Flor de Sangre

CAPÍTULO 4

La gema del Fuego parpadea a su roce. Él posee antimagia y la magia de la gema se puede anular si la toca directamente. La guarda con sumo cuidado y rapidez en la mochila de cuero. No puede perder esa piedra también.

Ha logrado escapar de los ángeles. No obstante, le seguirán buscando y sabe demasiado como para permitirlo. Se pone en pie y empieza a caminar. Tiene que dar con ella lo antes posible para proteger a los pocos que quedan.

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Me toca acompañar a Lucifer a sus aposentos reales. Su dormitorio no es el más lujoso de todo palacio, sino el más modesto. Su modestia llegaba a tal punto que siempre vestía el mismo kimono de seda.

-Bien, ¿ahora me puedes explicar eso de que tu hermano y su agradable visita?-me observa con esos profundos ojos amarillos y afilados.-La explosión ya es noticia en todo el reino y todo el mundo empieza a sacar sus teorías. ¿Por qué no me contaste que el responsable fue tu hermano?

-Yo también estoy igual de sorprendida…-murmuro.

Lucifer, que sí me ha escuchado susurrar por lo bajo, mantiene sus ojos en mi y espera a que yo hable. Esa afilada mirada suya se clava en mí siempre y me presiona para hablar.

-Ni yo misma estoy segura de que sea mi hermano…Solo me baso en mis visiones.

Se sienta en el sillón de la esquina, al lado de la cama. Se peina su cabello cobrizo hacia atrás y resopla. Claramente está luchando por mantenerse tranquilo.

-Eres igual que tu padre.-mira al techo, como si algo le preocupase demasiado.- Si los ángeles han mandado a tu hermano, la explosión ya es un ataque directo hacia nosotro y, por tanto; una clara declaración de guerra.

-Mándame lejos.-suelto.-Si me encuentra-

-Sí, Solana te leerá la conciencia y sabrá dónde están las últimas gemas.

Eso era algo que toda la corte ya sabía. Mi padre era el único que tenía las dos últimas gemas que el cielo buscaba. Ahora yo

Lucifer me mira dudoso

-Collet, ¿has descubierto algo más de lo manuscrito de tu padre?

-Los estoy leyendo.

-Me llevas meses diciendo lo mismo.

-Lo sé y lo siento. Son demasiado densos.

Él se levanta y empieza a caminar hacia mí. Antes de que pueda reaccionar, me toma de la barbilla y me obliga mirarle directamente a la cara. Puede que sea el rey de los demonios, pero sigue siendo un ángel caído. Me puede leer la conciencia si lo desea, como cualquier otro ángel.

De la nada, empiezo a recordar esa noche donde leí ese acertijo en el manuscrito de mi padre: “Una niña es lo que buscarán. Nunca me perdonaré por condenarla a tal destino. Quién la tenga, tendrá a la flor de sangre.”

Así de enrevesado se expresaba mi padre. Estuve una noche en vela intentando descifrar ese cachito de texto. Rebusqué entre otros escritos suyos. Uno de ellos estaba lleno de bocetos de flores y, al lado, poemas. Mi padre siempre tuvo una obsesión por las flores. Entre los dibujos, había uno de una amapola y con las palabras “flor de sangre” escritas. La única relación que se me podía ocurrir era que la amapola simboliza principalmente la paz, el recuerdo de los caídos (especialmente por la Primera Guerra Mundial) y la belleza efímera debido a su corta duración.

Lucifer me suelta. Puedo volver al presente. Lo miro con odio. Prácticamente, i a él le apetecía, podía atormentarme haciéndome recordar mis traumas y saber todo de mí.

-Tú eres…-se tapa la boca.

Lucifer se detiene a media oración. Siento aún más curiosidad por lo que quiere decirme. Es algo que le perturba demasiado para que su expresión muestre verdadero temor.

-Dame la gema del tiempo.

Señala el bolso que siempre llevo conmigo. Dudo al principio, pero tengo que confiar en él. Extraigo la gema del Tiempo del bolso, dejando la del Caos dentro. Entrego el cristal a su majestad en manos. Él alza los brazos y la deja caer al suelo. La gema se hace añicos. Quiero gritar, llorar y pegarle. Estoy en completo shock.

-¿¡Te has vuelto loco!?-grito cuando logro salir del trance.

-Es un cristal cualquiera. Simplemente se ha roto y no ha pasado nada.

Chasqueo los dedos para comprobarlo y, en efecto, Lucifer se queda quieto como una estatua cuando detengo el tiempo. Vuelvo a chasquearlos y continúa hablando.

-Tu padre…

-¿Qué significa todo esto entonces?

Lucifer se acerca a mí nuevamente. Observa con suma atención mis ojos ámbares. Me señala con su dedo índice.

-Tú eres la gema del Tiempo.

Me ofrece la mano y coge un jarrón que hay en la mesilla de mi derecha.

-Collet, permíteme tomar su mano. Si eres la gema, puedo parar el tiempo antes de que el jarrón impacte contra el piso.

Lucifer siempre es educado, pero sus ojos frívolos contradicen su gentileza. Se la doy. Deja caer la pieza de cerámica y esta, a los tres segundos, se queda flotando en el aire. Eso confirma la hipótesis de Lucifer. Mi padre era había sido un genio al ocultar la gema del Tiempo en mis ojos. Lo ángeles nunca lo sabrían. Mi conciencia de humana no puede comprender cómo era posible.




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