Flor de Sangre

Prólogo

Había alguien en su casa, si es que así se le podría llamar a esa pocilga desordenada de cabaña perdida entre las montañas. Lo buscan esas criaturas celestiales llamadas ángeles. Son más grandes que él y le ganan en estatura. Él es consciente de eso.
Llevan lanzas de oro y revuelcan todos los muebles. Con la ayuda de la magia del fuego queman todo. Sabe que le encontrarán. Él está en el único dormitorio de la cabaña, con la puerta atrancada.
Coge la navaja, el francotirador y se prepara para huir. No piensa pelear. Podría usar la antimagia, pero es peligroso. Sólo anularía su magia, pero no la fuerza sobrehumana o los hechizos de los ángeles. Se mueve con dificultad porque los ángeles le han echado un hechizo que hace que su cuerpo pese más de lo normal. Lo más sensato es huir.
Golpea la puerta, eso llamará su atención y, en el tiempo breve que intente abrirla, el podrá salir corriendo por patas por la ventana. Antes de hacerlo, dispara un par de veces a brazo que se asoma. El ángel chilla.
Es hora de correr por su vida. Se lanza hacia la ventana, rompiéndola de una. Los cristales se encrustan en su piel y se tuerce el tobillo. Hay dolor, pero no hay tiempo para prestar atención. Es correr o morir.
A lo lejos se ve el bosque. Ahí a los ángeles les será más difícil perseguirle desde el aire. Es el lugar perfecto para perderles de vista...




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