Final Alternativo

28

BRANDY

Faltan tan solo cinco días para navidad y no tantos para que el año se acabe.

Cuando pienso en como terminé el año en comparación como lo empecé, me siento tan confundida. Nunca imaginé que mi novio iba a engañarme con la chica que me prometía que era solo su amiga. Tampoco imaginé que su recurso para que lo perdonara, fuera pedirme matrimonio.

Y sobre todo, jamás me imaginé que vería a Tacker de nuevo.

Sonrío viendo fuera de la ventana, las calles blancas por la nieve y algunos ya están limpiando sus frentes de ella, otros niños están jugando y disfrutando el momento.

Eso es un contraste interesante. Mientras que los adultos hacen lo que se supone que tengan que hacer, lo necesario e indispensable, los niños solo disfrutan de esos pequeños momentos.

Alguien toca mi puerta y volteo cuando la abren lento. Es mi hermana, sonriendo, con las mejillas rosadas por el frio a pesar de la calefacción.

—Hola, mamá hizo chocolate caliente, otra vez —sonríe.

Le sonrío pero se desvanece en un segundo.

Ella frunce el ceño. — ¿Estás bien? ¿Es por William?

Resoplo y me muevo para sentarme en el borde de la cama, ella cierra la puerta y se coloca a mi lado también, como cuando éramos más jóvenes. Como cuando ella estaba en su adolescencia y yo en mi niñez y pensaba que era la chica más asombrosa del mundo.

—No —contesto—. William fue… no lo sé. Un espejismo o algo así.

Siento de nuevo ese vacío en el pecho, un conjunto de palabras que no he dicho y que tengo miedo de decirlas.

— ¿Entonces? —pregunta, bajando la voz.

Aclaro la garganta. — ¿Dónde está Roger? —Le pregunto, hablo de su esposo, el padre de Ariana—. ¿Todo bien?

Asiente. —Claro pero ya sabes, él solo… está haciendo lo que puede, quiere darle una buena vida a Ariana y está trabajando pero me dijo que vendría el veintitrés, se quedará hasta año nuevo.

Frunzo el ceño. —No entiendo cómo puedes hacerlo, apenas se ven.

Se encoje de hombros. —Eso es el matrimonio. Nunca pensé que su trabajo lo llevaría kilómetros lejos de mí pero es un padre responsable y es bueno, lo amo y sé que un día todo mejorará.

Bajo la mirada.

Ella toma mi mano, sus dedos están fríos. —Pero no cambies el tema, ¿Qué es lo que te pasa?

No respondo, no sé cómo hacerlo.

Ella suspira. —Ariana me ha dicho que su profesor de Arte siempre pregunta por ti —mi corazón pega un salto—. Y bueno, ¿No te parece una casualidad asombrosa que él sea tu amigo de la infancia?

Chasqueo la lengua. —No éramos amigos en la infancia, ya éramos adolescentes —pienso en Tacker, cuando éramos jóvenes, cuando lo vi por primera vez—. Y, sí, una casualidad.

— ¿Es eso, no? —dice—. ¿Es por él?

Me encojo de hombros. —No, no es por él.

Lola permanece en silencio durante unos segundos hasta que se mueve para verme un poco mejor. —No interactué mucho con él, cuando ustedes eran amigos yo estaba en la universidad pero sí recuerdo esos veranos y esos inviernos cuando venía de visita y recuerdo verte con él.

Yo también recuerdo esos días.

—Él me parecía muy… frio, opuesto a ti pero no sé, cuando estaban juntos era como si estuvieran en su propio universo y él no era amigable, tampoco hablaba mucho pero cuando estaba contigo, sonreía.

Bajo la mirada, siento las lágrimas amenazando por salir.

—Y te recuerdo cuando él se fue… —me da un apretón en la mano—. Recuerdo que intentabas seguir y verte feliz pero algo en ti se había apagado y aunque yo no lo conocía, me dio ganas de ir a buscarlo solo para golpearlo por romper tu corazón.

Niego. —No rompió mi corazón, no estábamos juntos.

Resopla. —No tienes que estar en una relación con alguien para que te rompa el corazón. Armas, lo que ustedes tenían era amor. No un romance adolescente, era amor. Lo sé ahora, lo sé después que escuché como era su vida y lo que para ti significaba.

Aclaro la garganta. —Y ahora yo me iré.

Esas palabras me arden y me lastiman. Yo me iré, otra vez me voy lejos de Tacker como él se fue de mi vida pero esta vez es por el simple y ridículo hecho que hemos crecido. Que tenemos que trabajar y toda la parte de ser adultos.

Pero juro que quisiera regresar a esos días a su lado, los mejores de mi vida.

—Brandy —Lola se levanta pero aun sostiene mi mano, la toma con ambas—. Creo que tú y él se deben una conversación, una donde hablen del pasado y lo que esperan del futuro. Si esta vez se tienen que decir adiós, háganlo de la mejor manera.

—Si esta vez se tienen que decir adiós, háganlo de la mejor manera.

Sus palabras se quedan suspendidas entre nosotras, como humo en una habitación cerrada. No se disipan, solo giran lentamente, impregnándolo todo con esa verdad incómoda que duele admitir. Aprieto mis manos contra las suyas, como si anclarme al calor de mi hermana pudiera alejar el frío que se me instala bajo la piel cada vez que imagino ese momento: un adiós definitivo. Uno que no tenga la excusa de la juventud, del caos familiar, de la huida como única salida. Uno que duela porque sería elegido.

—No sé si quiero volver a pasar por eso —confieso, y mi voz se escucha pequeña incluso para mí.

Lola me mira en silencio, con esa forma tan suya de observar que siempre me ha dado la sensación de que ve más de lo que digo. Desliza el pulgar sobre mis nudillos, un gesto lento, suave, que me recuerda cuando me peinaba antes de ir a la escuela, con sus manos tibias apartando mi cabello de la frente.

—Lo que estás sintiendo no es miedo al adiós —dice finalmente—. Es miedo a lo que todavía sientes por él.

Respiro hondo. El aire entra frío, pesado, como si la habitación no tuviera suficiente oxígeno. No quiero llorar, pero hay una presión detrás de mis ojos, una quemadura en la garganta. Porque es cierto. Porque acercarme a Tacker ha sido como abrir una ventana en una casa llena de polvo y recuerdos: entra aire, sí… pero también vuelve todo lo que estaba guardado.




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