Flame Of Chaos

La calma antes de la tormenta imperial

NANDINI

Recuérdenme por favor... ¿por qué demonios esta mujer tan insoportable, irritante y horripilante sigue invitada a mi boda? Ah, no, ya me acordé: es la flamante prometida de mi hermano. Definitivamente, en cuanto pase todo este desorden y la marea baje, voy a tener una conversación bien seria y sin filtro con Reyansh sobre los gustos tan atroces, raros y mañés que tiene para elegir pareja. ¡Qué hermano para tener tan mal ojo, por amor a Dios! Es que ni queriendo se encuentra a alguien con tanta ponzoña encima.

En fin. Solo faltan exactamente dos días para el gran evento y yo ando que no me cambio por nadie, pero con el estómago hecho un nudo amarrado.

A estas alturas, el tiempo se me pasa volando en una ráfaga caótica que no me deja ni respirar. Me la paso prácticamente a diario metida en el palacio imperial, yendo y viniendo entre pruebas maratónicas para ajustar cada bordado de mi vestido, ultimar los detalles del banquete, revisar las flores y coordinar que la guardia real no ande despistada ni pajareando. Ciertamente, mis mejores amigas han sido un apoyo colosal en todo este asunto; Aasha fiscaliza hasta el último centavo del presupuesto con una frialdad bárbara y un libro de cuentas en la mano, mientras que Alisha se encarga de supervisar que los guardias no pisen mi cola de seda de tres metros ni me anden mirando feo. Y, por supuesto, mi mamá ha estado a mi lado desde el primer minuto, consintiéndome, trayéndome té aromático y calmándome los nervios cuando el protocolo me abruma y me dan ganas de mandar todo al mismísimo diablo.

Entre Dejak y yo decidimos que la ceremonia principal de la boda se efectuará en el Templo Sagrado del Palacio. Por si este palacio no pudiera ser más ridículamente gigante, imponente y ostentoso, resulta que cuenta con su propio templo interior de mármol blanco, dedicado exclusivamente a bodas reales, bautizos de la dinastía y cuanta ceremonia elegante se les ocurra a los nobles. Sin embargo, como queríamos que nuestro pueblo no se quedara afuera y también fuera parte de esta unión, acordamos que, inmediatamente después de los ritos sagrados y las bendiciones imperiales, bajaremos a la villa para armar una fiesta tremenda y celebrar un baile multitudinario en la misma plaza central donde Dejak y yo echamos chispas bailando juntos por primera vez.

Puede que en el papel todo suene hermoso, mágico, poético y perfecto... pero les juro por lo más sagrado que ya no me aguanto un solo segundo más a la fastidiosa de Elowen y su maldita manía de meter la cuchara en cada bendita cosa que hago.

Como la tipa aún cree firmemente que me voy a casar con un "artesano humilde" o un pelele de la villa, le dio por autoproclamarse la experta en protocolo de mi boda, opinando sobre absolutamente todo para intentar demostrar la "clase" y la alcurnia que según ella a nosotros nos falta.

—Ay, Nandini, de verdad que tus gustos son demasiado simples y ordinarios —comentó esta mañana mientras desayunábamos en el comedor de mi casa, sirviéndose un trozo de pan y mirándome con esa risita creída y condescendiente que me dispara la presión al cielo—. Esas flores silvestres que elegiste para los arreglos se ven supercomunes, bien de pueblo campesino. Si quieres que la boda parezca cara y no un evento de poca monta, deberías encargar orquídeas doradas de la capital del norte. Son carísimas y difíciles de conseguir, sí, pero le darían a tu banquete un aire de estatus que claramente les hace falta. Y sobre el pastel... por favor dime que no vas a servir ese dulce tradicional tan plebeyo. Un evento con clase exige torres de hojaldre bañado en licor importado. Aunque me imagino que a tu prometido no le da el bolsillo para pagarlo, ¿cierto, querida?

Yo solo la miraba fijamente, sosteniendo mi taza de té con una compostura de reina que ni yo misma me la creía, regalándole una sonrisa serena, dulce y más falsa que un billete de madera.

Claro que sí, mi amor, pensaba para mis adentros mientras imaginaba diez formas distintas de tirarle el té hirviendo en toda la cara frente a mi hermano. Voy a llamar al Emperador para decirle que suspenda las toneladas de flores raras que hizo traer en carruajes reales de tres reinos vecinos, solo porque a ti te parecen ordinarias. Sigue hablando, víbora, sigue rajando a tus anchas... que el porrazo que te vas a dar el viernes va a sonar hasta en la última esquina del imperio.

Mientras tanto, Dejak y yo a duras penas logramos vernos una vez cada dos días, y solo por escasos minutos en su despacho antes de que los ministros lo rodeen, porque el hombre anda hasta el cuello de trabajo. A fin de cuentas, él está mil veces más ocupado que yo administrando el reino solo. Como el puesto de Emperatriz ha estado vacante durante años, a Dejak le ha tocado cargarse al hombro no solo sus deberes de monarca, sino también todas las funciones pesadas y diplomáticas de la consorte imperial: desde auditar la caja chica y el presupuesto del palacio, administrar las finanzas internas y coordinar a los cientos de sirvientes, hasta supervisar la Red de Beneficencia para enviarle granos y refugio a las provincias golpeadas por el invierno. Él solo ha tenido que recibir a las embajadoras de reinos vecinos para cerrar alianzas comerciales con una sonrisa diplomática y presidir la Orden del Lirio para resolver los chismes, querellas y peleas entre los nobles y los gremios de artesanos. Apenas nos casemos y me pongan la corona, toda esa lista infinita de responsabilidades pasará oficialmente a mis manos. Saber que Dejak confía ciegamente en mí para manejar semejante poder me llena el pecho de un orgullo inmenso, pero también hace que traiga los nervios de punta.

Y como si la presión de la boda, los preparativos imperiales y la presencia insufrible de Elowen no fueran suficientes para colmar mi vaso, la tipa decidió arruinarlo todo a solo cuarenta y ocho horas del evento.

Esta tarde, mientras estaba en la casa de mis padres tratando de descansar la mente y estirar las piernas, Elowen cruzó la puerta principal acompañada por dos tipos vestidos con trajes de sastrería pesada, carpetas de cuero y huinchas de medir. Venía con el rostro encendido de orgullo narcisista y una carpeta de documentos legales bajo el brazo.



#1493 en Fantasía

En el texto hay: fantasia amor celos

Editado: 13.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.