra persona ya no está dispuesta a salvar el vínculo.
¿Cómo lo entiendes? ¿Cómo dejar ir un vínculo que no estabas dispuesta a soltar?
— Es que es eso — digo lastimada y con la voz quebrada— Acepto mis errores, tal vez no fui buena amiga pero al menos me lo hubiera dicho en la cara, no desecharme y fingir que no pasa nada. Dolió mucho… — suspiré — pero eso es totalmente mi responsabilidad, por crear expectativas en personas de las cuales esperaba mucho. Las malditas expectativas.
Mi amiga me toma la mano, su tacto es reconfortante para mi corazón.
—No te culpes —dijo— Todos creamos expectativas y todos nos llevamos decepciones. Lo importante es aprender a dejar ir y seguir tú vida.
Asentí con la cabeza, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a caer. Se que tiene razón, pero duele mucho aceptar que una amistad que había sido tan importante para mí haya terminado de esa manera.
La conversación se torna en pausa cuando el celular de ella comienza a vibrar. Se disculpa y se levanta de su asiento para tomar la llamada.
Sonrió cuando miro la silueta de mi amiga en forma de reloj de arena. Siempre he admirado el tremendo cuerpo que se carga y también ese trasero que nunca pasa desapercibido.
¡Tengo amigas muy guapas!
Me limpio las lágrimas y contempló el jardín de la casa. Sentada bajo la sombra del enorme árbol de toronjal, una enredadera cubre parte de las paredes. El jazmín atrae a los dos colibríes de siempre y todo está rodeado de muchas plantas.
Diego está tan obsesionado con cultivar ciertos alimentos que pequeños cultivos han comenzado a nacer, como lo es el tomate, chiles, fresas, mangos y algunas hierbas medicinales como la hierbabuena, la manzanilla y la sábila.
Estás últimas hierbas las tenemos gracias a mi tía, ella también es fanática de las plantas y cada que puedo visitarla me da bulbos de sus macetas para que pueda tener mi propio jardín.
Inhalo profundamente el aire fresco, cargado con el olor de la tierra húmeda y las flores, sintiendo una profunda gratitud. Me siento tan afortunada, después de varios días de sopesar la idea de soltar la amistad con Alejandra, me doy cuenta que estoy rodeada de mucho amor.
El duelo por la pérdida de una pareja y el amor romántico son temas recurrentes pero nadie habla del doloroso proceso de soltar una amistad, de la ruptura silenciosa con alguien a quien considerabas te quedarías a su lado para crecer juntas.
Es un duelo del que no se habla, como una ruptura sin funerales. Sin embargo, en medio de esa tristeza, siento el amor que me rodea y que me recuerdan que no estoy sola.
Fernanda me trajo pizza esa misma noche que todo explotó; vimos películas y lloré. Mucho. Diego y Savana no han dejado de enviarme flores. Todos los días recibo un ramo con mensajes lindos. Evelin, a pesar de su tiempo limitado por sus hijos y el trabajo, se mantuvo a mi lado, sin juzgar y sin excluirme. Mi tía, que a través de miles de kilómetros de distancia, por medio de la línea telefónica supo apaciguar mi corazón con sus sabios consejos.
Y Melissa, de quién hace mucho no veía por el trabajo, no ha dejado de mandarme mensajes. Llegó hace unas horas de sorpresa con fresas, vino y papas fritas. Así que aquí estamos, hablando de cómo estoy sobrellevando la ruptura, porque para florecer hay que aprender a soltar.
Es aquí donde te das cuenta que por estar enfocada en un círculo que no te hace crecer, te pierdes de mucha otra gente allá afuera que está para ti y no te dabas la oportunidad de mirar.
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Editado: 26.02.2026