Flor de loto

capitulo 11

Mire completamente desconcertada como Liam se marchaba, ¿Qué coño hacia el ahí? Dudaba mucho que lo que me había dicho sobre que había ido a hablar con Joseph sobre el proyecto fuera verdad, digo, de haber sido eso me habría llamado a mí para hablar entre los tres, así que sabía que él estaba ahí por otro motivo, uno distinto, no sabía que motivo era, pero algo me daba muy mala espina. Mi instinto me decía que había algo más ahí, no sabía qué, pero si algo había aprendido era a confiar en mi instinto, no era por nada, pero me había salvado de muchas situaciones cercanas a la muerte.

- ¿Qué te dijo? ´- pregunte en cuanto Liam desapareció de nuestra vista.

-Ya te lo hemos dicho – Joseph me dedico una sonrisa – No te preocupes, Librito, no creo que me quiera matar.

-Eso no lo sabes – negué con la cabeza – con el tienes que tener cuidado – advertí.

-Qué bueno que yo siempre tengo cuidado – bromeó

-Si claro – ironice

-Hablo muy enserio – se cruzó de brazos

-Siempre dices que hablas enserio y nunca es cierto – asegure

- ¡Mientes! – me hizo cosquillas yo me doble

- ¡No! - rei - ¡Para!

Le pedí. Pero hizo todo lo contrario.

Me hizo tantas cosquillas que incluso terminamos en el suelo, yo estaba totalmente doblada y riéndome mientras que el intentaba hacerme más cosquillas.

Mi amistad con Joseph era de las mejores que podía tener una persona, era de esas amistades en las que podías contarle todo a la otra persona, y esa persona jamás te juzgaría. Me sentía segura en su amistad, porque sabía que pasara lo que pasara siempre contaría con él.

Siempre lo tendría a él para aconsejarme y decirme que todo estaba bien.

No podía ni imaginarme el estrés que debió vivir cuando yo estaba con Ael, el siempre quiso protegerme y alejarme de él, para que yo estuviera bien, y yo simplemente…nunca quise dejarlo, pero ahora que por fin lo había soltado, me sentía libre y podía sentir el cariño que mis amigos me daban.

- ¿Qué pasa aquí? – Odette enarco una ceja - ¿Acaso hay guerra de cosquillas? – fue su único aviso antes de abalanzarse sobre nosotros y hacernos cosquillas a los dos.

Cuando paramos de hacernos cosquillas vimos que Natasha y Benjamín nos estaban viendo con unas increíbles sonrisas divertidas, pero lo que me llamo la atención fue la manera en la que Natasha miraba a Joseph, lo miraba de una forma extraña, por así decirle, como si quisiera decirle algo que los demás no podíamos no escuchar, o como si ella supiera algo que nosotros no.

Decidí no prestarle atención, total, todos ocultábamos algo, había aprendido que era normal en las personas ocultarse cosas, así que cada que alguien se mostraba que ocultaba algo mejor lo ignoraba por completo, ¿Qué caso tenia si todos escondíamos algo?

La situación surgía cuando era algo grave, algo que estaba segura de que no era así, lo podía jurar con mi vida.

Odette y yo, o bueno, yo entré a mi última clase y al salir vi el coche de Liam estacionado enfrente de la salida de la universidad, me subí al asiento del copiloto.

- ¿Ya me vas a decir a que viniste? – me cruce de brazos al ver un papel encima del volante

-No – negó y encendió el coche

- ¡Espera! – extendí mis manos para que se detuviera y eso hizo – ¡tenemos que esperar a Odette!

-Se puede ir sola – se encogió de hombros con indiferencia – Yo solo vine por ti

-No seas canalla – lo señale – Y mientras la esperamos, dime, ¿Por qué tienes mi poema en tu coche?

-No sé, alguien lo habrá metido sin que me diera cuenta.

- ¿Te crees que nací ayer? – espeté

-Si

Abrí la boca molesta y la volví a cerrar indignada por lo que acababa de oír.

Me cruce de brazos enfurruñada ¿Cómo se atrevía? Retiro lo dicho, el sigue siendo un imbécil engreído…

- ¿Quieres decirme a que edad empezaste a leer cosas de pornografía? – pregunto como si nada

-Yo no leo pornografía – asegure

-Qué curioso – dijo – Porque es tu libro favorito, si no me equivoco.

-¿Leíste mi libro favorito? – no pude disimular mi emoción

-Sí, aunque las escenas de la mitad del libro, dejan mucho que decir, ¿Sabes? – Me miro con el ceño ligeramente fruncido

- ¿Ya llegaste a esa parte? – solté una risita nerviosa

-Sí, bueno, ya lo terminé

- ¿Por qué lo leíste si te parece lo más aburrido del mundo? – pregunte con demasiada curiosidad

-Por que a ti te gustan – se encogió de hombros – Y si a ti te gustan a mí también, así de fácil, Flor de Loto.

Retiro lo dicho, ya no era un imbécil, ahora solo lo podía ver como un hombre que detrás de esa fachada de chico sin sentimientos, tenía un corazón sediento de amor. Solo lo podía ver como el hombre que me había abierto los ojos, el que me había regalado un gato solo porque le dije que desde chiquita siempre había querido tener un gatito y una gatita, el hombre que había leído mi libro favorito solo porque a mí me gustaba, como el hombre que me había acogido en su casa para que yo no corriera peligro, aunque tendría que pagarle renta.

Estoy segura de que planea dejarte ahí de a gratis.

Lo dudo, sería demasiado

¿Lo ponemos a prueba?

Anda.

-Sobre lo de dejarnos que nos quedáramos en tu casa – dije recomponiéndome del shock - ¿Cuánto te vamos a pagar de renta?

-Nada, se supone que tu no, pero me imagino que si le cobro a Odette tú te vas a enfurecer, así que ninguna va a pagar

¿Qué te dije?

-No lo puedes hacer – negué con la cabeza

-Sí, sí puedo. Y no está abierto a discusión – añadió al ver que abría la boca para discutir

No me lo podía creer, realmente era como un osito de peluche que busca amor.

Mejor no te hubiera dicho nada

Estoy de acuerdo.

- ¿Qué otro libro has leído? – no pude evitar que la pregunta se escapara de mis labios



#3158 en Novela romántica
#1037 en Otros
#376 en Humor

En el texto hay: traumas, romance, amoruniversitario

Editado: 29.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.