Filofobia ¿viajar amarte?

Carta 3

Traición. Esa es la palabra que se repite una y otra vez cada que pienso en ti.

Siempre pensé que éramos diferentes, pero al final resulta que la genética es una trampa. Te miré tirar tu vida a la basura exactamente igual que lo hizo mamá, arruinarte por las mismas razones y lo que más me duele, es que caíste en ese mismo vicio por el que ella se tiró: El amor.

Fue como ver una maldita película repetida.

Sé que cometí errores. Sé que asumí un rol que no me correspondía pero entiéndeme: ya no había una madre, ya no había un padre ¿Quién demonios te iba a cuidar si no era yo? Siempre fuimos inseparables, dos mitades de un mismo desastre. Así que me puse la armadura de adulta, me convertí en tu escudo porque te amaba demasiado y no iba a permitir que nadie te tocara un solo pelo. Ese fue mi peor error. Olvidé que no se puede salvar a quien ha decidido ahogarse.

Mi intención nunca fue herirte. Pero la tuya... la tuya fue letal. Tú atacaste con precisión, con toda la intención del mundo, dejándome una herida que todavía sutura.

Solo bastó que un hombre te dirigiera la mirada para que te desmoronaras, para que te convirtieras, de la noche a la mañana, en la réplica exacta de él.

Empezaste a usar sus mismas armas: la manipulación, la mentira, el robo, el llanto fingido, los gritos de madrugada ¿En qué momento el amor que nos teníamos se pudrió hasta convertirse en odio? ¿En qué segundo exacto decidiste cambiar de bando, elegirlo a él y transformarte en mi peor enemiga? ¡Por un hombre!

Nosotros, tu verdadera familia, pasamos a ser los villanos de tu historia solo por intentar defenderte de alguien que te engañaba, te manipulaba y te golpeaba. Pero preferías los golpes de él que la verdad en mis ojos.

Nunca voy a olvidar tus amenazas, ni esas risas de satisfacción al verme sufrir, al ver cómo destruías lo poco que nos quedaba.

¿Qué te pasó? ¿Qué nos pasó?

¿Dónde quedaron las niñas que se peleaban por un juguete y dos minutos después se pedían perdón llorando? No cabe duda de que lo que no se habla se repite y tú elegiste el camino del amor, el mismo legado de sumisión de nuestra madre. Te vendiste barata por un par de segundos de un afecto falso.

Tu traición fue el golpe de gracia para mi desconfianza. Me enseñaste que el amor, incluso el de la familia, es una trampa que te vuelve tóxica y te pudre el alma. Si mi propia sangre fue capaz de convertirse en mi peor enemiga por el capricho de un hombre ¿cómo se supone que crea en alguien como Riccardo? ¿Cómo voy a abrirle la puerta de mi vida a sus ojos grises, si tú me demostraste que el amor te transforma en un monstruo capaz de destruir a quienes verdaderamente te aman? Gracias a ti también, mi filofobia no es solo un escudo; es un castillo donde donde me encierro para no terminar siendo una réplica tuya.

Siempre te desearé lo mejor, porque alguna vez te cargué, alguna vez te cuidé y alguna vez te amé con toda mi alma, hermana.

Pero estoy cansada de cargar con tus muertos. Estoy harta de mirar mi presente a través de tu reflejo y usarlo como excusa para salir corriendo cada vez que alguien intenta tocar mi corazón. Quiero dejar de comparar tu camino para poder empezar a construir el mío. Deseo con todas mis fuerzas soltar esa culpa que me envenena, bajar la guardia y aprender a confiar pero me aterra descubrir que, si dejo ir el fantasma de tu traición, me quede completamente desprotegida ante el riesgo a sentir sin pensar que estoy firmando mi propia sentencia de muerte.

Hoy elijo rescatar a la niña que fuiste y enterrar a la mujer en la que te convertiste. Te devuelvo tu desastre y me quedo con mi paz.

Con amor, Eva




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