Filofobia ¿viajar amarte?

capitulo 10 - Miedo visceral

Me despierto con un sobresalto, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho. La tensión se adueña de mi cuerpo y una maraña de pensamientos se asienta en mi cabeza al recordar las discusiones y todo el drama familiar.

"Todo estará bien" me repito a mí misma pero eso solo hace aumentar mis nervios.

Con un nudo en la garganta me siento en una de las esquinas de la cama, me acomodo y tomó un profundo respiro. La habitación está en silencio, excepto por el sonido de la respiración suave de Riccardo en la cama. Me quedo quieta, observándolo dormir y siento terror.

¡No puedo creer que pase la noche con él! ¡No puedo creer que le conté sobre mi vida! ¡No puedo creer que baje la guardia de esta manera!

El miedo, una vieja amiga me aprisiona.

Arrepentida de todo lo que compartí, me levanto de la cama con cuidado, no queriendo despertarlo. Me pongo mis zapatos y acomodo mi nido de pájaros con rapidez. Tengo que salir de aquí antes de que él se despierte, pero justo cuando estaba a punto de alcanzar la puerta, su voz me detiene.

— ¿No piensas despedirte?

Me doy la vuelta y ahí está él, sentado en la cama, apoyado contra el respaldo de madera con una sonrisa en su cara. Las sábanas sólo cubren parte de su cintura, dejando al descubierto su muy firme y trabajado abdomen.

¡Madre mía! ¿En qué momento se quitó la camisa anoche?

— Lo siento, pero debo solucionar todo este drama cuanto antes — digo, tratando de sonar convincente — Gracias por todo — agregó, intentando sonar casual, aunque en el fondo quisiera saltar sobre él.

Riccardo no se deja engañar, sonríe; una sonrisa lenta y peligrosa. Se levanta de la cama rápidamente y en tres zancadas llega junto a mi deteniendo la puerta.

— ¿porque tienes que salir corriendo siempre?

Me tenso, siento que estoy acorralada. No quiero hablar de mis sentimientos, no quiero analizar lo que ha pasado entre nosotros.

— No tengo tiempo para esto — digo, intentando sonar firme dando un paso hacía la puerta.

— Anoche no parecías tener tanta prisa por irte…— se recarga contra la manija de la puerta, cruzándose de brazos y observandome con una tranquilidad que me desquicia — No creo que puedas huir de mí tan fácilmente — continúa, cerca de mi oído— afronta lo que hiciste.

Estoy en shock y lo miro retandolo

Grave error. Sus ojos no solo me miran, me devoran.

Su cuerpo está a milímetros del mío. Su abdomen rozándome, su colonia invadiendo mis sentidos. Estamos demasiado cerca, su presencia en este momento me envuelve, me atrae y me intimida.

¿Cómo es posible querer estar en los brazos de alguien y al mismo tiempo correr despavorida lejos de él?

Esta jugando muy sucio.

Me siento atrapada entre sus brazos y mi instinto me dice que debo huir pero mi cuerpo parece tener otros planes.

— Que mala memoria tienes — le respondo, aunque mi respiración comienza a fallar— Fuiste tú quien dejó muy claro que lo que pasó entre nosotros fue un error. Yo solo estoy siendo una buena alumna y siguiendo tu consejo.

Le guiño un ojo y disfruto la sorpresa en su cara cuando utilizó sus propias palabras en contra.

Riccardo ríe sonoramente, seguidamente se inclina, clava sus dedos en mi cintura y roza mi lóbulo con sus labios.

— ¿Segura? Porque a mí me parece que estás perdiendo el control.

—¿Tú crees? —Me acerco aún más, hasta que nuestras bocas están a milímetros de los suyos— Pruébalo

Es un desafío ¿Qué quiero demostrar? Solo quiero que me demuestre que me equivoco, aunque me duela admitirlo.

Riccardo suelta un gruñido bajo y su otra mano inmediatamente toma mi cintura, apretándome contra él con una fuerza que me corta la respiración y me deja con ganas de más. Sus dedos se entierran en mi cadera, reclamando mi cuerpo como si fuera suyo.

—Tú corazón está palpitando tan fuerte que puedo sentirlo desde aquí

— Es verdad — Me rió, porque no lo puedo ocultar y tampoco lo quiero negar.

Sus dedos rozan mi abdomen, apenas un contacto, pero es suficiente para que un cosquilleo me recorra la columna.

— No puedo resistirme a desearte — continúa. Sus ojos cerrados, su boca muy cerca de la mía — Y eso, mi querida Eva, está empezando a ser un problema…Podría besarte ahora mismo —dice contra mis labios. Su voz cargada de una tensión sexual insoportable y yo deseando que me bese ya — y sé perfectamente que no me detendrías. Sé que me devolverías el beso con la misma rabia con la que intentas alejarme.

—Si, lo haría—admito, manteniendo mis ojos fijos en los suyos— No busco excusas, Riccardo.

El no dice nada. La tensión entre nosotros es casi palpable, a punto de romperse. El silencio en la habitación es absurda, nuestras respiraciones excitadas son el único eco que nos envuelve.

Siento su lucha. Por un segundo, creo que va a romper su propia regla y devorarme ahí mismo. Lo veo en la forma en que sus ojos bajan a mi boca con ganas de hacerme suya.




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