Final Alternativo

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PASADO

BRANDY, A LOS DICIOCHO AÑOS

Es la primer navidad sin Tacker.

Quiero creer que está bien, quiero creer que solo se fue a un lugar más interesante y ahora todo está´ bien, ahora ya no se siente tan roto ni como si hubiera perdido algo en su interior.

Pero también sé que quizás, eso no es así.

Camino por las calles que alguna vez fueron nuestras y recuerdo todas esas aventuras que tuvimos desde los trece años. Tacker me hace sonreír y cuando él sonreía, me sentía como la persona más exitosa del mundo.

Veo la tienda de antigüedades que ahora tiene un cartel de “Liquidación” y anuncia que cerrará luego del año nuevo. A pesar que aún se puede entrar, no lo hago.

Ahí adentro él y yo dejamos nuestros pasos también. Tacker fingía que no se divertía pero yo sé que sí.

Presiono las manos contra el cristal y veo la tienda opaca, casi no hay nadie, solo unas personas en el mostrador.

Suspiro y me despego, volteo y veo hacia el cielo. Es un día frio, uno donde no hay nadie que me abrace para calentarme o que se queje de conmigo sobre el clima. Ya no tengo a ese chico a mi lado, odiando canciones navideñas y sugiriendo que vayamos por un chocolate caliente.

Sigo caminando y con cada rostro feliz que veo, más ganas de llorar me dan.

Tacker era más que un amigo, era casi el centro de mi universo y ahora parece que se ha ido para siempre.

Un grupo de chicos más jóvenes están al otro lado de la calle, sonriendo y riendo, se ven emocionados por algo que no sabré jamás qué es. Solo pienso en como un día ellos tendrán que decirse adiós.

Volteo y en la calle queda una de esas antiguas cabinas de teléfono que ya no sirven, ni siquiera está la máquina, solo el esqueleto. Otra cosa más que alguien le dijo adiós.

¿Cuántas llamadas se hicieron ahí? ¿Cuánta gente enamorada o enojada? ¿Cuántas llamadas que no fueron contestadas?

Sigo caminando hasta que llego a la cafetería donde solíamos venir. Es veinticuatro de diciembre así que la mayoría de las personas están con sus familias o esperándolas a que lleguen. Yo debería estar en casa también, quizás podría pasar por la casa de Tacker para ver si ha aparecido.

Pero sé que no es así.

Tacker no quiere ser encontrado. Él se fue y eso es todo, ya no hay más respuestas ni explicaciones. Tacker se marchó al día siguiente de la graduación y lo único que me dejó fue su ausencia.

Me siento en la banca de madera afuera del local y escucho la canción instrumental navideña, una que se repite todos los años. Ni siquiera puedo recordar la letra pero seguro es sobre esperanza y amor.

Levanto la mirada al cielo una vez más y esta vez, no la bajo. No se distingue si hay nubes, supongo que sí porque todo parece blanco o al menos, eso parece.

El viento frio golpea mi rostro y ahí es cuando mi vista se nubla por las lágrimas.

Me duele dejar ir a Tacker pero tengo que hacerlo. Él se fue sin decirme nada, él no ha vuelto y no va a regresar, él quizás está en Alaska o en Tokio, tal vez ya recorrió el mundo.

Tal vez…

Las canciones navideñas continúan y mi corazón se congela más y más.

La verdad, quien sabe qué hubiera sido de nosotros en unos años. Algo en mí, muy al fondo, cree que me hubiera enamorado de él. Nunca me permití sentir eso porque Tacker no era otro chico más y una relación pudo arruinar nuestra amistad.

Pero ahora, ya no hay amistad.

Abrazo mi cuerpo y suspiro.

Nunca he creído en algo completamente, siempre he dejado espacios en blanco por si estoy equivocada pero es casi imposible evitar pensar en ese ser que todos dicen que nacerá en esta fecha.

Si está ahí, si existe, no le pido que me traiga a Tacker de vuelta, le pido que lo cuide y que cure su corazón. Que le de todo lo que le hace falta porque Tacker no es una mala persona, sin embargo la vida lo ha tratado como si lo fuera.

Si hay alguien allá arriba, le digo que intercambio todos mis milagros de navidad y mis deseos, por eso.

Porque realmente quiero que Tacker, esté donde esté, se encuentre bien.

Aunque eso signifique que jamás voy a volver a verlo.

Regreso a mi casa con las mejillas frías y sin ánimos de nada, aun con ese sentimiento de nostalgia y soledad a pesar de estar rodeada por mi familia.

Mis padres y mis tíos hablan, ríen, cantan y se toman fotografías.

La comida se reparte, se hacen plegarias y se desean cosas buenas, se intercambian regalos y todos sonríen.

Finalmente es hora de ir a la cama y decir adiós.

Yo no lo hago, yo vuelvo a la caja de cosas viejas y saco algunos objetos que he guardado por años, incluyendo un cuaderno de la escuela en donde tengo notas de Tacker cuando nos hablábamos así en medio de la clase.

Toco su letra como si eso pudiera conectarme con él y lloro un poco más, dos semanas después que se fue me dejó una carta muy corta donde no explicaba nada, eso fue todo.

Finalmente, decido que es hora de dejar esto atrás y cierro el cuaderno pero cuando lo hago, veo que hay algo casi al final.

Es una hoja pegada en todas las esquinas, como si fuera un compartimiento secreto. Nunca me había dado cuenta de eso.

La despego con cuidado y mis ojos se abren al notar eso de ahí.

Es la letra de Tacker.

“Brandy…

No sé si vas a encontrar esto antes de que me haya ido, espero que no porque ahora sabrás que sí, me voy a ir.

Lo siento. Juro que lo siento. Brandy, de todo lo que odio, tú eres lo único que amo en este asqueroso mundo. Cuando te conocí no sabía lo mucho que significarías para mí. Pero eres demasiada buena para mí, yo estoy roto y mi alma está pudriéndose, tú no mereces aguantarme.

Brandy, espero que no me olvides porque yo no lo haré. Estaré bien, solo quiero que tu también y que si nos volvemos a ver, me vuelvas a abrazar como lo hacías.




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