Final Alternativo

30

BRANDY

No sé qué estoy haciendo y no sé por qué no puedo dejarlo ir.

No sé porque simplemente no tomo mi equipaje y me voy, así como él lo hizo hace años, en lugar de estar frente a su puerta esperando que algo en nuestros futuros cambie por una simple conversación.

Tacker abre la puerta.

Debido a que es la semana de navidad, Ariana ya no tiene clases así que supongo que él tampoco hace mucho cuando no está encargado de la cafetería.

Es por eso que lo encuentro con ropa cómoda, un sudadero gris y unos pantalones sueltos. Verlo así revuelve algo en mi interior. Me recuerda a nuestras tardes juntos cuando hacíamos tareas y luego veíamos algo como una película o una serie, aunque siempre la dejábamos a la mitad y charlábamos sobre todo y nada a la vez.

—Hola Brandy —sonríe, moviendo la mano, señalando hacia un lado para que entre.

Doy un paso y mi corazón se acelera. —Hola.

Él me ayuda con el abrigo y la bufanda, noto que ya ha servido dos tasas con chocolate caliente y de nuevo, otro recuerdo. Uno donde también era invierno y nos quedamos escuchando música en mi habitación mientras tomábamos chocolate caliente.

Ojala pudiera borrar esos recuerdos, a veces duelen demasiado.

No sé si el dolor se debe a que sé que nunca volveremos a ese tiempo o que nunca será exactamente igual. Quizás es pensar que teníamos una oportunidad y la dejamos ir.

—Siéntate —pide, señalando el sofá.

Asiento y me muevo hasta ahí, él toma las dos tazas y las deja sobre la mesa frente al sofá. Luego se sienta a mi lado y sigue sonriendo.

Frunzo el ceño. — ¿Por qué haces eso ahora?

Aunque su sonrisa continua, sus cejas se elevan. — ¿Qué cosa?

Vine a hablar, a decir todo lo que no le he dicho, todo lo que quise decirle. —Eso. Sonreír —bufo—. Tacker, tú no sonreías.

Chasquea la lengua. —Por favor Brandy, no es como si era un robot sin sentimientos.

Niego, moviéndome un poco para verlo de frente. —Lo sabes. Tú sabes que no eras así, que eras… tan distinto. No sonreías, decías que odiabas a todos, que nada importaba y si pudieras, destruirías al mundo entero.

Tacker ha dejado de sonreír, su apartamento está iluminado tenuemente por la luz natural opacada por el clima. Es raro, es como un momento irreal, surrealista. Como esos que ocurren en los sueños y aunque parecen la vida real, sabes que no lo es.

Junta las manos. —Lo sé, así era.

Suelto aire por la nariz. — ¿Eras? ¿Cómo sabes que ya no eres así?

Estoy siendo cruel, lo sé. Pero además de todas las cosas buenas que sentí por él, también atravesé por un momento de enojo y resentimiento cuando se fue. No lo sentí justo para mí, que se haya ido sin decirme a donde o porque.

Tengo que saberlo.

Frunce el ceño. — ¿Qué?

Levanto las manos. —Sí, ¿Cómo sabes que ya no huiras de nuevo?

Entorna los ojos. —Vaya, eso fue un golpe bajo —noto que endereza la espalda—. ¿Crees que lo que hice fue solo huir?

Inclino el rostro. —Tú dime.

Bufa. —Bueno, si así lo ves, me doy cuenta que no me conoces.

Me levanto del sofá. —Exacto Tacker. No te conozco. No sé quién eres ahora.

Él también se coloca de pie. — ¿De dónde viene todo esto, Brandy?

Tomo una respiración larga. — ¿De dónde crees? —tengo que tragar antes de continuar—. ¿Sabes lo que se sintió cuando te fuiste?

Siento que hemos tenido esta conversación muchas veces aunque quizás no han sido tantas y no son las suficientes. Es solo que, realmente quería saber por qué.

—Yo sé qué…

— ¡No! —interrumpo—. Ya lo sé Tacker, sé que tu vida era difícil y lo sé, lo sé. Yo lo sé —repito—. Yo quería ayudarte, quería que supieras que estaba ahí para ti, quería que confiaras en mí pero no lo hiciste.

Niega. —No Brandy, no era eso. Yo sabía que me querías, lo sabía y sabía que tú… tú hubieras renunciado a todo por mí. Lo sé, sé que me hubieras seguido si te lo hubiera pedido.

— ¡Pero no lo merecía! —elevo la voz y la presión en mi pecho se aparece—. No merecía que te fueras así, que me dejaras de un día para el otro, que no respondieras mis llamadas o mis mensajes, que lo único que me dejaras fuera una carta que solo… solo me pedía que no te buscara y que siguiera sin ti.

Estoy tratando con todas mis fuerzas de no llorar pero es tan difícil. Es como volver en el tiempo y despertar con mamá avisándome que alguien había dejado una caja afuera de la puerta. Una caja que solo tenía una carta y un dibujo que él hizo de nosotros.

Luego borró todo.

Sus redes sociales, su número no conectaba a nada, su madre no sabía nada de él y nadie sabía nada.

—Brandy…

Levanto la mano para que me escuche. —Tenía miedo, no quería que te lastimaras. No sabía si un día realmente te ibas a ir para siempre. Tenía… yo… —la primera lagrima aparece y se desliza por mi mejilla—. Te busqué por todos lados, volteaba a todas partes. Siempre me parecía verte en cada esquina pero nunca eras tú.

Baja la mirada.

—Luego soñaba contigo y que regresabas, que me prometías que volverías. Mantenía mi teléfono encendido y revisaba mis mensajes, preguntaba por ti a cada conocido hasta que los cansé… mis padres estaban aburridos de mí, mi hermana se preocupó…

Cierro los ojos y otra lágrima cae.

—Te esperé, Dios sabe que lo hice. Te esperé con paciencia, con ira, con rencor y te perdoné mil veces. Oré para que regresaras, para que algo me diera una señal. Quería saber que estabas bien —bajo el tono de mi voz—. Me imaginaba que te habías ido a pasear por el mundo, que quizás estabas en algún país lejano con nuevos amigos y una nueva vida.

Mi voz se quiebra y yo también.

Me tengo que volver a sentar, sigo con los ojos apretados con fuerza y las lágrimas salir sin pausa. —Incluso me preguntaba si mientras esas noches en las que yo me las pasaba viendo al techo pensando en ti, tu tal vez estabas amando a alguien. Tal vez entre tus brazos había alguien. Tal vez habías encontrado una mejor amiga, tal vez te habías ganado la lotería o te habías cambiado el nombre o te habías hecho una cirugía plástica y jamás te reconocería.




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