Final Alternativo

17

BRANDY

Un silencio se instala otra vez.

Yo asiento despacio, sin apartar la vista. Algo en mí quiere agradecerle, abrazarlo, decirle que esas palabras curan rincones de mi pasado que pensé intocables.

Pero me quedo quieta, solo dejando que la sensación se expanda dentro de mí.

El corazón me late tan fuerte que siento que todo el cuarto gira alrededor de esa confesión: “eras luz entre la oscuridad”.

Yo sigo con la respiración entrecortada, intentando procesar lo que acaba de decirme.

“Eras luz entre la oscuridad.”

Las palabras aún flotan en el aire, como si hubieran quedado atrapadas en el silencio que ahora nos rodea. Tacker no aparta la mirada, y yo siento que mi piel arde bajo ese peso invisible.

—No sé qué responderte —murmuro, jugando con un mechón de mi cabello para distraer mis manos inquietas.

Él sonríe de lado, suave, sin ironía.
—No tienes que responder. Solo quería que lo supieras.

Sus ojos se clavan en los míos, y por un instante es como si estuviéramos atrapados en una burbuja donde no existe nada más. El roce accidental de su rodilla contra la mía se repite.

No se aparta.

Yo tampoco.

Siento un cosquilleo recorrerme, un calor que me sube por las piernas y me oprime el pecho. No sé si moverme o quedarme quieta, y al final me quedo exactamente donde estoy, como si mi cuerpo decidiera por mí.

— ¿Te acuerdas…? —Empieza, bajando la voz—. Cuando nos escapábamos de la clase de educación física y nos escondíamos detrás del gimnasio.

Su recuerdo me hace sonreír de inmediato, casi sin querer. —Claro que me acuerdo. Siempre inventabas excusas ridículas para que no nos descubrieran.

—Y tú siempre me seguías la corriente. —Su risa es baja, sincera—. Creo que era la única hora del día en la que sentía que podía respirar tranquilo.

Yo asiento, bajando la mirada. —A mí también me gustaba. Me hacía sentir… acompañada.

Cuando lo digo, me doy cuenta de que la palabra carga mucho más de lo que esperaba. Tacker también lo percibe, sus ojos se suavizan y por primera vez noto un brillo vulnerable en ellos.

—No sabes lo importante que era eso para mí —confiesa, inclinándose apenas hacia adelante—. Saber que había alguien que me entendía, aunque no habláramos de todo.

Siento mis labios secos y me humedezco con la lengua, nerviosa. Él sigue mirándome y la intensidad de su mirada me obliga a apartar los ojos hacia el suelo. Mi corazón late con tanta fuerza que temo que él pueda escucharlo.

—Yo pensaba que lo nuestro era una amistad rara —digo con una risa breve, intentando romper la tensión—. Éramos tan distintos…

Tacker niega despacio. —No era rara. Era lo que necesitábamos. Al menos yo lo necesitaba más de lo que jamás admití.

Sus palabras me hacen tragar saliva. Levanto la vista y lo encuentro más cerca, no físicamente, pero sí en esa manera en que alguien se abre sin miedo.

Su mano se mueve apenas, rozando mis dedos con la suya. Es un contacto mínimo, pero suficiente para que un escalofrío recorra todo mi cuerpo.

Me quedo quieta, con los dedos tensos, hasta que siento cómo él los roza de nuevo, como si me pidiera permiso. No llegamos a entrelazarlas, pero la electricidad que atraviesa ese contacto es demasiado fuerte para ignorarla.

—Tacker… —susurro, apenas audible.

— ¿Qué? —responde, con esa voz grave y baja que me hace estremecer.

—Esto se siente… raro.

Él sonríe, inclina la cabeza hacia un lado. —¿Raro en mal sentido o raro en… otro sentido?

Me río, nerviosa, y niego. —No sé. Solo distinto.

Su dedo roza de nuevo el dorso de mi mano, lento, deliberado. La piel se me eriza. —A mí me gusta este “distinto” —confiesa.

El aire parece espesarse entre nosotros.

Estoy segura de que si alguno de los dos se mueve un poco más, el momento va a romperse o a transformarse en algo imposible de detener. Mis labios se separan apenas, como si quisiera decir algo más, pero no logro encontrar las palabras.

—¿Sabes qué más recuerdo? —su voz me rescata, aunque la tensión no disminuye.

—¿Qué? —pregunto, con un nudo en la garganta.

—La forma en la que te reías cuando me contabas algo absurdo. —Él sonríe, nostálgico—. Esa risa era lo único que me sacaba de la cabeza cuando todo se sentía pesado.

Yo bajo la mirada, apretando mis labios para no dejar escapar otra sonrisa tonta. El corazón me late tan fuerte que siento que vibra en mis costillas.

—Nunca pensé que me veías de esa manera —confieso al fin.

Él se inclina un poco más, lo suficiente para que su voz roce mi oído.
—Siempre te vi, Brandy. Incluso cuando fingía no hacerlo.

El calor en mi pecho se expande, y tengo que apartar la vista porque la intensidad de todo esto es demasiado. Pero no aparto mi mano. La dejo ahí, quieta, bajo la suya, disfrutando del peso ligero y de la certeza de que este es un Tacker distinto al que conocí o tal vez el mismo, pero ahora sin máscaras.

Me atrevo a mirarlo más tiempo del que debería, como si intentara descifrar en su rostro todas las piezas que aún no encajan. Hay algo distinto en él, y no me refiero solo a su forma de hablarme. Sus gestos son más suaves, su mirada más abierta, como si se hubiera quitado una coraza que llevaba puesta en la adolescencia.

—¿Por qué eres tan distinto ahora? —pregunto sin poder contenerlo. Mi voz suena más frágil de lo que quería, casi un susurro.

Él me observa en silencio unos segundos, como si midiera sus palabras.
—Porque… —inhala, profundo, y deja escapar el aire lentamente—. Porque vi la vida desde otros ángulos.

pesado. Me quedo quieta, no sé qué quiere decir con eso, pero la ambigüedad me da miedo y curiosidad a la vez.

Sus ojos se clavan en los míos, y en ese momento completa la frase: —Y en cada uno de esos ángulos, pensaba en ti.

Las palabras me golpean el pecho como un eco imposible de ignorar. Siento un calor intenso en las mejillas y bajo la mirada, nerviosa. No sé si me habla desde la nostalgia, desde un arrepentimiento, o desde algo que todavía vive en él. Y yo no sé qué hacer con eso.




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