Filofobia ¿viajar amarte?

Implosión

Trato de editar unos videos de la última boda a la que asistí. Traigo puestas unas gafas para poder ver detalladamente las ediciones en los videos de mi trabajo. Porque si, aparte de caerme de buena, estoy ciega.

Diego apenas entra a la sala, se sienta a mi lado, observando mis ojos rojos e irritados.

— Eva, deberías descansar. Ni siquiera has comido.

Su voz llena de preocupación.

Es cierto, llevaba días pegada a la pantalla editando los videos de mi clienta. Siento un dolor punzante detrás de los ojos y un peso en los párpados.

Suspiré, estoy sumamente agotada.

— Lo sé, Diego, pero... es mi trabajo. Y necesito ver cada detalle, cada edición, ya sabes lo perfeccionista que soy.

Él sonrió con ternura.

— Ya, ya... pero hoy necesitas un descanso, viene la noche de trova y vino ¿Te acuerdas? Tenemos que ir, ya compré las entradas hace semanas.

Dudé. La tentación de una noche de música y melancolía contra el montón de trabajo que aún me quedaba me pone contra la espada y la pared sobre todo porque no me apetece escuchar música romántica.

— ¿Ese plan lo propuso Riccardo verdad?

Lo dije antes de que pudiera detenerlo. Ese pensamiento traicionero que reveló mi verdadero motivo para resistirme salió así sin más. Es evidente que no puedo dejar de pensar en ese hombre.

Además, no se me ocurre un plan más aburrido que ir a escuchar boleros. En definitiva es el tipo de música que describe a la perfección a su hermano, pues los boleros son más románticos, sofisticados y lentos, justo como Riccardo.

Diego me miró, enojado.

— ¡No! lo propuse yo — dice ofendido.

Solté una tremenda carcajada por el metidon de pata que acabo de hacer.

Desde que salieron las fechas no ha dejado de mencionarmelo pero con tanto trabajo se me olvidó por completo y ahora no quiero ir.

— Perdona pero no se me ocurre un plan más bueno que tirarme en mi cama y llorar del estrés porque la novia quiere sus videos mañana y todavía no los termino — Me quejo como niña chiquita y me quito mis gafas, frotándome los ojos con la yema de los dedos — ¡Estoy agotada!

No me apetece lidiar con nadie hoy. Quiero pensar que también no estoy muy animada porque a pesar de que la melancolía y la nostalgia son parte de mi, los boleros no son mi estilo.

— Precisamente por eso deberías venir. Un respiro te vendrá bien. Música en vivo, vino, mezcal... ¡y estará mi hermano! ¿no te mueres por verlo de nuevo?

Rode los ojos.

¿La tentación misma planea hacer acto de presencia hoy? Interesante, pero hoy de verdad no estoy preparada para jugar al cazador y la presa. Genuinamente estoy sumamente cansada. Parte de mi agotamiento es por mi sobreexigencia, en mi trabajo soy muy entregada. Me gusta hacer un trabajo pulcro e impecable.

Suelo mirar cada detalle, el velo, el vestido, las flores, todo cuenta para que los recuerdos de un momento importante como ese perdure para siempre. Me gusta que todo salga perfecto y también ayuda a hacer más visible mi trabajo, para que más novias puedan contratarme.

Soy tan entregada que no me importa no dormir por más de 12 horas seguidas.

— Entonces voy a depilarme de una vez — la ironía detrás de mis palabras son claras y fingí levantarme — Uno nunca sabe cuándo pueda ser el mejor momento para...

— ¡Ay ya entendí, ya entendí! — grita con exageración y con las manos detiene mi movimiento.

Me río fuertemente después que sale corriendo hacia la cocina.

Que cabrón que Diego sea un bromista pero odia que le juguen bromas a él. Además, ya sabe perfectamente mi debilidad por su hermano.

Minutos después regresa con un plato de espaguetis. El aroma a tomate y albahaca levanta mi tripa. A veces olvidó comer cuando estoy bajo mucho estrés.

— Come algo, al menos. No puedes vivir solo de café y ediciones.

Una sonrisa se dibuja en mi rostro, conmovida por su gesto.

— Gracias, Diego. Eres el mejor. Quizás... quizás tengas razón — suspiré agotada después de pensarlo tanto — un poco de música y amigos me vendría bien. Pero... ¡solo un poco de alcohol, nada de amanecer! Luego, regreso a mi trabajo .

Diego me guiña un ojo.

— Trato hecho — finge escupir en su mano y estira su brazo para sellar el trato con su peculiar ritual.

Para la noche, me vesti con un vestido negro de holanes en las orillas y con un vuelo demasiado lindo. Se ajusta perfectamente a mi cuerpo sin estar entallado. Mi cabello, suelto y esponjado cae sobre mi espalda. Un maquillaje discreto, con mi distintivo labial rojo completa el look: Un estilo lindo pero salvaje.

En el camino pasamos por la futura esposa, Savana y algunos amigos más. Me sentí sorprendida conmigo misma al esperar que en cada puerta que nos deteniamos fuera la casa de Riccardo y una sonrisa de decepción se asomaba cada que no salía él.

Era una sensación extraña, una sensación que empezaba a preocuparme.

Llegamos finalmente a "Velvet"; el bullicio de la gente, la música que se filtra desde el interior, me rodean. Todos vestiamos de negro, en una mesa muy elegante y está sensación de vacío seguía presente.

Miraba constantemente la puerta, extasiada de ver la entrada triunfal de Ricardo, quién no deja de apropiarse de mis pensamientos.

¡Deseo verlo! ¡Deseo seguir jugando con él! ¿Qué demonios me pasa?

Apenas lo noté, pero llegamos temprano. Los instrumentos para la presentación de esta noche son colocados con cuidado en el centro del escenario con una tarima de madera oscura ligeramente elevada. Alrededor del escenario, mesas pequeñas y redondas de madera negra con sillas de cuero marrón oscuro están esparcidas estratégicamente para ofrecer una mejor vista del escenario.

Las paredes, igualmente de madera estan llenas con fotografías en blanco y negro de leyendas del jazz o cantantes bohemios. La iluminación es tenue y cálida con lámparas que cuelgan del techo.

Todo el lugar es muy sofisticado, íntimo y elegante.




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