Flame Of Chaos

Jaque a la Corona

Las imponentes puertas de roble del despacho privado se cerraron con un golpe seco tras Aasha y Vikram, apagando al instante el murmullo lejano de la música, las copas rompiéndose y las risas que aún continuaban resonando en los salones principales del palacio. El silencio que se apoderó de la habitación era denso, pesado y solemne, interrumpiendo por completo la atmósfera festiva de la noche para dar paso a una gravedad de estado absoluta.

Dejak se encontraba apoyado contra el borde de su gran escritorio de caoba, sosteniendo una copa de vino especiado con gesto pensativo y la mirada fija en el fuego de la chimenea, mientras Alisha me ayudaba a despojarme con extremo cuidado de las pesadas capas de seda carmesí que había utilizado durante la agotadora danza del Ghoomar. Al escuchar los pasos y ver entrar a la pareja, Dejak levantó la mirada despacio. No hizo falta que Aasha o Vikram dijeran una sola palabra para entender la magnitud de lo que estaba a punto de ocurrir; la postura erguida del General, la firmeza casi posesiva con la que sostenía la mano de mi mano derecha y la mirada desprovista de miedo de Aasha hablaban por sí solas.

—Traemos el documento que encontramos en los archivos subterráneos, Majestades —comenzó Vikram, dando un paso al frente y extendiendo el pergamino antiguo con el sello de cera dorada desgastado. Su voz, habitualmente estricta, helada y distante como la de cualquier oficial de la guardia imperial, sonaba ahora firme, profunda y completamente libre de la amargura que lo había acompañado durante meses—. Aasha y yo hemos tomado una decisión definitiva. Queremos pedir formalmente la bendición imperial para unirnos en matrimonio esta misma noche.

Dejak tomó el papel entre sus manos, leyendo cada línea escrita en caligrafía antigua bajo la luz cálida de los candelabros de bronce. Una sonrisa calculadora, fría y llena de satisfacción se dibujó lentamente en el rostro de mi esposo antes de pasarme el decreto.

—La ley de enmiendas del Sur es categórica y no deja espacio para especulaciones —dije, sintiendo una ola de alivio y orgullo recorrer mi pecho mientras repasaba el texto con cuidado—. Un pacto o contrato de honor previo entre familias nobles queda abolido y destruido en el instante preciso en que la unión formal de una de las partes es celebrada y ratificada por los soberanos. Con esto, el papel de Lord Vane no vale más que ceniza en el viento.

—No vamos a darle tiempo a Vane para que intente mover sus fichas en la sombra ni para que busque aliados entre los duques más influyentes —intervino Dejak, mirando a su primo y a Aasha con la agudeza táctica de un estratega en el campo de batalla—. Ramseek, haz llamar al sumo sacerdote del Templo Imperial de inmediato. Que la ceremonia de unión se celebre en este mismo despacho, en estricto privado, antes de que despunte el primer rayo de sol.

—A sus órdenes, Majestad —respondió Ramseek con una inclinación reverente y rápida. Una chispa de triunfo brilló en sus ojos mientras le dedicaba una mirada complaciente a Alisha antes de salir a la carrera por los pasillos del palacio.

Una hora después, el ambiente dentro del despacho real se transformó por completo en un altar improvisado pero lleno de sacralidad. Bajo la luz dorada de decenas de velas de cera de abeja y con la única presencia de Dejak, Alisha, Ramseek y yo como testigos de honor, el sumo sacerdote del imperio desplegó las telas sagradas sobre la mesa. Aasha y Vikram se colocaron en el centro de la estancia.

Aasha, vistiendo aún las finas telas de la recepción pero habiéndose quitado las placas de armadura, sostenía la mirada de Vikram con una mezcla de emoción contenida y una profunda vulnerabilidad. Vikram, por su parte, no le soltó la mano ni un solo segundo, apretándola como si temiera que el mundo entero intentara arrebatársela de nuevo. Cuando el sacerdote recitó los antiguos votos de lealtad, protección y devoción eterna, ambos unieron sus muñecas con la cinta de seda roja tradicional. Sus promesas no sonaron a una maniobra política desesperada para salvarse de una trampa, sino a una verdad postergada durante años que al fin encontraba su lugar bajo el cielo del imperio.

Cuando Dejak y yo estampamos el sello de cera real de la Corona sobre el nuevo registro oficial de matrimonio, el peso aplastante que Aasha había cargado sobre sus hombros durante meses pareció desvanecerse en el aire. Por primera vez en mucho tiempo, vi a mi amiga respirar como una mujer completamente libre.

Sin embargo, la calma duró muy poco.

Apenas el sacerdote guardó sus pergaminos, la gran puerta de roble volvió a abrirse bruscamente. Un guardia de la escolta personal entró a prisa, inclinándose con urgencia y agitado por la caminata.

—¡Su Majestad! —exclamó el guardia—. Lord Vane y su hijo han irrumpido en la gran galería de los balcones. Han reunido a los embajadores de las provincias del Sur, a los comerciantes del Oeste y a varios lores del Norte. Están montando un espectáculo lamentable, amenazando con retirar sus tropas y romper las rutas comerciales si la Corona no les entrega de inmediato a la capitana Aasha.

Dejak y yo nos miramos con absoluta complicidad. La rabia de Lord Vane era predecible, pero su insolencia al intentar acorralarnos frente a las delegaciones internacionales era el escenario perfecto para destruir su influencia para siempre.

—Diles que la Emperatriz y el Emperador los atenderán de inmediato —ordené con frialdad, ajustando la corona sobre mi frente y erguirme con toda la majestad de mi cargo—. Aasha, Vikram... vengan con nosotros. Es hora de terminar con esta tontería.

La gran galería del palacio estaba abarrotada hasta el límite. Bajo los techos abovedados y los majestuosos candelabros de cristal, decenas de diplomáticos, embajadores e integrantes de la alta alcurnia se agolpaban en un murmullo tenso y cargado de expectación. En el centro del salón, el viejo Lord Vane golpeaba el suelo de piedra con su bastón de plata, con el rostro desencajado y rojo de la rabia, mientras su hijo sostenía ante los presentes un pergamino con el sello de su familia.



#542 en Fantasía

En el texto hay: fantasia amor celos

Editado: 17.09.2026

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