Fire In Our Hearts

02: "Esta cerca"

El laboratorio de criminalística olía a una mezcla sofocante de formaldehído, café quemado y látex. Madison no había levantado la vista del microscopio en los últimos cuarenta minutos. Frente a ella, una muestra de tejido del "granjero" del Distrito 9 revelaba algo inquietante: las células no estaban muriendo, estaban mutando en una estructura geométrica perfecta, casi artificial.

—Si sigues mirando eso, tus ojos se van a quedar pegados a la lente, Russell.

Madison dio un respingo y se giró. En la puerta, apoyada con una familiaridad que desafiaba cualquier jerarquía de la oficina, estaba Cassandra. Llevaba un overol de trabajo manchado de grasa en la cadera y sostenía el teléfono de la recepción como si fuera un trofeo.

—¿Cass? ¿Qué haces aquí? Se supone que las visitas no pasan de la zona de seguridad —dijo Madison, frotándose el puente de la nariz.

—Técnicamente, vine a "reparar" el sistema de ventilación del ala sur, pero en realidad vine a rescatar a mi esposa de su cautiverio —Cassandra caminó hacia ella, dejando el teléfono sobre la mesa de metal—. La secretaria me dejó pasar porque ya me conoce más que a los guardias. Llevas dos horas de exceso, Mads. Dos. Horas. Y que yo sepa, este gobierno de pacotilla no paga horas extra a los forenses novatos.

Madison soltó un suspiro largo, mirando el reloj de pared. Eran casi las ocho de la noche.

—Es que esto no tiene sentido, Cass. Mira estas muestras. Es como si...

—Es como si fuera hora de irnos —la interrumpió Cassandra, cerrando la carpeta de informes de un golpe seco—. Firma tu salida ahora mismo o te saco cargada al hombro como un saco de patatas. Tenemos pizza fría en el departamento y una serie que no se va a ver sola.

Madison sonrió con cansancio, derrotada por la terquedad de su amiga. —Está bien, tú ganas. Solo deja que guarde los viales en la incubadora.

Media hora después, el ambiente era mucho más cálido. El departamento que compartían era pequeño pero funcional, lleno de planos mecánicos de Cassandra y libros de medicina de Madison. Ambas estaban sentadas en la barra de la cocina, compartiendo una caja de pizza y un par de cervezas.

—Entonces... —soltó Cassandra de la nada, dándole un mordisco a su rebanada mientras miraba a Madison de reojo—, ¿me vas a decir cuándo pensabas contarme que te estás cogiendo al vecino del 4B?

Madison, que justo acababa de dar un trago largo a su cerveza, se atragantó de forma estrepitosa. Empezó a toser violentamente mientras su cara pasaba de un tono pálido a un rojo escarlata.

—¿Qué...? ¿De qué... de qué hablas? —logró decir, limpiándose los labios con el dorso de la mano.

—Oh, por favor, Mads. Soy ingeniera, mi trabajo es notar cuando las piezas no encajan —Cassandra se rió, señalando la ventana—. El vecino sale de aquí a las seis de la mañana con esa cara de satisfacción que solo un hombre que no ha dormido por las razones correctas puede tener. Además, dejaste tu bufanda en su pomo de la puerta el martes. Eres una forense terrible para ocultar pruebas, cariño.

Madison ocultó el rostro entre las manos, soltando un gemido de frustración.

—Fue... fue un desliz de estrés, ¿vale? Además, es guapo y no me pregunta por mi padre ni por el protocolo Nova.

—Pensé que estabas esperando a que tu "Caballero de la Armadura de Delta" volviera de su misión —comentó Cassandra con tono burlón—. Ya sabes, el rubio con complejo de Dios que vive en la cabeza de tu hermano.

Madison levantó la vista, y esta vez su expresión era una mezcla de nostalgia y cinismo.

—Hablamos de Liam, ¿verdad? Por favor, Cass. Eso fue un romance de adolescente. Yo era una niña de dieciséis años con las hormonas alborotadas viendo a un rubio musculoso de diecinueve convertirse en criminólogo y héroe militar. Era una fantasía.

Se echó hacia atrás en el taburete, mirando el techo del departamento.

—Liam Yardley no ve a las personas, ve "casos" y "objetivos". No iba a quedarme sentada toda la vida esperando a que un hombre que me saca tres años y que probablemente tiene una novia en cada puerto se diera cuenta de que ya no soy la hermanita pequeña de Nathan. El vecino está aquí, es real y no tiene un rifle colgado al hombro todo el día.

Cassandra asintió, aunque su mirada se volvió algo más seria. Se acercó a Madison y le dio un pequeño empujón en el brazo.

—Haces bien. El mundo se está volviendo loco, Mads. Entre los muros que levantan las ciudades y las cosas raras que ves en tu laboratorio... lo mejor es aprovechar lo que tenemos cerca. Aunque sea al vecino del 4B.

Madison rió por lo bajo, sintiendo cómo el peso del trabajo finalmente se disipaba. Pero en el fondo, una pequeña parte de ella no pudo evitar pensar en la llamada de Nathan. Liam estaba con él. Estaban en algún lugar clandestino, bajo tierra, enfrentándose a algo que no era una fantasía adolescente, sino una pesadilla real.

—Solo espero que el idiota de mi hermano no se haga matar —susurró Madison.

—Nate es demasiado listo para morir joven —respondió Cassandra, aunque sus ojos reflejaron por un instante la misma preocupación—. Y Liam... bueno, Liam tiene ese complejo de Dios por algo. Los dioses son difíciles de matar.

Afuera, en el pasillo, las luces parpadearon por un segundo. Un fallo de energía que duró apenas un latido, pero que en el laboratorio de Madison, hizo que las células de la muestra del Distrito 9 comenzaran a brillar con un azul pálido y letal.

La noche del 23 de septiembre cayó sobre la ciudad con una humedad pesada, de esas que se pegan a la piel y te hacen sentir que el aire está cargado de electricidad estática. En el departamento, el silencio era absoluto. Cassandra se había ido hacía un par de horas; tenía un turno de emergencia en el taller central de la Alianza de Resistencia para poner a punto los motores de unos transportes blindados.

Madison estaba tirada en el sofá, con la luz de la televisión apagada y solo el resplandor de su laptop iluminando su rostro cansado. Estaba revisando de nuevo los escaneos de las células del granjero cuando su teléfono personal vibró sobre la mesa de café, rompiendo la calma con un tono agudo.




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