MUCHOS AÑOS DESPUES
TACKER
—Tengo miedo —admito, viendo la fotografía en mi teléfono, una que yo mismo capturé.
Brandy toca mi hombro. — ¿De qué tienes miedo?
Bufo. —Todo. Esto. Ella. Ella me asusta, mírala… ¿Cómo puedo amarla tanto y ni siquiera sabe decir mi nombre?
Hannah.
Mi hija.
Mi hija con Brandy.
Brandy resopla. —Sabe tocar sus dedos con su pequeña mano, eso es algo.
Arrugo la nariz. —Sí pero, ¿No tienes miedo? Esa niña, este bebe… depende de nosotros para que crezca, ¿Y si lo arruinamos? ¿Y si…?
—Tacker —Brandy se levanta solo para sentarse en mi regazo—. Si Hannah tiene un cinco por ciento de ti y de mí, estará bien. Tiene tus ojos, tiene mi nariz y tiene tu corazón. Tú hermoso, enorme y noble corazón. No se tu pero Hannah parece una chica lista.
Me recuesto en su hombro. —Es una chica lista, y será como tú. Perfecta.
Siento los labios de Brandy sobre mi cabeza. —Te amo.
Siento las mariposas de nuevo, las que solo esta hermosa mujer puede seguir provocándome aun después de tanto tiempo. —Te amo el triple.
Y luego, un llanto.
Un pequeño y agudo llanto proviniendo de la otra habitación, donde están las decoraciones que Brandy y yo le hicimos, con una cuna heredada de su hermana y ropa regalada de los padres de Brandy.
Ambos vamos con nuestra hija, quien está pidiendo por algo que quizás es alimento.
Brandy la sostiene y la besa antes de balancearla y calmarla con susurros. Yo me recuesto en el marco de la puerta viendo la escena y este es otro de esos momentos que casi provocan lágrimas en mí.
No puedo creerlo.
Alguna vez, hace mucho tiempo, me sentía tan roto y tan perdido. Sentía que entro de mí solo había un abismo y oscuridad, que no había nada en mi futuro y ya estaba condenado a sufrir por siempre.
Pero ahora, veo a Hannah y veo todo lo que le queda por vivir.
Y veo a Brandy y la promesa de envejecer juntos.
No puedo creer que esta sea mi vida. En un apartamento pequeño, con trabajos que a veces nos estresan demasiado, con llantos a medianoche y con cenas repetidas pero con algo que no tenía cuando era joven.
Con amor.
El amor no paga las facturas ni hace que la espalda duela menos, pero vivir sin amor es tan… devastador.
Y tal vez no le podré dar a mi hija una vida de millonaria y viajes mensuales a países extranjeros, pero le juro que le daré todo el amor que tengo y que jamás le haré pensar que las circunstancias fuera de su control son su culpa.
Que no es una inútil.
Que no es remplazable.
Que su vida no vale.
Brandy me mira y sonríe antes de acomodarla y llevársela al sofá para alimentarla.
Cierro los ojos y veo el reloj.
A medianoche el año cambiará y la vida para muchos seguirá igual, pero aunque nunca hice propósitos de año nuevo, ahora mismo haré uno. No solo para el próximo año, para toda la vida.
Y prometo, juro y me comprometo a darles amor a Brandy y a Hannah, por el resto de mi existencia.
Y recordarme que si un día las cosas no van como quiero o peor de lo que imaginé, que con fe y con valentía puedo seguir y quizás en el camino descubra que incluso un final, puede tener uno distinto.
Uno mejor.
Un final alternativo.
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Editado: 10.01.2026